Por Felipe Mora
En los tiempos actuales el denominado polvo de Sahara se ha puesto muy de moda. Ya cualquier alergia o virus gripal se lo achacan a las minúsculas arenillas que supuestamente nos llegan desde África, transportadas por los vientos sobre el océano Atlántico desde más de 5,500 kilómetros.
Y el dominicano es tan ingenioso que hasta doble sentido le ha sacado con eso del «polvo de Sarah» (bulying a costa de las mujeres que llevan ese nombre).
Médicos especialistas en enfermedades virales se han puesto también a la moda diagnosticando que tal virus fue provocado por el no tan bendito polvo ese. No han faltado informaciones periodísticas que alerten sobre altas cifras de pacientes en emergencias, como asmáticos, con problemas pulmonares, entre otros.
En mis tiempos de escolaridad, tanto en los niveles primarios, intermedios y secundarios, siempre tenía contacto con informaciones acerca de las condiciones del tiempo. Eso se daba lo mismo en el verano, como en cualquier otra estación de finales de los años ’60, las décadas de los ’70 y ya a nivel universitario en la del ’80.
Que yo recuerde, nunca nadie por radio, televisión o periódico refirió el término polvo del Sahara -ni meteorólogo mucho menos médico- que ahora se dice que comienza a llegar en mayo y se disipa en septiembre. Ah, y hasta se asegura que el polvo ese puede hacer bien o mal a la agricultura. Creo que eso se queda en hipótesis.
La IA va acorde con mis planteamientos. Le inquirí que desde cuándo comenzaron los reportes sobre la incidencia del polvo del Sahara, y esta fue su respuesta: «La meteorología en República Dominicana comenzó a dar informes regulares y alertas tempranas sobre el polvo del Sahara a finales de los años 90 y principios de los 2000, cuando el avance de la tecnología satelital permitió a la Oficina Nacional de Meteorología (Onamet) rastrear su trayectoria desde Africa».
En estos tiempos modernos, ahora cada verano en RD se nos ha establecido la costumbre de protegernos del polvo del Sahara, que -se afirma- son minúsculas partículas de arena que impulsadas por los vientos alisios viajan distancias aproximadas a los 6 mil kilómetros, y que provocan asma, sinusitis, congestión nasal, alergias, etc.
Que conste, los adelantos satelitales deben tener al desierto de Sahara como uno de los objetivos más vistos desde el espacio, dado su enorme extensión, 9.2 millones de kms cuadrados, casi similar a la extensión de Estados Unidos.
En el inmenso trayecto que recorre ese polvo, todas las islas de la región del Caribe quedan a merced del fenómeno, incluidas las que están más hacia el oeste, casos de Cuba y Jamaica.
Me surge una interrogante. Qué pasa entonces con los millones de seres humanos que viven en los 12 países que tienen entre sus territorios los infinitos arenales del desierto de Sahara, donde cada cierto tiempo se producen tempestades y/o tormentas de arena, tanto o más peligrosas que un huracán que se forme en el Atlántico.
Entonces, por esos lugares del continente africano, como son Mauritania, Malí, Túnez, Níger, Libia, Egipto, Sudán, Chad, Argelia, Marruecos, Sahara Occidental no hay posibilidad de vida? Nada más falso. Millones de pobladores desenvuelven sus existencias por allá, con la terrible situación que en ocasiones tienen temperaturas por encima de 58 grados centígrados en el verano.
Este dato lo conseguí en Google: República Dominicana se encuentra a 5,928 kilómetros (3,683 millas) del punto más cercano del desierto del Sahara (como la costa de Mauritania o el Sahara Occidental). Durante la temporada, las nubes de polvo viajan cerca de 10,000 kms a través del Océano Atlántico para llegar al país. Para que el polvo se transporte hasta este lado del mundo deben producirse tormentas de arena.
También me di por enterado que «este fenómeno provoca cielos opacos, calor sofocante y un aumento en las alergias respiratorias y de la piel», y que «las temperaturas diurnas durante estos días pueden alcanzar sensaciones térmicas entre 37 y 42 grados centígrados».
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), de Estados Unidos, se encarga de estudiar todos los aspectos de la capa de aire sahariana, incluyendo su estructura termodinámica y cinemática, su extensión vertical, los impactos del polvo mineral y el efecto en la climatología de la atmósfera del Atlántico Norte.
Y agrega que eso le permite integrar en modelos las nuevas observaciones de la capa de aire sahariana recogidas de las sondas de GPS desplegadas por aviones, a fin de mejorar los pronósticos y avanzar en el conocimiento del impacto de esta en el clima y las condiciones meteorológicas extremas de la cuenca atlántica.
En resumidas cuentas, de algo estoy muy seguro: el polvo del Sahara ha venido a aumentar la cifra de pacientes con virus o alergias a esos especialistas de la medicina, que ni tan guapitos deben ponerse cuando ven sus salas de consultorio repletas de pacientes.
A modo de conclusión, otro dato que conseguí es que el polvo del Sahara tiene miles de años como asiduo visitante a esta parte del mundo. Por lo que se ve, pasó de incógnito por mucho rato. Pero para esos tiempos teníamos una isla en plena conservación con ríos y arroyos cristalinos, en fin, todos nuestros recursos naturales intactos.
felipemora56@gmail.com
(El autor es periodista residente en Santo Domingo, República Dominicana).







