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Portada Opiniones

En el 117.° aniversario del natalicio de Juan Bosch (2 de 3)

Redacción por Redacción
16 de julio de 2026
en Opiniones
Tiempo de lectura: 4 minutos de lectura
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Por Daniel Cruz

Veamos ahora el segundo aspecto que nos hemos propuesto destacar de la conferencia de Juan Bosch titulada «Datos para la historia del azúcar en la República Dominicana». Se trata de su afirmación de que, entre las causas de la ocupación de la República Dominicana por los Estados Unidos en 1916, tuvieron un peso determinante los elevados precios internacionales que alcanzó el azúcar; por el contrario, en la desocupación del país en 1924 influyó de forma decisiva el descenso vertical del precio de dicho producto. Ambas aseveraciones son tratadas también en su obra «Composición social dominicana». Veamos la primera tesis.

En 1914, año en que estalla la Primera Guerra Mundial, los ingenios de la República Dominicana vendieron 107,476 toneladas largas de azúcar, recuerda Bosch, quien agrega: «Se creía que la República Dominicana podía convertirse en una segunda edición de Cuba y había que aprovechar esa oportunidad de ganar millones» (Artículos y conferencias, p. 95).

Para 1915, el precio del azúcar había subido a un promedio de 3.33 dólares; en 1916 ascendió a 4.36; en 1917 a 4.54. Tras una leve baja en 1918, volvió a repuntar en 1919 hasta los 5.69 dólares y, en 1920, se situó algunas décimas por encima de los 12.73 dólares. «En seis años —resume Bosch—, las entradas de dólares por concepto de ventas de azúcar en el exterior pasaron de 7 millones 671 mil a 45 millones 105 mil. Al país había llegado la «danza de los millones»», apelativo con el que se conoció en Cuba a ese período de bonanza azucarera. De inmediato, el fundador del PLD añade:

«Para comprender por qué los Estados Unidos nos ocuparon militarmente en el año 1916 hay que conocer esos números que acabamos de dar. El azúcar era un producto que dejaba millones de dólares en las bolsas de los dueños de ingenios, y la República Dominicana era el lugar del Caribe que tenía mejores condiciones para ser dedicado a la producción de azúcar porque Cuba estaba ya saturada de caña».

A ese movimiento alcista en el precio del azúcar atribuye también Bosch los atropellos contra los campesinos, especialmente en la región este, donde se concentraba el mayor número de factorías; el levantamiento de los llamados «gavilleros» en protesta por tales abusos; y la introducción del sistema Torrens con su Tribunal de Tierras, cúspide de un andamiaje jurídico creado para legalizar el despojo de terrenos comunes y su traspaso a los ingenios, muy especialmente al Central Romana.

Sin embargo, ese ciclo paradisíaco para los sectores vinculados al negocio azucarero se vio drásticamente trastornado a partir de 1920. Los 45 millones 305 mil dólares que el país había recibido por el dulce se desplomaron en 1921 a 14 millones 338 mil, y en 1922 a apenas 9 millones 192 mil. De un precio promedio de 12.73 dólares en 1920 se pasó, en 1922, a uno de 2.39 dólares, explica Bosch.

Dicha catástrofe financiera tuvo dos efectos inmediatos, aunque de distinta duración. Primero, ofreció a los capitalistas norteamericanos la oportunidad de adueñarse casi por completo de la industria azucarera nacional, con la única excepción de la casa Vicini. ¿Cómo lo lograron? Bosch responde a esta interrogante:

«Valiéndose de sus instrumentos financieros, especialmente del National City Bank, que financiaba a los ingenios y a los colonos dominicanos con garantía de sus propiedades. Debido a ese tipo de financiamiento, al presentarse la crisis los bancos se quedaron con ingenios y colonias de caña que después pasarían a manos de empresas de capital norteamericano, como lo eran, por ejemplo, la West India Sugar y la South Puerto Rico Sugar Company. Fue a partir de ese momento cuando empezó el verdadero dominio económico de los Estados Unidos sobre la República Dominicana».

Don Juan sostiene que la misma crisis que provocó la baja del precio del azúcar y el afianzamiento del dominio económico norteamericano generó, paradójicamente, las condiciones políticas que forzarían la salida de las tropas de ocupación. «¿Cómo se explica esa contradicción?», se pregunta Bosch, para responder de inmediato:

«Se explica porque la violenta subida del precio del azúcar en 1920 preocupó a los jefes del gobierno militar norteamericano a tal punto que dictaron la Orden No. 10 sobre Control de Alimentos. Por ella se les ordenó a los dueños de ingenios retener 80 mil quintales de azúcar que quedaban a disposición de las autoridades para que estas pudieran hacerle frente a cualquier situación de emergencia relacionada con el producto. El azúcar estaba almacenado en los ingenios cuando se presentó la baja, pero se suponía que era propiedad del gobierno militar. Sin embargo el gobierno militar decidió que eran los dueños de ingenios quienes tenían que cargar con la diferencia del precio que había entre el día en que las autoridades ordenaron que ese azúcar se pusiera a su disposición y el día en que el precio cayó a niveles más bajos. Esa diferencia podía significar para los ingenios una pérdida de más de un millón de dólares…».

Los productores de azúcar nacionales —que en ese momento eran representados por los Vicini— y los consorcios norteamericanos no asimilaron de buena gana aquella disposición gravosa. Por ello, retomando el análisis de su libro «Composición social dominicana», Bosch expresa que «entre un gobierno dominicano que podía ofrecer ventajas como las de la Ley de Concesiones Agrícolas y un gobierno militar norteamericano que trataba de esa manera a los azucareros yanquis no podía haber dudas. Los intereses azucareros se dieron cuenta de que para ellos era mejor negocio que los infantes de marina volvieran a los Estados Unidos».

Además, como puntualiza el prócer político, «al fin y al cabo (los infantes) ya habían cumplido su función como policía imperial, puesto que habían legislado para garantizarles a los ingenios la propiedad de las mejores tierras de caña del país» («Composición social dominicana», p. 347, ed. 2013, Colección Voz para Todos, Fundación Juan Bosch).

Como telón de fondo de este histórico escenario, Bosch concluye de forma categórica: «Es ahí, en ese hecho, donde se halla la explicación de la facilidad con que se llevaron a cabo las negociaciones del Plan Hughes-Peynado, en virtud del cual el gobierno de ocupación fue sustituido en 1922 por un gobierno provisional encabezado por Juan Bautista Vicini Burgos, miembro de la única familia dominicana que compartía con firmas norteamericanas la dirección del negocio azucarero en el país».

danielcruzpld@gmail.com

(El autor es periodista residente en Santo Domingo, República Dominicana).

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