De las notas, del himno nacional dominicano, destaco: «Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo, indolente y servil»… «Que si dolo y ardid la expusieron, de un intruso señor al desdén»… «Que Quisqueya será destruida, pero sierva de nuevo, jamás».
Emilio Prud’Homme Maduro, quien escribió las letras, fue discípulo del pensador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, quien sembró en él la moral del hombre y su amor a la patria.
Es decir, no fue un himno inspirado desde «el propósito» que requiere del escritor, sino que, efectivamente, sentía todo lo que este describe a lo largo de sus 12 estrofas, o 48 versos, porque sabemos que su vida fue una constante por inculcar a los dominicanos el amor por su patria.
El dominio de los Estados Unidos sobre nuestra isla es claro y evidente, y maltrata el contenido que solemos cantar con tanto empeño cuando nos tocan la melodía.
No solo detuvimos las negociaciones que teníamos con China, sino que prestamos el territorio para que se ejecutaran acciones militares contra una nación hermana.
Hoy, nos obligan a expulsar a diplomáticos de otra nación hermana como parte de «otro de sus planes» de desestabilización de «su patio trasero», y nosotros, como serviles, hacemos todo lo que nos manden…
Como pago a nuestra lambonería, seremos los primeros de un plan piloto, en donde se nos cobrará más de cien mil dólares a todos los que aspiren a obtener la residencia estadounidense. Además de «ese desdén» que sienten por todos los que viven en su «backyard», nos humillan por lo que somos: serviles siervos y hasta traidores, porque ellos, jamás harían lo que nosotros hacemos.
Los mandatarios que hemos tenido saben que no son Trujillo y que sus días serán breves para meterse en problemas de visas y restricciones, o cualquier «creación criminal» que suelen inventarse como forma de chantaje.
No tienen ese amor por la patria porque la mayoría de sus bienes los tienen fuera, y «eso» del patriotismo tiene un límite. Vendemos nuestros pueblos por beneficios particulares. Duarte dejó toda su fortuna y se le perdió el rastro ante tantas humillaciones recibidas.
Aquí destruimos cualquier «obstáculo», así sea llamado padre de la patria, y todos los sermones y santos que queramos darles, mientras los mantengamos «fuera de juego».
Trujillo fue también otro lambón del imperio, quien lo sostuvo por treinta años como peón de sus intereses, pero, como el dinero y el poder ciegan, se pasó de la raya y, por supuesto, ¡se lo tiraron!, porque amigos no hay, solo intereses.
¿Hacia dónde nos conduce esto? Bueno, sería preguntarle a Emilio qué otras estrofas le agregaría al himno, ya que, para quienes no se lo saben completo, allí están contenidas todas las batallas que dieron «aquellos dominicanos».
Él predijo que no habíamos acabado aún de luchar por nuestra independencia y lo insinúa cuando dice: «¡Libertad! Que aún se yergue serena, la victoria en su carro triunfal, y el clarín de la guerra aún resuena pregonando su gloria inmortal»…
Y cómo colofón, por ahí anda «ése carajito», ALOFO, fantocheando de «sus conexiones gringas»… Sin moral y sin patriotismo. Esto no sólo sé jodio, sino que nunca ha dejado de joderse. ¡Salud!. Mínimo Lambero
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).








