martes, julio 14, 2026
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Advertisement
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Precision
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Sin resultados
Ver todos los resultados
Portada Opiniones

Restaurar República Dominicana: país del valor; reivindicar su cuidado, defensa y orgullo

Redacción por Redacción
18 de agosto de 2021
en Opiniones
Tiempo de lectura: 4 minutos de lectura
FacebookTwitterWhatsappTelegram

Por Marina Aybar Gómez

Cada 16 de agosto, Día de la Restauración de la República Dominicana, conmina a estudiar, practicar y retomar el juramento trinitario como instrumento de conexión permanente para rescatar y elevar ese anhelo que fortalece un derecho humano fundamental: pertenecer a una patria.

Y es oportuno por su contenido elevado en valores y por su contenido fortalecedor de de la misión a desempeñar en este espacio geográfico del mundo, colocado en el mismo trayecto del sol, sin apartarse del honor, del cumplimiento de la palabra empeñada ni del cultivo de los actos conscientes.

El Movimiento Restaurador recuerda a cada ente vinculado con las políticas públicas el valor del honor, cumplir su palabra, no engañar al conglomerado que ha transferido su poder de representatividad en políticos que han de administrar con pulcritud los bienes públicos.

Recuerda a cada ciudadano el valor de la conciencia que han de tener los ciudadanos para el cumplimiento de sus deberes y exigir el respeto de sus derechos. Eso incluye el no permitir alianzas entre políticos y empresarios que corrompen la función pública, donde empresarios sustituyen los políticos y viceversa.

La Restauración hizo realidad el concepto patria, por los sacrificios a flor de piel que benefició a todos con un enorme regalo: Un país.

Ciento 58 años después, sigue la enajenación del país, siguen los protectorados, sigue una república dependiente, donde cada extranjero tiene más importancia que un nacional; y se pone el proceso educativo en manos extrañas, donde cada niño ni siquiera sabe los nombres de los colores de la bandera nacional, ni el de los gloriosos patriotas creadores y defensores de la República a quienes no le rinden el tributo correspondiente, tampoco saben su significado simbólico. Ni siquiera saben de valores patrióticos ni de compromisos con el país. No interiorizan que las promesas han de cumplirse, y que faltar a ellas genera castigo por las consecuencias que provoca esa falta.

Conmemorar la Restauración de la República Dominicana es reivindicar el bien y otros valores positivos, no importa desde qué camino se asuma, es ayudar a los demás, al entorno, a la familia, a la nación; es reivindicar a los héroes de múltiples batallas que han construido el país con su accionar rutinario.

Justo es conocer, respetar, reivindicar a cada restaurador, que como núcleo fundamental asumió posturas fuertes en ese momento de la libertad del país sin protectorado, en un momento histórico donde la naciente república tenía amenazas por todos los lados. Estos restauradores continuaron con la causa, por eso existe hoy la República Dominicana.

Hoy, hay que hacer un alto para analizar errores repetidos en su devenir histórico que debilitan la nación dominicana
La historia del movimiento independentista y de la Guerra Restauradora nos recuerda que hay un punto que debe ser común a todos los grupos, a todas las clases nacionales, a los partidos políticos y a los empresarios, no importa la época: la preservación del país.

Esta epopeya nos recuerda los estragos catastróficos que causan a la salud de la patria la traición, la división, el deseo desmedido de coger lo ajeno, lo que a todos corresponde, los acuerdos geopolíticos o económicos, o el entrar a la moda que daña como lo es reducir el nombre del país en los planes oficiales de mercadeo, entre otras acciones cuya rutina cada día la invisibilizan, reducen y la vuelcan hacia su aniquilación.

Vender la patria por cheles es una acción violenta que traen tenebrosas situaciones como la migración forzada de dominicanos hasta reducirlos a exiliados económicos, mujeres o jóvenes que llevan sus sueños de avance a otras tierras para la manutención de sus familiares y en el trayecto garras delincuenciales los prostituyen en el extranjero hasta arrancarle la última gota de sangre que sus verdugos convierten en dinero.

Y jamás conocerán la migración como placer, para avanzar, estudiar, como intercambio, o como pago justo por servicios prestados, porque en su sobrevivencia solo interpreta su aporte como portador de mano de obra barata, sin ni siquiera darse cuenta que es parte de una nueva forma de esclavitud; en los hechos, es ficción creer que pertenece a otra tierra.

Más que soñar, pensar en la patria es defender este espacio merecido para convertirnos en mejores seres humanos.
Pertenecer a una patria como la República Dominicana implica concientizarse sobre el valor y el beneficio de las políticas públicas, para el cumplimiento de los derechos fundamentales de las personas. También requiere retomar el arraigo al terruño que le vio nacer como espacio especial portador de una cultura única de irrepetible valor universal a partir del cual intercambiar con otros escenarios geográficos.

Es impostergable reivindicar la República Dominicana como nación grande, valerosa merecedora del cuido y defensa constante, por la permanencia y fortaleza del orgullo nacional y sus habitantes, portadores de respeto y consideración en cualquier lugar adonde llegan.

No se equivocó el poeta nacional Pedro Mir cuando expuso a viva voz para que no se olvide jamás:

Si alguien quiere saber cuál es mi patria no la busque, no pregunte por ella.
Siga el rastro goteante por el mapa/y su efigie de patas imperfectas….

