Por José Alejandro Vargas
La victimología es una disciplina cuyo desarrollo científico comenzó a adquirir perfiles definidos a mediados del siglo XX, particularmente a partir de los trabajos de Benjamin Mendelsohn y Hans von Hentig. Este último publicó en 1948 The Criminal and His Victim, obra considerada entre los estudios pioneros de la victimología moderna, en la que llamó la atención sobre la relación entre autor y víctima y cuestionó una concepción criminológica excesivamente concentrada en la figura del delincuente.
Naturalmente, víctimas han existido desde los orígenes mismos de la convivencia humana —el relato bíblico de Caín y Abel constituye una de sus representaciones más antiguas—, pero su consideración como objeto específico de investigación científica es mucho más reciente. No sería exacto, sin embargo, situar su nacimiento en el Primer Simposio Internacional de Victimología celebrado en Jerusalén en 1973. Para entonces ya existían importantes estudios sobre la materia. Aquel encuentro debe ser entendido, más propiamente, como un acontecimiento fundamental para la consolidación y proyección internacional de una disciplina que venía desarrollándose desde décadas anteriores.
En términos generales, la victimología puede ser entendida como el estudio científico de la víctima, de los procesos de victimización y de las respuestas individuales, sociales e institucionales frente a ellos. Su aparición significó un importante cambio de perspectiva. Durante siglos, el Derecho penal y la criminología concentraron esencialmente su atención en el delito, el delincuente y la pena, mientras la víctima, pese a ser quien padecía directamente las consecuencias de la infracción, ocupaba una posición secundaria.
La victimología vino, precisamente, a modificar esa visión y a colocar a la víctima en el centro de un estudio que no se limita a determinar quién sufrió el delito, sino que procura comprender cómo se produce la victimización, cuáles son sus consecuencias y de qué manera pueden prevenirse o superarse.
Autores como Antonio Beristain han sostenido una concepción amplia de esta disciplina, vinculándola no solamente al conocimiento de la víctima, sino también a los procesos de victimización y desvictimización. Esta última expresión comprende las actuaciones dirigidas a disminuir las consecuencias del daño y favorecer la recuperación de la persona afectada.
En igual sentido, Josep Maria Tamarit Sumalla ha contribuido al desarrollo de una visión multidisciplinaria de la victimología, interesada en el proceso mediante el cual una persona adquiere la condición de víctima, las consecuencias de esa experiencia y las respuestas jurídicas, sociales y asistenciales encaminadas a su reparación y recuperación.
De ahí su evidente carácter interdisciplinario. En la victimología confluyen conocimientos provenientes de la criminología, la psicología, la sociología, el Derecho penal, el Derecho procesal, la medicina, el trabajo social y la política criminal. La victimización no es solamente un fenómeno jurídico; también posee dimensiones humanas, sociales y psicológicas que el sistema de justicia no puede desconocer.
Esa realidad adquiere particular importancia dentro del proceso penal. No es indiferente concebir a la víctima únicamente como fuente de prueba, como sujeto pasivo del delito o como verdadera titular de derechos e intereses dentro del procedimiento. Cada una de estas concepciones produce consecuencias distintas en cuanto a su participación, protección, derecho a ser informada y posibilidad de obtener reparación.
Igualmente ha sido objeto de discusión si la victimología constituye una ciencia autónoma o si debe ser considerada como una rama vinculada a la criminología. Benjamin Mendelsohn defendió una concepción amplia y contribuyó notablemente a dotar de autonomía al estudio de la víctima, mientras otros autores, entre ellos Luis Jiménez de Asúa, mostraron reservas respecto de su configuración como ciencia independiente.
Pero acaso esa discusión haya perdido hoy parte de su trascendencia. La importancia de la victimología no depende exclusivamente de que se le reconozca o no autonomía científica. Lo verdaderamente relevante es que permitió descubrir una realidad durante mucho tiempo relegada por el sistema penal: detrás de cada delito puede existir una persona cuyas consecuencias no desaparecen con la sentencia impuesta al autor.
La victimología tampoco puede reducirse a una elaboración puramente teórica. Su desarrollo ha estado estrechamente relacionado con la prevención, asistencia, protección, reparación y recuperación de las víctimas. Incluso las encuestas de victimización han permitido conocer hechos y experiencias que no siempre aparecen reflejados en las estadísticas oficiales de criminalidad.
La evolución de esta disciplina representa, en definitiva, el tránsito desde un Derecho penal preocupado casi exclusivamente por el victimario hacia una visión más completa del fenómeno criminal. El desafío contemporáneo ya no consiste simplemente en reconocer la existencia de la víctima, sino en determinar de qué manera el Estado y la sociedad pueden prevenir su victimización, evitar nuevas formas de afectación y ofrecer mecanismos efectivos de protección, reparación y recuperación.
Porque hacer justicia no significa únicamente castigar al culpable. Significa también mirar hacia quien sufrió el delito y procurar que el sistema no convierta su sufrimiento en una segunda forma de victimización.
vargasjuez@hotmail.com
(El autor es juez del Tribunal Constitucional, residente en Santo Domingo, República Dominicana).







