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¿Qué es más peligroso: no saber o creer lo falso?

"Entre la falta de información y la desinformación"

Redacción por Redacción
15 de septiembre de 2026
en Opiniones
Tiempo de lectura: 2 minutos de lectura
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Por Edwin De la Cruz

En tiempos en los que la información circula con una velocidad nunca antes vista, conviene detenernos a distinguir entre dos conceptos que con frecuencia utilizamos como si significaran lo mismo: la falta de información y la desinformación. No son iguales, aunque ambas pueden producir consecuencias similares: confusión, incertidumbre y decisiones equivocadas.

La falta de información ocurre cuando un hecho, una decisión o un acontecimiento no es comunicado oportunamente, cuando los datos disponibles son insuficientes o cuando las personas no tienen acceso a las fuentes necesarias para comprender una determinada situación.

En términos sencillos, es aquello que no sabemos porque nadie nos lo ha explicado, porque la información no ha sido divulgada o porque no hemos podido acceder a ella.

La desinformación, en cambio, va un paso más allá. Se produce cuando se difunden contenidos falsos, manipulados, distorsionados o engañosos que pueden llevar a las personas a interpretar la realidad de manera equivocada.

No se trata simplemente de no saber; se trata de creer o reproducir algo que no corresponde con los hechos.

Esta diferencia es fundamental, especialmente en la era de las redes sociales. Una institución que no informa sobre una decisión deja un vacío. Ese vacío, tarde o temprano, puede ser ocupado por rumores, especulaciones o versiones sin fundamento.

Y cuando esas versiones comienzan a circular como si fueran ciertas, el problema deja de ser solamente una falta de información y puede convertirse en un escenario de desinformación.

Por eso, informar no consiste únicamente en publicar comunicados o colocar contenidos en las plataformas digitales. Informar significa hacerlo de manera oportuna, clara, completa, verificable y comprensible. La comunicación responsable debe procurar que la ciudadanía tenga los elementos necesarios para formarse su propio criterio.

También existe una responsabilidad individual. En una sociedad hiperconectada, cada persona se ha convertido, de alguna manera, en un potencial multiplicador de información.

Compartir una noticia sin verificarla puede contribuir a que una falsedad alcance a miles de personas en cuestión de minutos. El botón de «compartir» no debería sustituir al criterio.

Las instituciones, los medios de comunicación y los ciudadanos tenemos, por tanto, una tarea común: reducir los espacios para la confusión. Una información que llega tarde puede generar incertidumbre; una información falsa puede generar daños mayores. Frente a ambas amenazas, la respuesta debe ser la transparencia, la verificación y el ejercicio responsable de la comunicación.

Porque entre no saber y saber algo que no es cierto existe una diferencia sustancial. La primera situación puede corregirse informando. La segunda exige, además, desmontar la falsedad y recuperar la confianza.

En definitiva, la falta de información deja un vacío; la desinformación lo llena con una versión distorsionada de la realidad. Y en una sociedad democrática, donde la información es indispensable para tomar decisiones, ninguna de las dos debería ser tomada a la ligera.

edwindelacruzr@gmail.com

(El autor es periodista y abogado residente en Santo Domingo, República Dominicana).

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