No, no la busque./Tendría que pelear por ella…
…

No pregunte si hay minas infinitas,/todas inagotables,/y luchas por salvarlas del saqueo,/todas con cadáveres…
…

No, no pregunte nadie por la patria de nadie./Tendría que mudar de pensamiento y llorar solamente por la sangre…

maybarg@gmail.com

(La autora es comunicadora social, docente en la Universidad Autónoma de Santo Domingo -UASD-).

Etiquetas: DominicanarepúblicaRestaurar
Entrada anterior

Defensa de Jean Alain Rodríguez califica de absurdos argumentos acusatorios del Ministerio Público

Siguiente entrada

Tribunal congela más de 42 millones de dólares y más 600 millones de pesos a Maxi Montilla

Redacción

Redacción

Relacionado...Entradas

Mi carro Frankenstein Por Edwin DeLaCruz Hay experiencias que, aunque en su momento duelen, terminan convirtiéndose en las mejores lecciones de vida. La mía tuvo como protagonista un automóvil al que, con una mezcla de humor y resignación, bauticé como **mi carro Frankenstein**. Lo llamaba así porque parecía ensamblado con piezas de diferentes vehículos. No era precisamente un automóvil que despertara admiración. Sin embargo, llegó a mis manos en el momento en que más lo necesitaba. Después de la ruptura de mi primer matrimonio perdí mucho más que una relación. También perdí estabilidad económica, el vehículo que utilizaba para trabajar como vendedor y, poco tiempo después, el empleo. De un día para otro tuve que comenzar prácticamente desde cero. Fue entonces cuando mi hermano mayor me ofreció un automóvil viejo que tenía en Santiago. Lo acepté sin pensarlo. No era el carro de mis sueños, pero sí el que me permitiría salir nuevamente a buscar oportunidades. Con ese vehículo recorrí calles, asistí a entrevistas de trabajo y visité empresas con la esperanza de encontrar una nueva oportunidad. Nunca olvidaré una de esas entrevistas. Todo marchaba bien hasta que el entrevistador me preguntó qué vehículo conducía. Al responder con sinceridad, su actitud cambió por completo. Sin preguntar por mi historia ni interesarse por las circunstancias que me habían llevado hasta allí, decidió que aquel automóvil hablaba más de mí que mi experiencia, mi preparación y mis deseos de trabajar. Salí de aquella oficina con una profunda sensación de frustración. Comprendí que muchas personas juzgan la vida de los demás por lo que ven en un instante, sin detenerse a conocer el camino recorrido para llegar hasta ese momento. Tiempo después, un amigo me hizo otro comentario que también me marcó. Al verme en aquel vehículo, me dijo que no entendía cómo podía soportar andar en un carro así después de haber tenido uno mucho mejor. Tal vez no quiso herirme, pero sus palabras confirmaron que vivimos en una sociedad que suele valorar más las apariencias que las circunstancias. Afortunadamente, decidí no quedarme atrapado en esas opiniones. Continué buscando oportunidades, conseguí empleo, volví a ahorrar y, con el paso del tiempo, pude cambiar aquel viejo automóvil por otros en mejores condiciones. Hoy, cuando recuerdo mi carro Frankenstein, ya no siento vergüenza. Siento gratitud. Aquel vehículo, que muchos habrían despreciado, fue el puente que me permitió reconstruir mi vida. Me enseñó que ninguna crisis es permanente y que el verdadero valor de una persona no puede medirse por el automóvil que conduce, la ropa que viste o los bienes que posee. Desde entonces procuro no juzgar a nadie por las apariencias. Detrás de cada rostro, de cada vehículo y de cada realidad hay una historia que desconocemos. Hay batallas silenciosas, pérdidas que no se cuentan y esfuerzos que no siempre son visibles. Todos podemos atravesar momentos difíciles. Lo importante no es el lugar desde donde comenzamos de nuevo, sino la determinación de seguir avanzando. Mi carro Frankenstein nunca fue un símbolo de derrota. Fue el recordatorio de que, aun cuando la vida parece desarmarse en mil pedazos, siempre existe la posibilidad de reconstruirla y volver a ponerse en marcha. edwindelacruzr@gmail.com (El autor es periodista y abogado residente en Santo Domingo).

14 de julio de 2026
¿Quién asesinó a Paula?

Los terremotos más asesinos

14 de julio de 2026
Nicolás Maduro desinstaló WhatsApp: ¿Por qué no hacemos lo mismo?

15,000 becas: 15,000 vidas que pueden cambiar

14 de julio de 2026
Cuando el dinero no sirve para nada

No existe tiempo perdido

14 de julio de 2026

El referéndum: una institución en espera de su materialización democrática

12 de julio de 2026
Siguiente entrada

Tribunal congela más de 42 millones de dólares y más 600 millones de pesos a Maxi Montilla

Comentarios sobre post

Publicidad
Publicidad

(+) VISTAS

Banreservas elige Microsoft 365 Copilot para mejorar la creatividad de sus colaboradores y aumentar la productividad

26 de noviembre de 2023
Miss Universo 2025, Fátima Bosch, arriba a República Dominicana

Miss Universo 2025, Fátima Bosch, arriba a República Dominicana

26 de enero de 2026

De George Floyd a Cristóbal Colón

14 de junio de 2020
Banreservas lanza “Juega RD” con el remozamiento del Play Los Restauradores, en el Mirador Sur

Banreservas lanza “Juega RD” con el remozamiento del Play Los Restauradores, en el Mirador Sur

27 de mayo de 2025

La dimisión que no fue: Rubiales se atrinchera con un discurso machista que enardece a España

25 de agosto de 2023
Publicidad
Precision

Con la información precisa

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
  • Económicas
  • Deportes
  • Revista
  • Opiniones

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus