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Hablar con la pared

Máximo Caminero por Máximo Caminero
29 de septiembre de 2025
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
Cuando el dinero no sirve para nada
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«La intolerancia llegará al punto en que los hombres inteligentes dejarán de expresarse para no ofender a los imbéciles». Fiódor Dostoyevski

Ocurre de lado y lado; tanto los tontos como los más «avezados» juran tener la razón en cuanto a su «modo de pensar». A mí me pasa constantemente que me topo con personas «equivocadas» y, peor aún, fanáticos ciegos.

La verdad suele tener varias caras y muchas veces «otras más ocultas». Alcanzar a reflexionar sobre lo que «es bueno o malo» es un asunto para «gente avispada», digamos mejor, para gente despierta.

Lograr convencer a estos «incultos», y cultos también, porque hay de todo, es un asunto cuesta arriba y que muchas veces llegamos a «indignarnos» ante tanto entreguismo e ignorancia.

Muchos de estos «defensores de la verdad» son personas con cierto grado de inteligencia, que a uno se le hace «raro» que tengan un cerebro tan contradictorio donde lo ético y objetivo lo pongan de lado ante su fanatismo insensato.

Por el otro lado, están los menos dotados de información. Estos, aunque uno trata de no humillarlos, tú les envías las pruebas, los datos de que «eso» que te enviaron está manipulado digitalmente y, aunque les envíes el video real, todavía dicen que «el tipo es un estúpido»…

Pero eso también lo hacen los más avezados. Lo que nos irrita más, ya que «se supone» que tienen capacidad de discernimiento y «podrían reconocer» que se «equivocaron» o, cuando menos, que «no sabían ese dato».

La mala noticia es que el 70% de la gente con la que nos topemos forma parte de esta masa de ingenuos y, como decía el querido Facundo Cabral, «hay que tenerles miedo» porque «los boludos» son más.

Es un asunto histórico y harto probado. No puede uno decirles a estos «estoicos» la razón del porqué voté por este «fascista declarado» porque, además de no entenderla, se escudan en ella para atacar y reprochar que uno es culpable de toda la mierda, que la verdad pensé que sería menos, Mr. Trump está haciendo.

Lo que no entienden «los amigos» es que uno no está amarrado a «una cosa» como ellos, y que lo que antes fue bueno, puede terminar en malo y viceversa.

El punto es que uno «debe» tener la razón para cambiar de bando cuando «la verdad» florece. En el caso de Trump, para seguir con la idea, yo sabía de los males que adolecía y «entendí» que evitaría una conflagración mundial que nos conduciría al exterminio total; a cambio de esto, deberíamos aguantar su pedantería y ego absurdo por unos años…

Lógicamente, eso no amarra a uno «a casarse» con el malo y callar ante sus desavenencias, porque lo interesante de esto es que uno tiene «la capacidad» de reconocer sus equivocaciones, ¡¡pero estos «salta pa’ tras», no!!

Mr. Trump, está actuando tal y como esas dictaduras «de izquierda» a las que tanto atacan. Pero es de «su equipo», y a «los equipos», deportivos me refiero; uno se muere con ellos así tengan 60 años sin ganar el campeonato.

Aquí es donde más se confunden estos boludos; piensan que la política es un juego y que ellos son los fanáticos. No se dan cuenta de que es algo mucho más allá que eso y que «las miserias que acarrean», la mayoría de ellos, se las deben a «sus queridos ídolos»…

La clase alta, media y baja está llena de estos «imbéciles» que describe Dostoyevski. Con las diferencias de que, en «La alta», están los oportunistas, los que engañan y manipulan para hacerse de riquezas a costa de lo que sea.

Los de la clase media son «los aspirantes» a escalar al nivel de «vampiros» que tienen los de la alta y son «los serviles», quienes complacen y sirven de halagüeños con tal de llevarse una tajada del pastel.

Los jodidos, es decir, nosotros los de la «clase baja», somos los ingenuos, los que creemos toda la falsa información y «reels» publicados desde arriba, que ocultan sus ambiciones y que les sirven para «acabar» a quienes entienden que no pertenecen a «su estirpe».

Pero hablar con la pared es un asunto de locos. Enojarse con ella ya es asunto de «loco de remate», por lo que mejor uno se «desintegra» en la ola y se «esparce» en el silencio para evitar que «la intolerancia» termine dándonos un tiro, como le pasó a Charlie Kirk , que a pesar de no estar de acuerdo con él en un 97%, dos cosas fundamentales dijo y eso «los intolerantes» no pueden tolerarlo. ¡Salud!. Mínimo Paredero.

massmaximo@hotmail.com

(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU)

Etiquetas: Hablar con la pared
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Máximo Caminero

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