martes, julio 14, 2026
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Advertisement
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Precision
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Sin resultados
Ver todos los resultados
Portada Opiniones

Los dominicanos en Puerto Rico

Redacción por Redacción
6 de julio de 2021
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
FacebookTwitterWhatsappTelegram

Por Raúl Mejía Santos

La realidad de los dominicanos en Puerto Rico es distinta a otros lugares de la diáspora. Mientras nuestros compueblanos se involucran en los quehaceres sociales, políticos y económicos de puntos geográficos tales como Nueva York, Lawrence o Miami, ganando espacios importantes y destacados, el dominicano en Puerto Rico vive otra apesadumbrada y cruda historia.

La percepción es que vivimos detrás de la cortina, a escondidas con pocas esperanzas de salir y marcar con firmeza nuestra presencia en la isla del encanto. Hemos emigrado cargados de sueños, ilusiones y la expectativa de una mejor calidad de vida a pocas millas náuticas del territorio nacional.

Cuidado con malinterpretar lo planteado. Sentimos orgullo por la identidad que nos cobija y más por la gente nuestra, humilde y emprendedora no importa la circunstancia del momento. Enarbolar la bandera nacional en playas ajenas nos caracteriza en cada expresión cotidiana de la vida, desplegando la alegría que llevamos por dentro.

Los dominicanos somos trabajadores, gente buena que vive al son de una romántica y melodiosa bachata o un contagioso merengue ochentoso bueno pa’ bailar. A pesar de ser la comunidad inmigrante más numerosa en Puerto Rico, no hemos trascendido como colectivo al igual que en otros lugares.

Ahí está la ciudad de los rascacielos, Nueva York. Allí hemos logrado nuestro espacio; hemos cimentado las bases como una comunidad fuerte y dinámica en el plano cívico, económico y político. Los dominicanos en Nueva York somos una fuerza a considerar en cualquiera de los escenarios de esa gran ciudad.

Se nota el activismo, lo bien que se organizan los nuestros. En ocasiones nos manifestamos en el campo atlético, con juegos vecinales de softball o baloncesto. El sector de Corona, Queens, a pocos pasos del afamado Citi Field donde juegan los Mets, me viene a la memoria. Son frecuentes los torneos barriales auspiciados por las organizaciones netamente criollas. Allí se confunden los pastelitos, la buena cerveza y el chillido de los asombrosos batazos que paran en la calle.

Volviendo a Puerto Rico, la crisis económica y fiscal de los últimos años ha tenido un impacto importante en la comunidad dominicana, considerando que muchos solían ganarse el sustento en la construcción inmobiliaria y el comercio, renglones de la economía formal en franco descenso hace una década. La contracción económica que ha vivido Puerto Rico en los últimos años se siente entre los nuestros.

De igual forma la poca formación académica de muchos compueblanos limita sus oportunidades de empleo en la isla, viéndose obligados a recurrir a la informalidad o a labores que les devenga una baja remuneración. Arrastran desde nuestro país esa experiencia de escasez y pobreza material, frustrando aspiraciones de escalar la sociedad que les acogió.

En el campo profesional tenemos avances considerables, no podemos equivocarnos. Aunque son muy limitados los casos, cabe mencionar que contamos con excelentes profesionales de la salud, por ejemplo, que brillan en el ejercicio de la profesión y han cobrado el reconocimiento de sus gremios y la sociedad puertorriqueña en general. Periodistas, abogados, pedagogos, profesores universitarios y hasta funcionarios públicos de origen dominicano se destacan a diario con su esfuerzo y trabajo. Orgullo nuestro en Borinquen. Sería interesante que las autoridades consulares en la isla consideraran organizar un censo para contabilizar estos profesionales y crear un perfil más definido de la comunidad.

Aunque este aspecto distingue a la comunidad dominicana en Puerto Rico, sin lugar a dudas, la tirantez y el sectarismo es otra cara de la moneda. Los dominicanos vivimos divididos, acuartelados, no nos organizamos y poco nos importa insertarnos en la vida cívica de la isla.

Por eso resulta infructuoso articular una voz contra el trato xenófobo que nos dispensan algunos puertorriqueños, quienes visualizan al dominicano como invasor, o gente de segunda. Debo admitir que estos casos son la excepción, la gran mayoría acoge y valora nuestra presencia.

Ideal será cuando la comunidad dominicana en la amada tierra de Hostos aprenda a sumar y aunar esfuerzos; en vez de dividir, opacar o frustrar aspiraciones de quienes desean trabajar los temas y necesidades apremiantes de los nuestros.

Así trazaremos una ruta en común, con el orgullo patrio que nos distingue. República Dominicana y Puerto Rico son pueblos que comparten una tradición antillana marcada por un idioma en común, una historia casi idéntica. Seguiremos el camino de la hermandad siempre.

(El autor es dirigente político y profesor).

