Por Felipe Mora
En cualquier momento nos toca. Como le tocó ahora a Venezuela, con saldo de miles de víctimas, cientos de estructuras colapsadas, y que -por todo lo que se ha visto- sus autoridades estaban totalmente desprevenidas.
A nivel local, en lo que se refiere a capacidad de respuesta, República Dominicana no está lo suficientemente preparada para enfrentar un sismo de gran magnitud, que podría ser dentro de unos cuantos días, pero por igual ocurriría dentro de 10, 15 y hasta más de 20 años.
Satisface la buena noticia -hace pocos días- de la puesta en acción del Cuerpo Especializado de Mitigación a Emergencias y Desastres (Cemed), dependiente del Ministerio de Defensa, con una inversión superior a los 460 millones de pesos, que tendrá un personal que entrenará cada día y que se espera esté preparado para cuando se presenten eventos de siniestralidad.
Esa unidad vendría a reforzar a los equipos que tienen cierta preparación en organismos como el Cuerpo de Bomberos, Defensa Civil, Onesvie, Obras Públicas, entre otros.
La isla Hispaniola, que compartimos con Haití, es atravesada por múltiples sistemas de fallas capaces de generar terremotos que dejen grandes destrucciones, lo que podría acarrear miles de víctimas entre muertos y heridos.
Sin ser un experto en la materia, me atrevo a sugerir que, lo primero que las autoridades deben tener presente es concientizar a la población respecto a que debemos hacer conciencia de lo que significa la ocurrencia de un gran terremoto. Nadie sabe a ciencia cierta cuándo ocurrirá, por lo que la población en sentido general debe tener ciertos conocimientos de cómo comportarse cuando se presente el fenómeno.
Hay que insistir hasta el cansancio en lo que son las medidas preventivas, ponerlas en práctica una y otra vez. Porque, más vale precaver que tener que lamentar.
Padres y educadores deben ser los primeros en recibir adiestramiento para que transmitan esas destrezas a las nuevas generaciones, con especial énfasis a niños y jóvenes.
En el preciso momento que ocurre un potente sismo, no hay instalaciones del todo seguras, sean edificios, casas, puentes, túneles, elevados, distribuidores de tráfico. Infraestructuras como escuelas y hospitales son la prioridad número uno que las autoridades deben dar mantenimiento continuo.
A propósito de los sismos en Venezuela, Onesvie (Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones) reiteró su llamado a la preparación permanente frente a los riesgos sísmicos y la vulnerabilidad. Además, advierte respecto a la importancia de reducir la vulnerabilidad estructural.
Las escuelas públicas, por lo que representan, con sus espacios siempre saturados de niños y jóvenes en tiempos de clases, deben ser el primerísimo esfuerzo de las autoridades en lo que se refiere a reforzar las estructuras de sus instalaciones, lo mismo que analizar con rigor científico los tipos de suelos sobre los que se construyeron esos planteles.
En el sistema educativo nacional debe incluirse como asignatura lo relacionado al riesgo sísmico, que desde todos los estamentos científicos se pronostica que República Dominicana está a las puertas de registrar un sismo de gran magnitud.
Los hospitales públicos, a los que tanto se critica las deficiencias en los servicios que ofrecen a la población más vulnerable, deben estar siempre en la mirilla de los organismos correspondientes en lo que se refiere a reforzamiento y/o mantenimientos preventivos.
Las plazas comerciales, por donde interactúan a diario miles de personas, y con sus sistemas de construcción que incluye áreas de parqueo soterrado, también tienen que someterse al rigor de las revisiones periódicas de sus instalaciones más vulnerables a un evento sísmico.
En República Dominicana y en cada uno de los países con alta incidencia sísmica la ingeniería sismo-resistente constituye un campo esencial para el análisis, diseño y evaluación de estructuras capaces de responder de manera segura, eficiente y confiable ante las acciones gravitacionales, ambientales y sísmicas que pueden presentarse durante su vida útil.
Japón y Chile, dos países separados en la distancia por miles de millas, son los principales ejemplos de los avances en cuanto a preparar a su población para enfrentar un terremoto.
En todo caso, para asimilar a los creyentes cristianos, debemos estar agarrados de Dios ante los designios de la Naturaleza.
felipemora56@gmail.com
(El autor es periodista residente en Santo Domingo, República Dominicana).










