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Portada Opiniones

¿Por qué del odio a los judíos?

Máximo Caminero por Máximo Caminero
25 de mayo de 2025
en Opiniones
Tiempo de lectura: 4 minutos de lectura
El poder de la oración
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La historia del pueblo judío es la historia de todos. No hay tribu que no haya tenido rivales en el pasado o que no los tenga en el presente.

Cualquier buen vecino es también «el enemigo más cercano»…

La historia del pueblo hebreo está muy bien documentada, posiblemente mejor que la de cualquier otro pueblo. Han preservado sus momentos desde los inicios mismos de su creación, preservando intactas sus tradiciones ancestrales.

¿Cuál es el secreto de su éxito? Los judíos han demostrado desde sus principios ser hábiles en los negocios, lo que les ha dado fama de ser uno de los pueblos que más ciudadanos ricos ha creado.

Tanto científicos como creadores e inventores. Premios Nobel en casi todas las ramas y múltiples veces. La cantidad de productos médicos inventados por estos ha sido un verdadero alivio para todos los habitantes del planeta.

Sin embargo, siguen siendo uno de los pueblos más vilipendiados de la historia universal del planeta.

Posiblemente, el único pueblo que la humanidad ha intentado «literalmente destruir» en varias ocasiones, sin éxito.

¿De dónde viene ese odio? Aunque siempre han tenido esas rivalidades de parte de sus vecinos, podríamos afirmar que «señalarlos» como los que crucificaron a Jesús terminó por «eternizar» ese «legado maldito»…

La osadía de enfrentar al imperio romano en el año 66 después de Cristo dio lugar a una guerra que se prolongó por casi un siglo, del I al II. Y que ocasionó su expulsión del territorio. Los que se quedaron tuvieron que «adaptarse» a las disposiciones del imperio.

Los judíos se esparcieron por el mundo manteniendo su fe y religión, lo que dio curso a que la iglesia católica, en amplia extensión en Europa, los mirara con recelo. Fueron expulsados, a lo largo de los siglos, de Inglaterra, Italia, Francia, entre otros, siendo la más famosa la de España el 31 de marzo de 1492.

En tiempos recientes (1938-1945), Alemania, bajo el régimen nazi de Hitler, ideó la «resolución final», cuyo fin era eliminar a todos los judíos de una vez y por todas.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, los judíos lograron regresar a la tierra de la que fueron expulsados casi dos mil años antes.

Contar esta historia de forma breve jamás reflejaría las infinitas ocasiones en que este pueblo ha sido humillado, maltratado, asesinado, desde un odio inexplicable que implica «un lugar», «un acontecimiento» y una lucha legítima en defender su patria.

La historia de Jesús, si hubiese tenido lugar en «Polonia», por decir un lugar, los polacos serían el pueblo señalado por todos. Donde quiera que Jesús hubiese promovido sus ideales de amor levantando masas, hubiera creado los celos de los dirigentes del momento.

Que «un tipo» llegue a nuestro país o nazca entre nosotros e intente cambiar nuestras creencias, así sean adecuadas, seguro tendrá la oposición de lo tradicional y más si estas tradiciones gozan de miles de años, como fue el caso de los judíos.

El estado de Israel se ha impuesto a base de sangre y dolor, nada diferente a todas las naciones del mundo. Todavía hoy, 77 años después de fundarse como una nación libre y soberana, sigue siendo acosada en sus entrañas.

Y es que después de abandonar la casa, por tantos años, es lógico que la vamos a encontrar ocupada y que los ocupantes van a luchar por ella.

Los palestinos, descendientes de los fariseos y enemigos de los judíos desde su expulsión, ocuparon el lugar de estos con la connivencia de los romanos.

No hubo manera de llegar a acuerdos y este enredo ha terminado en una guerra que parece no tener fin. Las últimas matanzas entre los bandos han puesto al mundo en una encrucijada.

Docenas de miles de muertos en Gaza y otros miles en Israel nos traen a esas guerras primeras donde los romanos quemaban judíos y arrasaban pueblos enteros.

La humanidad no se ha podido librar de las creencias que establecen diferencias entre los hombres. Un solo muerto es suficiente para sentirnos indignados como sociedad moderna.

Ver destruir un pueblo y quedarnos inmóviles es actuar como lo hicimos ante el holocausto que sufrieron los judíos incinerados en hornos y cámaras de gas.

El odio hacia los judíos siempre ha estado injustificado. Objeto de manipulaciones creadas por intereses absurdos por controlar al mundo. Y que los llevó a «gitanear» como huérfanos.

Las preguntas a hacernos serían: ¿Qué harían los dominicanos si estuvieran en el lugar de los judíos? ¿Los colombianos? ¿Los ingleses o africanos? ¿Qué haría cualquier pueblo que haya sido desterrado y condenado a vagar por miles de años ante la indiferencia y el maltrato del mundo?

Si los judíos no contaran con el poder que han construido, hubieran sido aplastados por todos. Eso no les da derecho a abusar como han hecho con los palestinos que también luchan por lo que consideran que es su casa.

El mundo tiene que ceder y aceptar que todos tenemos derecho a vivir en paz y a tener un lugar en donde cada cual se sienta seguro sin que le vayan a tirar una bomba que lo aplaste.

Tenemos que compartir espacio, que cada país de los que están en esas fronteras conceda territorio para que estos dos pueblos, surgidos miles de años atrás de similares tribus, no se sigan matando.

Si los judíos continúan destruyendo la ciudad de Gaza, estarán actuando como otrora el mundo actuó contra ellos. Y el odio, que siempre fue envidia y celos por ser un pueblo disciplinado, culto y exitoso, cobrará «otro sentido» que no le conviene tener a nadie.

Las tribus de Israel y de Judá, que después de tanto pelearse terminaron fundiéndose en una sola, quizás sean la mejor señal del camino a seguir. ¡Salud!. Mínimo Odiero.

massmaximo@hotmail.com

(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).

Etiquetas: ¿Por qué del odio a los judíos?
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