Este momento, este mismo instante que vivo bajo estas rutinas y caminos conocidos, también morirá, como han muerto todos aquellos otros por los que he navegado.
La casa de la infancia, los amigos del barrio, de la escuela. Los maestros que día a día vimos por años de aprendizaje. La llegada y salida de mañanas y noches.
El paisaje del patio y de la calle. Todo desapareció sutilmente y sin darnos cuenta, pero fue nuestra vida por largos períodos, en donde «pensábamos» que el mundo era «solo eso», y en verdad lo era.
Como lo es hoy este instante, y esta gente, y este barrio, y todas estas cosas nuevas que también se harán añejas y se perderán en el tiempo, como tantos ya se han perdido: muchos amigos y conocidos, para siempre.
Este momento, que también se hace eterno y que va por nueve años, me trajo un universo distinto de personas y pensamientos, de vicios y sueños que, en verdad, son los mismos de siempre.
Cambia la cara, pero no las historias. Repetidas una y mil veces. Los niños van creciendo y abrigando lo que de niños también pensamos. La rutina se esparce entre años de generaciones distantes, distintas, iguales…
Este momento, tan presente como aquellos, se irá disolviendo entre sábanas y puertas que se sacuden y se cierran, dejando hogares solitarios donde dejamos vibraciones que rebotan incesantemente en sus paredes.
Cada casa es un sueño donde soñar. Cada acera, las finas hileras donde voló el alma buscando encontrar la vida que la ataba. Cada cambio, el sueño que aún no se sueña.
Este instante, este momento, también morirá en la memoria y «quizás» nos será recordado por otros que anduvieron en él y que luego también desaparecerán, dejando este momento vacío y ausente de todo lo ocurrido. ¡Salud!. Mínimo Momentero.
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).








