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Hay más en dar que en recibir

Redacción por Redacción
19 de junio de 2025
en Opiniones
Tiempo de lectura: 2 minutos de lectura
¿Medios de comunicación normalizan la violencia estructural?
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«Más bienaventurado es dar que recibir». Este texto encontrado en Hechos 20:35, nos invita a ofrecer una mano amiga a quien sufre, a las personas más vulnerables, sin pensar hacerle un gran favor para llenar nuestro ego…, o mostrar cuán buenos, bondadosos generosos y compasivos somos.

Lo cierto es que más allá de reconocernos y alabar nuestras cualidades, nos convoca a reflexionar acerca de la actitud de servicio: un compromiso incluso espiritual, cristiano, inculcado por nuestro Padre Creador, quien es bondad.

Cada corazón compasivo, generoso, desinteresado, tiene a Dios como norte, y lo exhibe en su amor al prójimo. Al buscar el bienestar para la colectividad. «Hay más bendición en dar que en recibir». Afortunadamente, podemos hacer el ejercicio de servir a los demás desde diferentes áreas de la vida, al perdonar, ofrecer ayuda material, orar y extender nuestra mano amiga a quien sufre o está necesitado de apoyo…

En ocasiones ese apoyo no necesariamente es dinero, puede ser tiempo de calidad, un oído que sabe escuchar con paciencia, un abrazo, una acertada recomendación, incluso simplemente acompañar en silencio.

En ese aspecto, para alcanzar paz y el bienestar que esta nos aporta, es necesario vivir una vida desde la generosidad y el servicio a nuestros semejantes. Cuando ejercitamos dar a los demás, encontramos para nosotros y para quienes amamos, felicidad y bendición.

Si el omnipotente en su magnanimidad inherente es benevolente con nosotros, ¿qué nos impide emular o reciprocar sus acciones en nuestro prójimo? Ejemplos de generosidad, compasión, amabilidad, benignidad, y amor, nos elevan como seres humanos.

Sin lugar a duda, hay felicidad y satisfacción cuando damos sin esperar recibir nada a cambio. Sin trueque, simplemente ofreciendo solidaridad desde el amor. De forma genuina y sin imposición, desde la alegría.

«Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría». 2 Corintios 9:7.

La actividad de dar, fortalece nuestro sentido de propósito en la vida. Se recalca que: «Dios ama al dador alegre», y sencillamente, quien se convierte en uno, posee actitud positiva, dispuesta, motivada, voluntaria…, al hacer la obra: realizar ofrendas y donaciones.

Estamos seguros de que el Divino derrama bendiciones sobre el dador alegre, y estas, fortalecen su espiritualidad y vida terrenal. El nos ama tanto que nos dio a su propio Hijo, Jesús, para bienaventuranza de toda humanidad. Para ello, debemos afianzar nuestro plan de salvación conforme sus designios.

Abracemos entonces, con amor y júbilo la virtud denominada generosidad. Como indica Filipenses 4:4, «Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!». Tengamos presente que nuestro servicio, ayuda a quien sufre, al estar privado o con carencia de garantía de derechos humanos, fundamentales…, impactamos de forma positiva vidas.

El desinterés es felicidad y plenitud personal. El que es generoso prospera, dice Proverbios 11:25. Estas líneas, hacen hincapié en ello. Mediante ellas, hoy te invito a que juntos cultivemos este agradable hábito. A que ejercitemos gratitud, generosidad, escucha activa…,. no solo ofrezcamos cosas materiales, sino, también atención y tiempo significativo, estos, son actos de bondad.

Hasta pronto.

santosemili@gmail.com

La autora residente es educadora, periodista, abogada y locutora, residente en Santo Domingo, República Dominicana).

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