En torno a la polémica que ha desatado el coste de un viaje realizado a Europa por titulares de la Junta Central Electoral se está perdiendo de vista el fondo verdadero de la cuestión, que en esencia tiene que ver con el voto de los dominicanos en el exterior en su conjunto.
Es probable que los boletos aéreos, viáticos y dietas de los funcionarios electorales que se desplazaron significan un gasto más o menos excesivo, tomando en cuentas ciertos parámetros.
Sin embargo, donde deberíamos enfocarnos es si vale la pena mantener la «conquista» del voto en el exterior, concebido como un reconocimiento a la vinculación permanente de nuestros compatriotas allende los mares.
Digo de forma tajante—y a riesgo de recibir una andanada—, que al establecer la relación costo beneficio, el voto en el exterior es un dispendio que valdría la pena analizar si conviene que se mantenga.
Y a partir de lo sucedido en las pasadas elecciones de 2024, resulta más que evidente que mantener el voto en el exterior solo se justifica a partir de un populismo que, precisamente por tratarse de eso, no admitiría ningún análisis razonable.
Veamos lo que significó el voto dominicano en el exterior:
—En la Circunscripción 1, que abarca desde Orlando, en los Estados Unidos, hasta Canadá, de un total de 549,553 inscritos, solo votaron 96,027, para un pírrico 17.47 %.
—Circunscripción 2, compuesta por Miami, Puerto Rico y el resto del continente americano, estaban registrados 164,795 electores, de los cuales sufragaron 31,183, equivalente al 18.92 %.
—Circunscripción 3, integrada por España y el resto de Europa, estaban empadronados 149,436, y acudieron a las urnas 37,250 electores, para un 24.93 %, la participación más elevada, pero igualmente insignificante.
Es decir, de manera conjunta los dominicanos en el exterior estaban registrados en 2024 un total de 863,781 electores—o sea, un padrón superior a la lista de electores de al menos 95 por ciento de las provincias del país—, de los cuales, en términos globales, apenas votaron 164,460, para un 20,14%.
La evidente falta de motivación se produce, a pesar del aliciente particular de las siete diputaciones de ultramar, otro sinsentido hijo también del populismo, y cuya existencia carece de toda lógica razonable. Analicemos…
Nelsonencar10@gmail.com
(El autor es periodista residente en Santo Domingo, República Dominicana).










