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Portada Opiniones

¿Por dónde entra el amor?

Máximo Caminero por Máximo Caminero
1 de julio de 2024
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
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El amor, esa hormona que se derrama incontrolable y nos convierte en súbditos a merced de «cualquier vaina que aparezca»…

Sí, uno se enamora y no entiende, no razona, no se explica ¿El por qué? Intenta, uno a veces, responderse «esa pregunta» cuando «la cosa» va mal o se «tambalea» el asunto.

Lo cierto es que «estar enamorado» puede ser desquiciante, “exquiciante”, abrumador, tormentoso y hasta «fuera de este mundo», como alguna vez insinuó Martí.

El cerebro, ese «pendejo» que manipula todas las funciones «excitantes» de nuestra vida, emite los químicos adecuados, «asegún» la situación que tengamos al frente, es decir, Serotonina, dopamina, y noradrenalina, entre otras…

Vamos por paso, cuando nos da «hipoxia», falta de oxígeno en el cerebro, ahí se jode to’, pues nos desentendemos, hasta cierto punto, de la consciencia.

La falta de oxígeno dispara estas tres hormonas mencionadas. La serotonina, asociada a un estado de «enamoramiento», la dopamina, que produce «bienestar» y la noradrenalina, que aumenta el estar «alerta»…

¿Les suena a algo todo eso? Son las sensaciones que han tenido muchos «ex difuntos», pero ya abordaremos ese tema en otro latido, aquí estamos inmersos, en el amor y «sus causas»…

Como bien se ha dicho, «el amor es ciego», y aunque muchos nos hemos preguntado ¿Por qué fulano y fulana andan juntos si son tan «diferentes»?. Aparte de no ser de nuestra incumbencia, existen «otras razones», ajenas al entendimiento…

Podría comenzar a especular, como es mi costumbre, y atribuírselo a «dos posibilidades», una filosófica y la otra científica.

La filosófica navega en los misterios del destino y «los propósitos» que debemos cumplir, para que «la ecuación universal» se mantenga en «armonía»… Aquí el amor entra «a fuerza», uno «sabe» o «presiente» que «algo» no encaja, pero no puede evitar tirarse por ese despeñadero y «desguavinarse», en la caída, todo el cuerpo.

La científica tiene que ver con «esas» hormonas ya mencionadas, que equivalen a varias onzas de cocaína, por decir, una droga, y que nos «excitan» al punto de creernos «Superman» o cualquier héroe de dibujos animados…no convierten en «un muñequito».

Algo así como aquel latido de los signos zodiacales, en donde la personalidad «específica» de cada uno de nosotros ya viene insertada en el comportamiento que llevaremos en la vida… Unas marionetas más…

Si las hormonas se disparan ante la presencia de otra persona, no importa que tan feo o cuadrado, alto o bajito sea. Se activaron los químicos cerebrales y «la ceguera» es parte del paquete, por eso es que muchas veces, ya pasado el efecto, nos preguntamos. ¿Y qué vaina fue la que le vi a esa diabla o diablo?

No hay cuerpo que resista una dosis prolongada de estas hormonas, ya que «caería como un chele» duro en el cemento, pero si podría recibir su dosis diaria y el amor «duraría» un tiempo largo, hasta que «la realidad» se imponga.

¿Cuál es la realidad? Aunque «la realidad» es «otra vaina más» para latirnos luego, digamos que la realidad, en estos casos, es que por más amor que uno sienta por otro, si no hay «coincidencias» la cosa terminará mal, aunque en verdad será para bien…

Uno no puede vivir con alguien que lo maltrate y no sepa admirar las cualidades que todos tenemos. Alguien que no sea «cómplice» y vaya en sintonía con lo más sagrado que tenemos… la obligación «de ser» lo que somos.

¿Qué somos? Usted tiene sus gustos, sus pendejadas y mariconadas que son solo suyas. Las que le hacen sentir bien, y forman parte intrínseca de su personalidad.

Usted no puede perder eso porque dejaría de ser y eso siempre genera tristeza y ansiedad. Moriría en vida y la vida, que es tan breve, no se trata de eso.

El amor le puede entrar por cualquier lado, lo puede estar esperando en cualquier esquina, en cualquier momento, pero, siempre tome conciencia que le está llegando por destino o por «hiperglucemia», es decir, un coctel de hormonas.

Cualquiera que sea la entrada, asegúrese de ubicar la salida. Así le dolerá menos cuando tenga que acudir a ella.

Si terminó quedándose porque así estaba «determinado», procure, por lo menos, imponer una de sus «mariconerías», así le quedará «algo de usted» con lo que pueda consolarse. ¡Salud!. Mínimo Amorero.

massmaximo@hotmail.com

(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).

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