martes, julio 14, 2026
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Advertisement
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Precision
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Sin resultados
Ver todos los resultados
Portada Opiniones

Operación Tiburón

Máximo Caminero por Máximo Caminero
7 de julio de 2021
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
FacebookTwitterWhatsappTelegram

La vida misma de cada individuo es un guion que se va trazando de acuerdo a lo que «el mismo no sabe ni imagina».

Uno va por ahí soltando amarras y desatando cabos. Va lanzando toda clase de fabulas e improperios y no se da cuenta que sus palabras son mágicas y que «eventualmente» señalaran (que no Jeanalan)…su destino.

La vida del dominicano es como una de esas novelas enigmáticas de realismo mágico. Es muy surrealista y muy cargada de dosis de compasión, humor y cierta ingenuidad sana.

Una ambivalencia que se balancea en la cuerda queriendo ser bueno, pero «algo de malo».

No podemos decir que los políticos son malos porque, la mayoría de los que hacen política…ni siquiera saben que significa eso. Entonces podría afirmar aquí que son individuos a los que «el azar» les ha beneficiado con un puesto.

Precisamente ese «azar», que viene acompañado de una mano amiga, no le ha entrenado para participar en «actividades» gerenciales y administrativas generadas para «servir» que no servirse…

He ahí el dilema de nuestros servidores públicos. No saben que asumir las variadas posiciones del estado son, más que un gozo, un desgastante deber de servicio y amplia vocación de paciencia para lidiar con las demandas del pueblo.

Definir al político es un asunto complicado que ni siquiera el mismo diccionario especifica de forma clara… muy común en los políticos también…

Dice que lo hacen por un bien común o para disfrutar de ese «sentimiento» de «prestigio» que esto le confiere…

Debo confesar aquí que no pude esquivar mi indignación, cuando me toco visitar la cámara de senadores y diputados de la Republica Dominicana, al ver un desfile de autos de lujo de donde salían individuos impecablemente vestidos y enmascarados de un ego que delataba su propia mascara.

Yo dividiría el «accionar político dominicano» en tres puntuales puntos, con el perdón de la redundancia.

Primero; el 90% lo hace para enriquecerse.

Segundo; un 9% para argumentar cierta fama.

Tercero; un desafortunado 1% en aras de todos.

Yo sé que la mayoría estará en desacuerdo conmigo y me dirán; el 100% no sirve o «son muchos» los que si, lo cierto que es que «esa» ciudadanía gobernada, en este caso por no ser tan abundante, está familiarizada sanguínea o «amistablemente» con algún político de turno o aspirante futuro.

Esto da como consecuencia una complicidad vedada. Un halo de impunidad que circunda en el subconsciente del colectivo.

No es nada exclusivo de un pueblo, es un asunto muy humano. Solemos ser generosos con el que nos beneficia y avasallantes con el que no.

La operación tiburón seguramente será la última de toda la fauna marina que la justicia dominicana nos brindará.

¡Por fin tenemos justicia! ¿debemos agradecer por ello? En mi caso he esperado esto desde que soy un niño y por más que he hablado intentando abrir oídos la gente siempre fue pesimista.

La justicia que hoy se nos brinda nunca debió de estar ausente de nuestro pueblo ya que es un derecho y un deber de todos en procurarla. Pero hemos sido tan pasivos y permisivos que ya no existe uno de nosotros que no tenga un familiar o amigo involucrado en nuestro propio desfalco.

El desembarazarnos de estas mañas dañinas será doloroso para muchos, pero de no hacerlo la desidia terminará por hundirnos a todos.

Los políticos aprenderán que su función tiene que estar atada a un íntimo y sincero deseo de ser útil para dar bienestar y sentido a una sociedad en su recorrido.

Y que no tendrán que comerse un tiburón «podrido» para «llegar» a sus oscuros y absurdos propósitos. ¡Salud!. Mínimo Caminero.

massmaximo@hotmail.com

(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach).

