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Portada Opiniones

Una acertada propuesta

Manuel Vólquez por Manuel Vólquez
18 de junio de 2025
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
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Considero muy acertada la decisión del Ministerio de Educación de incorporar de manera oficial y obligatoria la asignatura de Moral y Cívica en el currículo educativo nacional, a partir del año escolar 2025-2026.

Durante la presentación de la hoja de ruta 2025–2028 para transformar el sistema educativo dominicano, el ministro Luis Miguel De Camps explicó que esta medida responde a la necesidad de formar ciudadanos íntegros y comprometidos con los valores cívicos.

La nueva materia abordará temas de ciudadanía, medioambiente, ética pública y educación vial, entre otros.

Yo agregaría como regla obligatoria instruir en los centros escolares principios elementales sobre deberes y derechos establecidos en la Constitución de la República.

Según el ministro de Educación, con este concepto de nación, el Gobierno busca garantizar una educación basada en aprendizajes reales, fomentar la empleabilidad, ampliar la cobertura escolar, mejorar la infraestructura y elevar la calidad docente con total transparencia.

Educar con valores es formar ciudadanos conscientes y responsables. Es una correcta filosofía que he escuchado a lo largo de mi existencia, desde mi adolescencia, pero todo ha quedado en una obsoleta teoría.

Me alegra saber del retorno de la asignatura en las escuelas públicas o colegios privados. Es una buena estrategia para rescatar la descarriada conducta de nuestra gente.

En mis años de estudiante de primaria fui beneficiado con esas asignaturas. Los profesores nos enseñaron las normas éticas y morales que debíamos adoptar para convertirnos en ciudadanos respetuosos y respetados, honestos, responsables.

Los docentes insistían en temas coyunturales como la higiene. Estamos hablando de la época de la dictadura trujillista.

De manera improvisada, en la escuela se presentaban inspectores de Educación y Salud Pública y nos revisaban las uñas, la vestimenta y los cabellos. Las uñas debían estar cortas, los zapatos limpios y bien acordonados, además revisaban los oídos y el cabello en busca de suciedad.

En caso de que descubrieran algún indicio de falta de higiene personal, los maestros convocaban a los padres o tutores para amonestarlos, incluso amenazarlos con tomar medidas coercitivas si no corregían esos detalles. El método funcionaba.

Otra parte importante de esa tarea fue enseñarnos a respetar los símbolos patrios (bandera, el escudo y el himno nacional), emblemas que la mayoría de la población hoy irrespeta. Ya no detenemos el paso cuando están subiendo la bandera o entonando el himno, una conducta que asumen ciudadanos civiles, militares y policías.

Por igual, ha desaparecido la costumbre de colocar la insignia tricolor en los balcones de las casas los días de las fechas patrias. Antes eso era un deber obligatorio, pero después del ajusticiamiento de Trujillo se dejó de hacer.

Es que nuestra sociedad se encuentra inmersa en un avanzado estado de descomposición moral y ética. ¿Qué está sucediendo?

Los símbolos patrios representan para los dominicanos una estrecha conexión con su historia y la lucha por la independencia.

El artículo 31 de la Constitución de República Dominicana especifica que no deberá hacerse propaganda política ni publicidad comercial con esos emblemas. Sin embargo, en la práctica, ese mandato no se cumple.

Estos emblemas son los que identifican al país dentro y fuera del territorio, en diversos eventos como los actos diplomáticos, competencias deportivas internacionales, concursos de bellezas, congresos gremiales, exposiciones multinacionales, tanto públicos como privados.

Insisto en que ya es hora de reiniciar el país y esa tarea solo se logra volviendo a implementar la asignatura de Moral y Cívica con la generación de relevo, trabajar con los niños en edad escolar de la enseñanza básica.

No perdamos el tiempo con las mayorías de adolescentes y adultos mayores, pues son manzanas putrefactas de difícil regeneración que, al parecer, llevan en la sangre el código del irrespeto y del caos.

mvolquez@gmail.com

(El autor es periodista residente en Santo Domingo, República Dominicana).

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