Cuando te hayas muerto y tu ausencia termine en los bosques de la memoria, no podrás arrepentirte de nada ni recuperar lo perdido…
Quizás ni siquiera tú mismo te recuerdes o recuerdes a otros. Tampoco tendrás memoria de lo vivido, por lo que lo que hagas ahora será todo lo que tendrás…
Porque todo quedará esparcido entre las fieras que esperan tomar de tus sudores. Todo lo construido y añorado será modificado y descartado, porque solo tú, que tanto luchaste, sentías «esa nostalgia» que no les pertenece a ellos.
La tierra seguirá girando indiferente, aun sabiendo «el despelote» que carga. Y la lluvia, los ríos y el mar seguirán allí, en sus rutinas habituales e infinitas.
El barrio seguirá sus pachangas y los amigos del colmado se beberán unas cervezas en tu nombre; «esa noche», no mañana ni pasado. También el olvido se hará presente, pero no te inquietes: nos pasará a todos.
Todo seguirá «normal», contigo o sin ti. Quizás uno que otro, al que ayudabas, sentirá el vacío, por unos días, en su estómago; pero siempre uno encuentra un sustituto que le merme el hambre. Me ha pasado muchas veces…
Seguirán la montaña y el rancho, y hasta quizás el abuelo, o el próximo abuelo, merodeando las vacas y los chivos. La arena de la playa cambiará, pero igual no nos daremos cuenta.
Por eso te recuerdo, antes de que sigas «hacia el otro lado», que no sigas posponiendo lo que, por miedo o por pena, te tiene atado a una vida que tú sabes que no es vida.
Déjalos que digan todas las maledicencias y reclamos que ocasionará el precio de ser lo que nunca fuiste, porque «la verdad» es que nadie puede vivir por ti y tú no debes vivir sin ti…
Porque todo seguirá y acabará con todos; uno a uno seguiremos perdiéndonos detrás de «esa puerta», que, una vez que se abra, se cerrará para siempre y todo quedará en el silencio. ¡Salud!. Mínimo Seguidero.
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).