Etiquetas: OperaciónTiburón
Entrada anterior

Pesar de los Toros por fallecimiento de Pablo Peguero

Siguiente entrada

«La situación en Haití se agravará»: Las consecuencias y posibles motivos del asesinato del presidente Jovenel Moïse

Máximo Caminero

Máximo Caminero

Relacionado...Entradas

Mi carro Frankenstein Por Edwin DeLaCruz Hay experiencias que, aunque en su momento duelen, terminan convirtiéndose en las mejores lecciones de vida. La mía tuvo como protagonista un automóvil al que, con una mezcla de humor y resignación, bauticé como **mi carro Frankenstein**. Lo llamaba así porque parecía ensamblado con piezas de diferentes vehículos. No era precisamente un automóvil que despertara admiración. Sin embargo, llegó a mis manos en el momento en que más lo necesitaba. Después de la ruptura de mi primer matrimonio perdí mucho más que una relación. También perdí estabilidad económica, el vehículo que utilizaba para trabajar como vendedor y, poco tiempo después, el empleo. De un día para otro tuve que comenzar prácticamente desde cero. Fue entonces cuando mi hermano mayor me ofreció un automóvil viejo que tenía en Santiago. Lo acepté sin pensarlo. No era el carro de mis sueños, pero sí el que me permitiría salir nuevamente a buscar oportunidades. Con ese vehículo recorrí calles, asistí a entrevistas de trabajo y visité empresas con la esperanza de encontrar una nueva oportunidad. Nunca olvidaré una de esas entrevistas. Todo marchaba bien hasta que el entrevistador me preguntó qué vehículo conducía. Al responder con sinceridad, su actitud cambió por completo. Sin preguntar por mi historia ni interesarse por las circunstancias que me habían llevado hasta allí, decidió que aquel automóvil hablaba más de mí que mi experiencia, mi preparación y mis deseos de trabajar. Salí de aquella oficina con una profunda sensación de frustración. Comprendí que muchas personas juzgan la vida de los demás por lo que ven en un instante, sin detenerse a conocer el camino recorrido para llegar hasta ese momento. Tiempo después, un amigo me hizo otro comentario que también me marcó. Al verme en aquel vehículo, me dijo que no entendía cómo podía soportar andar en un carro así después de haber tenido uno mucho mejor. Tal vez no quiso herirme, pero sus palabras confirmaron que vivimos en una sociedad que suele valorar más las apariencias que las circunstancias. Afortunadamente, decidí no quedarme atrapado en esas opiniones. Continué buscando oportunidades, conseguí empleo, volví a ahorrar y, con el paso del tiempo, pude cambiar aquel viejo automóvil por otros en mejores condiciones. Hoy, cuando recuerdo mi carro Frankenstein, ya no siento vergüenza. Siento gratitud. Aquel vehículo, que muchos habrían despreciado, fue el puente que me permitió reconstruir mi vida. Me enseñó que ninguna crisis es permanente y que el verdadero valor de una persona no puede medirse por el automóvil que conduce, la ropa que viste o los bienes que posee. Desde entonces procuro no juzgar a nadie por las apariencias. Detrás de cada rostro, de cada vehículo y de cada realidad hay una historia que desconocemos. Hay batallas silenciosas, pérdidas que no se cuentan y esfuerzos que no siempre son visibles. Todos podemos atravesar momentos difíciles. Lo importante no es el lugar desde donde comenzamos de nuevo, sino la determinación de seguir avanzando. Mi carro Frankenstein nunca fue un símbolo de derrota. Fue el recordatorio de que, aun cuando la vida parece desarmarse en mil pedazos, siempre existe la posibilidad de reconstruirla y volver a ponerse en marcha. edwindelacruzr@gmail.com (El autor es periodista y abogado residente en Santo Domingo).

14 de julio de 2026
¿Quién asesinó a Paula?

Los terremotos más asesinos

14 de julio de 2026
Nicolás Maduro desinstaló WhatsApp: ¿Por qué no hacemos lo mismo?

15,000 becas: 15,000 vidas que pueden cambiar

14 de julio de 2026
Cuando el dinero no sirve para nada

No existe tiempo perdido

14 de julio de 2026

El referéndum: una institución en espera de su materialización democrática

12 de julio de 2026
Siguiente entrada

"La situación en Haití se agravará": Las consecuencias y posibles motivos del asesinato del presidente Jovenel Moïse

Comentarios sobre post

Publicidad
Publicidad

(+) VISTAS

Presidente Luis Abinader convoca a legislatura extraordinaria

12 de enero de 2023

Abel Martínez viaja a Estados Unidos para compartir con la diáspora

28 de septiembre de 2023

Los 10 “divorcios” más famosos de Grandes Ligas

28 de febrero de 2020

«¿A dónde diablos voy?»: Trump se burla del ‘despistado’ Biden en un mítin de campaña (VIDEO)

27 de abril de 2023

Gobernador Pierluisi nombra nuevos miembros para la Junta de Directores de WIPR

1 de diciembre de 2023
Publicidad
Precision

Con la información precisa

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
  • Económicas
  • Deportes
  • Revista
  • Opiniones

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus