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Portada Opiniones

¿Qué está haciendo la iglesia para el respeto a derechos humanos?

Emilia Santos Frias por Emilia Santos Frias
25 de enero de 2025
en Opiniones
Tiempo de lectura: 4 minutos de lectura
¿Medios de comunicación normalizan la violencia estructural?
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El compromiso profesional, personal, conlleva también una genuina cuota de agradecimiento hacia todas las personas que hacen aportes a su sociedad, sean estas del pasado o presente que transitamos. En esta mirada el sentimiento versa acerca de esas mujeres que demostraron y aún lo hacen, que Dios utiliza a quien le place, para cumplir sus propósitos.

Con ellas en mente, me atrevo a asegurar que hoy algunas iglesias; en la acepción de edificio, donde fieles unidos por la misma fe, celebran doctrinas, consagran y dedican cultos a Dios, yacen vacías. Esto así, porque se importantiza más el rito que la palabra del Creador. Al mismo tiempo, en ocasiones, en algunos templos de las distintas denominaciones religiosas, durante las predicas y sermones, se ultraja la dignidad de las personas, en vez de fortalecer su derechos humanos, fundamentales.

Por eso, es apremiante, que la iglesia deje atrás la indiferencia hacia los derechos humanos, con hincapié en quienes más sufren sus garantías, y que hoy, ahora, elimine de sus discursos injurias, y desde su rol, trabaje como lo que es: guía espiritual. Con menos ritos y más diálogo, análisis correcto de la palabra de Dios. Solo así, llevará paz a la sociedad y propiciará que la familia retome su compromiso social.

Confieso que durante una misa, un culto, me he parado y salido de templos, al considerar ultrajantes, ofensivos, el discurso del sacerdote, del pastor, hacia la mujer. Lideres llamados a propiciar igualdad y equidad, que son derechos inherentes, conceptos que van más allá de la semántica, que deben pasar a la práctica.

Como me ha pasado, personas cercanas, de distintos entornos, me han manifestado el mismo pesar. Esta situación puede ser más fácil analizada en escenarios académicos, familiares…, mediante debates serios, responsables, respetuosos, éticos, apegados a la ciencia, al bien hacer…, pero, en las congregaciones religiosas no lo es. No hay espacio durante un sermón.

Allí, los líderes que se consideran elegidos por Dios o lo hizo la feligresía, están erigidos cual dioses del Olimpo, cuyos poderes, incluso van más allá de hacer lo que debe ser una correcta exploración de la Biblia y guiar a los fieles por el bien para salvación de su alma. En ocasiones esa prédica va desde su perspectiva, escaso o no conocimiento.

Es doloroso ir a un templo en busca de fortalecimiento de la espiritualidad, y escuchar al pastor; sacerdote, referirse a la mujer con palabras ultrajantes. Incluyendo a las mencionadas en la Biblia. Eso lo he vivido reiteradamente y en cada ocasión, desde mi vida adulta, me pongo de pie y salgo. Como he reiterado en artículos anteriores, todos tenemos un compromiso con la promoción de narrativas, alocuciones apegadas a la verdad, respeto, garantía de derechos humanos y fundamentales.

iCraso error por parte de los ministros religiosos, líderes o autoridad!, quienes están para guiar en el correcto camino de la palabra de Dios. Entendiendo que, el Creador vio a la mujer como un ser idóneo para hacer realidad su voluntad en el mundo. Incluso, permitió que esta por engaño, como Eva, incitación…, cometiera algunos actos no benignos, y con esos mostró el pecado, para que sea rechazado y se siga a quienes hacen su voluntad.

Por eso, considero falto a lo justo que el día que se reúne la iglesia; cuando está repleta de fieles, se use el escenario para esparcir una predicación o discurso injurioso, que somete, invisibiliza derechos, reproduce conductas patriarcales; acciones machistas, de dominación, maltrato. En franca oposición a garantía real de derechos humanos. No se puede olvidar que Dios nos hizo iguales ante sus ojos; iguales en derechos.

Pensemos en los incontables sacrificios de la mujer, ayer, hoy…, y aun no entendemos lo que significa vivir una vida libre de violencia. Conforme a la paz que el Señor nos concede. «Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios», dice Mateo 5:9.

Como creyente del amor y misericordia del Padre Creador, en estas líneas exharto a algunas de las tantas mujeres que hicieron y hacen su obra, y a quienes invito conocer más. Entre ellas, Sara la madre de Israel, y con ella, a la valiente Jael, liberadora del mismo lugar.

De igual forma, a las inteligentes profetisas Miriam y Rajab, esta última, salvó a su familia. Hulda con igual virtud, y sus aportes, contribuyó a la eliminación de adoración de ídolos. A la sensata Abigail. A Dorca o Tabita, alabo su obra y servicio a favor de la viudas y pobres, desde el ofrecimiento de limosnas y como su costurera.

iEncomio eterno a Débora!, jueza, profetisa y lideresa de guerra. A la trabajadora y leal Rut. La adoradora Ana. La también valiente y sensata, Ester. La obediente pensadora María. A Priscila, profesora, cooperadora, lideresa que esparció la fe cristiana. A la hospitalaria emprendedora, mujer de negocios, Lidia. Asimismo, a la valiosa Agar, quien dio nombre al Padre: «el rey, el Dios que vive». Además, a la justa, piadosa y creyente Elizabet.

En fin, a todas las mujeres y hombres de hoy y ayer, que siguen al Creador, contestes como bien nos profetizó, que serán quienes tendrán vida eterna y se sentarán en el tronos para juzgar a vivos y muertos. «Recibirán cien veces más a cambio de todo lo que han dejado y heredarán la vida eterna».

Por eso, un mensaje que no invisibilice derechos humanos, que deje se segmentar a la personas en ricos, pobres, buenos, malos…, es lo que se espera cuando se busca fortalecer espiritualidad. No discursos que promuevan desigualdad, ni maltratos, violaciones.

Con el correcto lenguaje, máxime en este siglo de la Información, se contribuye a subsanar grandes problemáticas, la violencia en todas sus manifestaciones es una de ellas. Cobra diariamente muchos esfuerzos, recursos financieros…, y vidas. La iglesia no debe vivir de espalda a esta realidad, al contrario, amerita ya, accionar para ofrecer a la población mundial, bienestar, paz: felicidad.

Hasta la próxima entrega.

santosemili@gmail.com

(La autora es educadora, periodista, abogada y locutora residente en Santo Domingo, República Dominicana).

Etiquetas: ¿Qué hace la iglesiaPara el respeto a derechos humanos?
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