martes, julio 14, 2026
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Advertisement
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Precision
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Sin resultados
Ver todos los resultados
Portada Opiniones

La réproba aplanadora

Redacción por Redacción
20 de enero de 2026
en Opiniones
Tiempo de lectura: 4 minutos de lectura
FacebookTwitterWhatsappTelegram

«En cualquier compromiso entre el bien y el mal, solo el mal puede beneficiarse». Ayn Rand

Por: Agustín Perozo Barinas

Se abre el telón.

Un buenista, Héctor Abad Faciolince, nos aconseja, para un mundo ideal que no existe: «Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad».

Muchos sabemos que hay un leviatán que se impone sobre estas quiméricas intenciones que nos recuerdan más las mentes idealizantes de los enamorados. La verdad no discute con quien ya eligió mentir… tampoco a la inmensa mayoría de la gente le interesa conocerla, solo quiere tener razón.

El poder no es neutro, o se inclina hacia el bien o hacia el mal y el propósito es lo que importa. Por ello, escribió Huxley: «El fin no puede justificar los medios por la sencilla y obvia razón de que los medios empleados determina la naturaleza de los fines producidos».

Stephen Miller, judío estadounidense, Subdirector del Gabinete de Políticas de la Casa Blanca, además Asesor de Seguridad Nacional, dijo en una entrevista: “Vivimos en un mundo en el que puedes hablar todo lo que quieras sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, en el mundo real, que se rige por la firmeza, por la fuerza y por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”.

La similitud con el discurso y propaganda nazi en la década de los treinta del siglo pasado es más que evidente. El peso de ese poder nos lo expone Galeano: «El miedo nos gobierna. Esa es una de las herramientas de las que se valen los poderosos, la otra es la ignorancia». El llamado «amaestramiento».

Desde que éramos curiosos adolescentes vimos un mundo plagado con engaño, injusticia, robo, violencia, fuerza, miedo… todo envuelto entre sistemas ideológicos con doctrinas políticas «impecables».

Quienes han abrazado estos sistemas simplifican este absurdo como: «¿Qué lógica tiene que el diablo me castigue en el infierno por desobedecer las leyes de su enemigo: Dios?» En pocas palabras, sin freno moral, ¿qué importa?

Tenemos un caldo a nivel global donde el poder ilimitado goza de todo tipo de tecnologías y armamentos que convertirían el belicismo moderno en gran escala en un escenario de pesadilla si hay confrontación militar entre las grandes potencias.

Hay muchos argumentos para agredir, como: mantener el dólar como moneda de reserva, la amenaza de anexar Groenlandia (y luego Islandia y el archipiélago de Svalbard) por los Estados Unidos, como expansión territorial similar al Lebensraum alemán (Espacio Vital) hacia el este durante la Segunda Guerra Mundial, el control de las reservas petroleras y tierras raras venezolanas, la «propuesta» a Canadá para unirse a la Unión Americana, romper el actual orden y derecho internacional para imponer la solución de conflictos a través de la fuerza (descalificando la Carta de la ONU), etc., mientras continúan los conflictos en Ucrania, Gaza, Irán…

¿Cómo evolucionará este entramado de intereses imperiales en pugna? Se impondrá la fuerza y el poder aplastará. Y ahí está el riesgo mayúsculo, tres potencias en el tablero, cada una con su agenda expansionista… no solo territorialmente, también está en juego intentar desmontar la hegemonía del dólar por las potencias adversarias a los Estados Unidos, el dominio de las monedas digitales descentralizadas (criptomonedas) y la inteligencia artificial, entre otros desafíos.

Los países pequeños solo tienen un papel de observadores sin voz ni voto, como se ha confirmado recientemente entre los eventos más álgidos, como el venezolano y en Oriente Medio. El ciudadano común tampoco cuenta, a menos que sea un peón útil, carne de cañón, dentro del esquema dominante (soldado, técnico especializado, diplomático de cañoneras, espía, etc.)

Las noticias del día siguiente podrían llegar de luto… por un error que pueda desencadenar algo mayor. Sufrirán las cadenas de suministro, el comercio, las comunicaciones, la energía… todo en un parpadear de ojos si el error es un gran detonante. O tal vez seamos afortunados y la sensatez se imponga: o nos destruimos o consensuamos. La cultura de la guerra como medio para imperar sabemos hacia dónde llevó al mundo el siglo pasado.

Como el alcance del poder no es únicamente regional sino global con consecuencias que nos afectan a todos, y cuando el riesgo desbordante es sensiblemente alto, las protestas masivas organizadas son una vía de presión.

O hacemos la apuesta: que la humanidad siga avanzando a pesar de los pesares como lo ha hecho en el pasado, aun con un alto precio en vidas y bienes o, no siendo tan optimistas, nos hundiremos en la barbarie con un ingrediente aterrador: una guerra nuclear. Ese armamento es, en teoría, de uso disuasivo solamente… hasta que deje de serlo como tal. Séneca lo advirtió: «Todo poder excesivo dura poco». Una guerra nuclear total se resolverá en cuestión de horas.

Se cierra el telón.

Concluimos con una frase inquietante de Enrique Tierno Galván: «El poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado, o estalla».

agustinperozob@yahoo.com

(Autor de los libros sociopolíticos «La Tríada» y «Érase una vez un edén en el Caribe»).

