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Profeta en tu tierra

Máximo Caminero por Máximo Caminero
1 de abril de 2024
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
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Es de gran pesar que para que reconozcan tus talentos, tengamos que esperar a que, venga «alguien» desde afuera para que todos puedan ver… lo que tenían delante.

Ejemplos en la historia, sobran, aunque por ahí se habrá colado uno que otro que si logró ese «reconocimiento», por cierto, no había visto en ninguna otra nacionalidad, tanto arraigo y deseo de ser «reconocido» como los dominicanos.

Los «premios», papeles donde «se afirma» que tal o cual persona «goza de x cosa»… son un pan nuestro de cada día, por lo menos en la diminuta comunidad de criollos de la florida. Pero no pienso dedicar este latido a esa «estrecha» vanidad.

Si quiero resaltar a «esos» que han dado tanto en este mundo y que han pasado desapercibidos en vida, siendo reconocidos cuando ya ha pasado el tiempo.

Un bonito ejemplo de esto, y digo «bonito» por las palabras que dejaron marcadas para siempre en la memoria de los hombres. Fue aquella vez, cuando Federico Henríquez y Carvajal, despedía ante la tumba al Profesor Eugenio María de Hostos, dijo; «Oh América infeliz! Que solo sabes de tus grandes vivos cuando son tus grandes muertos».

Fue una tarde gris y mojada del 1903, aquel insigne puertorriqueño que dio tumbos por toda la América, al igual que Martí, en pro de la libertad de su tierra, Puerto Rico.

Iguales caminos les tocó a José Martí, cuando recorría a zapatos gastados toda la fisonomía de América. Sus palabras motivadoras al General Máximo Gómez, aquella mañana de 1895 en Monte Cristi, reafirman este «desdén» de «dar al César lo que es del César».

Martí, luego de tanto andar y encontrar las intrigas humanas ocultas en las manos amigas, solo alcanzó a rogar, dignamente, poniendo su alma en su boca diciendo; «General! Solo vengo a ofrecerle el placer del sacrificio, y la ingratitud probable de los hombres».

No diré del poeta nicaragüense, Rubén Darío, quien escribe en el 1905 su poema «lo fatal», reconociendo su ignorancia ante el misterio de la vida, pero es en «Augurios» donde resalta esta estrofa; «Dame la fortaleza de sentirme en el lodo humano con alas y fuerzas para resistir los embates de las tempestades perversas».

También le tocó salir de su patria indiferente, para regresar años después, cuando el mundo le había reconocido, a ser recibido con honores… «Y de arriba las cóleras, y de abajo las roedoras miserias».

Como les dije, las muestras son infinitas y no solo ocurren en «esos ámbitos mayores», nos ocurren a todos en nuestro día a día. No es necesario alcanzar las masas para ser considerado un ser especial e imprescindible.

Nuestro entorno cotidiano es nuestro escenario de actuación, no esperes ser reconocido por tus familiares, ni por tus amigos cercanos, estos, debido a «ese acercamiento» suelen usar la misma medida que tienen y no logran alcanzar a ver «la luz» que te proyecta.

Quienes si la verán, serán los que no llegan a percibir más que la claridad que da esa luz, los que están en la fuente, se creerán «merecedora» de ella y en una mediocridad peor, «poseedores de la misma»…

Las miserias alcanzadas por los personajes mencionados en este latido, fueron continuas y de largos «penares», sin embargo, no era la gloria que buscaban, sino abrirnos la consciencia ante un mundo que aún navega en el vacío intelectual, y que gracias a ellos, muchos se han salvado de caer en tal banalidad.

La fama, el reconocimiento, el ser admirado, son sinónimos del ego. No es que el ego sea malo, pero si no está bajo el control de la consciencia, puede alcanzar lo ridículo, lo absurdo y lo que es aún más terrible, destruir naciones enteras.

Reconocer los valores de nuestros coterráneos cercanos es un deber para con uno y con la sociedad entera, ya que «exaltar» lo bueno, siempre será bueno para todos. No esperemos a que se muera para decirle «lo bueno que fue».

La satisfacción sale y entra a partes iguales, el que da recibe y el que recibe da. Toda una cadena en donde el talentoso alimenta al que escucha y el que escucha repite los talentos dando claridad ante turbulentas oscuridades humanas. Salud! Mínimo Profetero.

massmaximo@hotmail.com

(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).

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