Etiquetas: DominicanosPuertoRealidadRico
Entrada anterior

Retiran escoltas militares a familia de Jean Alain Rodríguez

Siguiente entrada

Gobierno congelará por un mes precios combustibles e instruye mejorar salarios

Redacción

Redacción

Relacionado...Entradas

Mi carro Frankenstein Por Edwin DeLaCruz Hay experiencias que, aunque en su momento duelen, terminan convirtiéndose en las mejores lecciones de vida. La mía tuvo como protagonista un automóvil al que, con una mezcla de humor y resignación, bauticé como **mi carro Frankenstein**. Lo llamaba así porque parecía ensamblado con piezas de diferentes vehículos. No era precisamente un automóvil que despertara admiración. Sin embargo, llegó a mis manos en el momento en que más lo necesitaba. Después de la ruptura de mi primer matrimonio perdí mucho más que una relación. También perdí estabilidad económica, el vehículo que utilizaba para trabajar como vendedor y, poco tiempo después, el empleo. De un día para otro tuve que comenzar prácticamente desde cero. Fue entonces cuando mi hermano mayor me ofreció un automóvil viejo que tenía en Santiago. Lo acepté sin pensarlo. No era el carro de mis sueños, pero sí el que me permitiría salir nuevamente a buscar oportunidades. Con ese vehículo recorrí calles, asistí a entrevistas de trabajo y visité empresas con la esperanza de encontrar una nueva oportunidad. Nunca olvidaré una de esas entrevistas. Todo marchaba bien hasta que el entrevistador me preguntó qué vehículo conducía. Al responder con sinceridad, su actitud cambió por completo. Sin preguntar por mi historia ni interesarse por las circunstancias que me habían llevado hasta allí, decidió que aquel automóvil hablaba más de mí que mi experiencia, mi preparación y mis deseos de trabajar. Salí de aquella oficina con una profunda sensación de frustración. Comprendí que muchas personas juzgan la vida de los demás por lo que ven en un instante, sin detenerse a conocer el camino recorrido para llegar hasta ese momento. Tiempo después, un amigo me hizo otro comentario que también me marcó. Al verme en aquel vehículo, me dijo que no entendía cómo podía soportar andar en un carro así después de haber tenido uno mucho mejor. Tal vez no quiso herirme, pero sus palabras confirmaron que vivimos en una sociedad que suele valorar más las apariencias que las circunstancias. Afortunadamente, decidí no quedarme atrapado en esas opiniones. Continué buscando oportunidades, conseguí empleo, volví a ahorrar y, con el paso del tiempo, pude cambiar aquel viejo automóvil por otros en mejores condiciones. Hoy, cuando recuerdo mi carro Frankenstein, ya no siento vergüenza. Siento gratitud. Aquel vehículo, que muchos habrían despreciado, fue el puente que me permitió reconstruir mi vida. Me enseñó que ninguna crisis es permanente y que el verdadero valor de una persona no puede medirse por el automóvil que conduce, la ropa que viste o los bienes que posee. Desde entonces procuro no juzgar a nadie por las apariencias. Detrás de cada rostro, de cada vehículo y de cada realidad hay una historia que desconocemos. Hay batallas silenciosas, pérdidas que no se cuentan y esfuerzos que no siempre son visibles. Todos podemos atravesar momentos difíciles. Lo importante no es el lugar desde donde comenzamos de nuevo, sino la determinación de seguir avanzando. Mi carro Frankenstein nunca fue un símbolo de derrota. Fue el recordatorio de que, aun cuando la vida parece desarmarse en mil pedazos, siempre existe la posibilidad de reconstruirla y volver a ponerse en marcha. edwindelacruzr@gmail.com (El autor es periodista y abogado residente en Santo Domingo).

14 de julio de 2026
¿Quién asesinó a Paula?

Los terremotos más asesinos

14 de julio de 2026
Nicolás Maduro desinstaló WhatsApp: ¿Por qué no hacemos lo mismo?

15,000 becas: 15,000 vidas que pueden cambiar

14 de julio de 2026
Cuando el dinero no sirve para nada

No existe tiempo perdido

14 de julio de 2026

El referéndum: una institución en espera de su materialización democrática

12 de julio de 2026
Siguiente entrada

Gobierno congelará por un mes precios combustibles e instruye mejorar salarios

Comentarios sobre post

Publicidad
Publicidad

(+) VISTAS

Alcohol y cáncer: ¿De qué quiere advertirnos el cirujano jefe de EE.UU.?

Alcohol y cáncer: ¿De qué quiere advertirnos el cirujano jefe de EE.UU.?

4 de enero de 2025
Condenan a 20 años de prisión a dos hombres por robo a una familia en Santiago

Incautan propiedades a supuesto cabecilla de estructura de tráfico ilícito de mercancías y lavado de activos en La Vega

16 de septiembre de 2024
La izquierda lidera en las elecciones en Francia, según sondeos a pie de urna

La izquierda lidera en las elecciones en Francia, según sondeos a pie de urna

7 de julio de 2024

Coach de Toronto suspendido por 5 juegos

24 de junio de 2022

Nina y la maternidad

4 de febrero de 2023
Publicidad
Precision

Con la información precisa

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
  • Económicas
  • Deportes
  • Revista
  • Opiniones

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus