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Portada Opiniones

Los tesoros ocultos de la corona

Máximo Caminero por Máximo Caminero
25 de abril de 2020
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
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Yo me imagino que todos estamos hartos del tema de moda, sin embargo, debemos de reconocer que todo mal…trae algunas “cositas” que benefician. Ejemplo de esto son los “tesoros” que nos hemos visto obligados a descubrir en nuestra propia casa.

Las historias son muchas y hasta las hay tétricas, pero no dejan de tener un humor negro. Tengo una amiga muy querida a la que, por razones privadas, le cambiaremos el nombre y le llamaremos; Tazz!…cualquier proximidad con la realidad es pura “coincidencia”…

Debido al confinamiento mundial, Tazz, tuvo la “buena suerte” que su novio, quien andaba visitándola, debió, obligatoriamente, permanecer en su casa sin poder regresarse a la suya. Gracias a ese incidente y la curiosidad del novio, en la casa de Tazz se han descubierto…“verdaderos tesoros”…

Fue en la nevera que ocurrió el primer descubrimiento. Estaba tan surtida que se hacía imposible alcanzar aquello que “parecía” una cerveza en el fondo, por lo que el novio comenzó a mover las cosas para despejar el camino y zass! Un gigantesco cangrejo casi le corta la mano. Resulta que Tazz hacía unos años había comprado unos cangrejos vivos y este escapó y pernoctó allí todo este tiempo…con razón notaba Tazz que la comida le duraba menos que antes…

De la misma nevera sacó el novio un líquido que parecía ser un sancocho petrificado; ponlo en el microway que eso no mata!!. Le gritó Tazz al ver la cara de desconcierto de su novio…el tipo se pasó cinco días sin salir del baño, el sancocho resultó ser unas habichuelas con dulce que le había cocinado la abuela de Tazz, desaparecida cinco años atrás de forma misteriosa.

Las malas lenguas dicen que una noche, Tazz provocó el infarto de una anciana. Resulta que se encontraron en mitad del largo pasillo del edificio. Se fue la luz y Tazz que iba descalza, con una bata ajustada a su voluminosa figura, sin peinar, con el afro inmenso que le daba estatura fantasmagórica y de andar cojo, debido a una ruptura que le propinó otro novio, se encontró frente a frente con la anciana quien al ver aquel monstruo…no pudo resistir…eso dicen.

Una vez superado el capítulo de la nevera, el novio decidió continuar con su labor altruista de limpieza, y de la cocina se embarcó en organizar el baño pero como le tenía fobia a los sapos decidió no hacerlo en vista de las dos ranas que Tazz pensaba eran dos objetos de cerámica y resultaron ser, dos enormes sapos vivitos y coleando.

Ya por último y apenas con ánimo de continuar desenmarañando misterios, se embarcó en organizar el closet donde Tazz guardaba todo su ajuar, cientos de vestidos, sombreros, zapatos, cajas, en fin, aquello era una jungla en la que el valiente novio, desalmado, se atrevió a inmiscuirse…

A los tres días salió hambriento y de mal humor, se había perdido y no encontraba la salida…se imaginan ustedes? De un closet!!. Tazz pensaba que se había desesperado y la había abandonado, pero no fue así. Una vez recuperado se arriesgó de nuevo a perderse y poco a poco lo fue organizando.

Cuando terminó, sacó un maniquí que parecía una momia. Tazz se quedó sin palabras, ¿qué te pasa?. Inquirió desconcertado. Es ella!. Oh my god!. La encontraste!. Gritaba emocionada Tazz, el seguía en las nubes pero dejaba escapar una sonrisa de satisfacción, como aquel que ha hecho algo bueno, más de repente, Tazz rompió en llanto. ¿y ahora qué pasa?. Preguntó confundido. Es la abuela! contestó con una voz casi muda. ¿la abuela?, ¿cuál abuela?… pero la cosa no quedó ahí, pues él agregó todo calmado; si ésta es tu abuela, aquella otra ¿quién es?…

Fueron tres los “maniquíes” que sacaron del closet. Gracias a las buenas intenciones del susodicho…se resolvieron los casos pendientes y las familias pudieron desentrañar el misterio que las aquejó todo este tiempo.

No sé si, después de aquello, habrán encontrados otros “tesoros”. Lo que sí tengo por seguro es de que en estos días, todos! Nos hemos dedicado en poner “un poquito” más de atención a nuestras olvidadas casas.

La hemos observado como nunca, desmenuzado, escudriñado y poco a poco descubriendo unos que otros recuerdos, momentos, imágenes… maniquíes!.

Sí, también de la tristeza se pueden encontrar los tesoros ocultos de la corona. Salud!. Mínimo Caminero.

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