Por Juan Carlos Esteve
Existe la creencia popular de que la apnea no es más que un reto extremo consistente en aguantar la respiración bajo el agua. Sin embargo, cuando se profundiza en el espíritu de esta disciplina, queda al descubierto una realidad muy distinta: es un entrenamiento de autoevaluación, una búsqueda de equilibrio entre cuerpo y mente, y un ejercicio directo de introspección personal.
El recorrido de Nicolás Sanz de Siria Casanovas, presidente del Club Apnea Alicante (España), ilustra a la perfección esta transformación. Tras haber practicado natación y pesca submarina, su visión cambió radicalmente al formarse con el especialista Miguel Lozano. Descubrió entonces que sumergirse a pulmón libre resultaba mucho más placentero y enriquecedor que la propia pesca impulsándolo a promover esta práctica.
La disciplina del cuerpo y la mente
La apnea abarca diversas modalidades. En piscina, se divide entre la variante estática (mantener la respiración sin movimiento) y la dinámica (recorrer la máxima distancia posible). En el mar, la inmersión puede ser con aletas, sin ellas o traccionando de un cabo. Pero más allá de las cifras o la competición, la apnea funciona casi como un «yoga avanzado». Exige parar por completo, potenciar la respiración consciente y afinar la gestión de las propias ansiedades.
Para sostener la práctica de forma prolongada no existen trucos sobrehumanos, sino una preparación integral basada en:
● Una alimentación cuidada y una correcta hidratación.
● Un descanso óptimo y constancia en la movilidad articular.
● Sesiones previas de respiración en seco, estiramientos y visualización.
En un ritmo de vida saturado de obligaciones laborales y familiares, el tiempo invertido en el agua no es solo un entrenamiento físico; funciona como un termómetro vital para liberarse del estrés y escuchar cómo responde el organismo cuando falta el elemento indispensable de la vida: el oxígeno.
Seguridad, formación y democratización
Cualquier persona con un nivel básico de natación y acuaticidad puede acercarse a la apnea, sin que la edad represente un límite real. Eso sí, para garantizar una práctica segura es imprescindible someterse a un chequeo previo con un especialista en medicina hiperbárica.
Aunque suele encasillarse dentro de los deportes de riesgo, este factor es plenamente controlable si se actúa con responsabilidad. La evolución debe ser siempre progresiva, evitando el exceso de confianza o la prisa por llegar más lejos a costa de la propia salud. Los accidentes en este deporte suelen surgir al obviar los protocolos fijados o al intentar avanzar de manera autodidacta.
Por este motivo, la formación reglada y la labor de los clubes resultan fundamentales. Espacios como el Club Apnea Alicante (España) no solo ofrecen instrucción técnica y estándares rigurosos de seguridad, sino que construyen una comunidad basada en el aprendizaje continuo y el respeto al medio marino. La apnea es, en definitiva, una vía fascinante para desafiar los propios límites, pero siempre desde la prudencia, el conocimiento y la responsabilidad compartida.
jcesteve29@gmail.com
(El autor es profesor de educación primaria residente en Alicante, España).