Etiquetas: La réproba aplanadora
Entrada anterior

¿Cómo van las votaciones para el Salón de la Fama en el 2026?

Siguiente entrada

Wilson Camacho: todo el que ha sustraído dinero del Senasa estará en el banquillo de los acusados

Redacción

Redacción

Relacionado...Entradas

Mi carro Frankenstein Por Edwin DeLaCruz Hay experiencias que, aunque en su momento duelen, terminan convirtiéndose en las mejores lecciones de vida. La mía tuvo como protagonista un automóvil al que, con una mezcla de humor y resignación, bauticé como **mi carro Frankenstein**. Lo llamaba así porque parecía ensamblado con piezas de diferentes vehículos. No era precisamente un automóvil que despertara admiración. Sin embargo, llegó a mis manos en el momento en que más lo necesitaba. Después de la ruptura de mi primer matrimonio perdí mucho más que una relación. También perdí estabilidad económica, el vehículo que utilizaba para trabajar como vendedor y, poco tiempo después, el empleo. De un día para otro tuve que comenzar prácticamente desde cero. Fue entonces cuando mi hermano mayor me ofreció un automóvil viejo que tenía en Santiago. Lo acepté sin pensarlo. No era el carro de mis sueños, pero sí el que me permitiría salir nuevamente a buscar oportunidades. Con ese vehículo recorrí calles, asistí a entrevistas de trabajo y visité empresas con la esperanza de encontrar una nueva oportunidad. Nunca olvidaré una de esas entrevistas. Todo marchaba bien hasta que el entrevistador me preguntó qué vehículo conducía. Al responder con sinceridad, su actitud cambió por completo. Sin preguntar por mi historia ni interesarse por las circunstancias que me habían llevado hasta allí, decidió que aquel automóvil hablaba más de mí que mi experiencia, mi preparación y mis deseos de trabajar. Salí de aquella oficina con una profunda sensación de frustración. Comprendí que muchas personas juzgan la vida de los demás por lo que ven en un instante, sin detenerse a conocer el camino recorrido para llegar hasta ese momento. Tiempo después, un amigo me hizo otro comentario que también me marcó. Al verme en aquel vehículo, me dijo que no entendía cómo podía soportar andar en un carro así después de haber tenido uno mucho mejor. Tal vez no quiso herirme, pero sus palabras confirmaron que vivimos en una sociedad que suele valorar más las apariencias que las circunstancias. Afortunadamente, decidí no quedarme atrapado en esas opiniones. Continué buscando oportunidades, conseguí empleo, volví a ahorrar y, con el paso del tiempo, pude cambiar aquel viejo automóvil por otros en mejores condiciones. Hoy, cuando recuerdo mi carro Frankenstein, ya no siento vergüenza. Siento gratitud. Aquel vehículo, que muchos habrían despreciado, fue el puente que me permitió reconstruir mi vida. Me enseñó que ninguna crisis es permanente y que el verdadero valor de una persona no puede medirse por el automóvil que conduce, la ropa que viste o los bienes que posee. Desde entonces procuro no juzgar a nadie por las apariencias. Detrás de cada rostro, de cada vehículo y de cada realidad hay una historia que desconocemos. Hay batallas silenciosas, pérdidas que no se cuentan y esfuerzos que no siempre son visibles. Todos podemos atravesar momentos difíciles. Lo importante no es el lugar desde donde comenzamos de nuevo, sino la determinación de seguir avanzando. Mi carro Frankenstein nunca fue un símbolo de derrota. Fue el recordatorio de que, aun cuando la vida parece desarmarse en mil pedazos, siempre existe la posibilidad de reconstruirla y volver a ponerse en marcha. edwindelacruzr@gmail.com (El autor es periodista y abogado residente en Santo Domingo).

14 de julio de 2026
¿Quién asesinó a Paula?

Los terremotos más asesinos

14 de julio de 2026
Nicolás Maduro desinstaló WhatsApp: ¿Por qué no hacemos lo mismo?

15,000 becas: 15,000 vidas que pueden cambiar

14 de julio de 2026
Cuando el dinero no sirve para nada

No existe tiempo perdido

14 de julio de 2026

El referéndum: una institución en espera de su materialización democrática

12 de julio de 2026
Siguiente entrada
Wilson Camacho: todo el que ha sustraído dinero del Senasa estará en el banquillo de los acusados

Wilson Camacho: todo el que ha sustraído dinero del Senasa estará en el banquillo de los acusados

Publicidad
Publicidad

(+) VISTAS

Policía apresa a un haitiano que mató a machetazos a niña de 4 años

18 de diciembre de 2021
Vaguada incrementará las precipitaciones durante las próximas 24 a 72 horas en diferentes provincias

Viento del este y vaguada seguirán produciendo aguaceros

30 de marzo de 2025

Biden: la ayuda a Ucrania e Israel es «una inversión inteligente que reportará dividendos a EE.UU. durante generaciones»

19 de octubre de 2023

Banco Central pone en circulación la obra ‘Rafael Tomás Hernández. La ciudad del hombre’

21 de abril de 2023

Miguel Vargas considera que el gobierno plantea una situación de bonanza que no existe

23 de abril de 2023
Publicidad
Precision

Con la información precisa

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
  • Económicas
  • Deportes
  • Revista
  • Opiniones

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus