martes, julio 14, 2026
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Advertisement
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Precision
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Sin resultados
Ver todos los resultados
Portada Opiniones

El infinito del infinito

Máximo Caminero por Máximo Caminero
19 de febrero de 2024
en Opiniones
Tiempo de lectura: 4 minutos de lectura
FacebookTwitterWhatsappTelegram

Yo sé que este latido resultara extraño, pero «créanme» lo extraño convive en nosotros y ni cuenta nos damos.

Uno se pasea, se levanta, se sienta, se deleita, se distrae y dentro percibe «algo» que lo va llevando de la mano hacia «algún lugar». Conoce que perecerá, pero se resiste. Se mantiene incólume caminando hacia «la nada»…

Los hongos alucinógenos son un buen portal para «alcanzar» a ver el infinito. Son las herramientas que, según se especula, hicieron que el hombre de las cavernas, lograra desembarazarse, un poco, de su estado animal salvaje.

Cuando la cacería se hacía difícil, no le quedaba más remedio que ir «probando» una a una, todas las plantas que encontraba. Así fue como muchos quedaron en el camino más tiesos que una vaca, cosa que sirvió para ir descartando «lo bueno, de lo malo».

En esa «degustación» forzada, aprendieron que «unos honguitos» por ahí, daban «ciertos, viajes», en los que su cuerpo volaba libremente como pájaro… Pero también accedían a «otros mundos» en donde las cosas no eran como las que siempre veían…

La curiosidad hizo que todos la probaran y es allí, cuando el más avispado, tratando de darle una explicación a semejantes visiones, se hizo «curandero» de la tribu. La tradición siguió hasta nuestros días, aunque les hemos ido cambiando el nombre, gurú, brujas, chamán, entre veinte mil nombres más.

Podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, aunque no estuvimos allí, que todas las religiones del planeta tienen una dosis alucinógena entre las piernas…

La «pseudo consciencia» se despertó y ahora el cavernícola pensó que la carne cruda sabía mejor si se «achicharraba» un poco, pero primero tenía que «traer el Sol a la tierra» y entonces creo el fuego. Se abrigó de la piel de los bisontes y hasta se hizo una casita en la cueva más cercana.

Dado que «las dosis» continuaron «periódicamente» se buscó reproducir «esos colores» que veían en el «más allá» y así se fueron haciendo los equipos de pelota, por decir, los de la cueva de allá y los de la cueva de acá…

Así se fue dando origen a «la pertenencia» y en consecuencia a las diferencias. Ahora ya existían los que se vestían de rojo y los que lo hacían de azul. Más adelante se hicieron llamar Tokischa y los otros Totunos. La división estaba garantizada por los siglos de los siglos.

No sirvieron esos hongos para unir, más bien «lo que vieron», solo les sirvió para «despertar» ante sí mismos como individuos «organizados». «Seres» que «podían» agenciarse una mejor vida si usaban «algo» de esa consciencia que estaba lejos y que no sabían. ¡Qué carajos era!

En el transcurso de miles de años, todavía no sabemos que es. Somos temerosos a indagar con más «certeza». ¿Qué carajos es eso? Efectivamente, hemos matado a miles de brujas en las inquisiciones pasadas y «los nuevos chamanes» están organizados en iglesias con las debidas religiones de sus respectivos «colores» para «evitar» que alguien ose pasarse de la raya…

Sin embargo, los estudios más avanzados en «micología», la ciencia que estudia los hongos, han ido descubriendo los beneficios «mentales» que estos aportan, especialmente a ciertos cavernícolas con problemas de bipolaridad y demás estados de naufragio.

Además de los miles de productos elaborados a base de procesos microbiológicos que también son parte de la familia de los «eucarióticos», otro nombre dado por la ciencia. Solo como referencia instructiva añadiré que, el hongo comestible más delicioso y caro es el «tuber magnatum» o trufa blanca y el más venenoso es la Amanita Phalloides. El cual es responsable de diezmar a la mitad de los cavernícolas…

Entre los alucinógenos están los «psilocibios». Ingeridos en dosis altas pueden causar pánico y delirio, además de alucinaciones que desvirtúan la realidad. Sin embargo, en dosis limitadas, uno podría ser el observador de «ese otro mundo» y descubrir el infinito del infinito.

Ante nuestros ojos se levantan finas columnas amarradas en lazos intercalados de blanco plateado y rojo. El movimiento es constante y en perfecta armonía. Van, estos millones de columnas, entrelazadas hacia una dirección que no tiene fin. Luego se presenta otro paisaje de perfectos fractales evocando un mundo totalmente distinto al anterior que puede adquirir distintas formas y direcciones.

Uno permanece absorto y comprende que es testigo de la inmensidad y variedad infinita de universos paralelos. Se logra ver lo pequeño que somos, por no decir «nada», y lo absurdo que somos en este mundo de «rojos y azules». Se alcanza a ver la inmensidad del alma, la verdadera esencia que nos compone y lo eterno que somos.

Todos estos pensamientos son los que «uno» logra discernir, tomando en cuenta los miles de «civilización» que les llevamos a los cavernícolas.

Me dijo «el gurú» que si consumía el doble de la dosis tomada, lograría ser parte de lo visto y de «bañarme» entre todas esas dimensiones. Yo la verdad que no estoy muy interesado en «añadirme» a esos «nudos» coloridos. Mi intención es alcanzar el verdadero sentido del alma, por lo que estos viajes «alucinógenos» no conducen a esa experiencia que ya viví, unos 30 años atrás.

No me interesa llegar al infinito, sino «al finito» que enmarca esta «realidad terrena». Tengo preguntas que igual temo que al ser contestadas solo abrirán las puertas a infinitos de infinitos. Una vaina loca con un sentido magistral que solo podría explicarse entre millones de nudos danzando hacia infinitas direcciones.

¡Salud! Mínimo Conguero.

massmaximo@hotmail.com

(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).

Etiquetas: El infinito del infinito
Entrada anterior

Nelson de la Rosa agradece respaldo de la población

Siguiente entrada

El Senpa arrestó en enero a 350 personas en 953 operativos contra delitos ambientales

Máximo Caminero

Máximo Caminero

Relacionado...Entradas

Mi carro Frankenstein Por Edwin DeLaCruz Hay experiencias que, aunque en su momento duelen, terminan convirtiéndose en las mejores lecciones de vida. La mía tuvo como protagonista un automóvil al que, con una mezcla de humor y resignación, bauticé como **mi carro Frankenstein**. Lo llamaba así porque parecía ensamblado con piezas de diferentes vehículos. No era precisamente un automóvil que despertara admiración. Sin embargo, llegó a mis manos en el momento en que más lo necesitaba. Después de la ruptura de mi primer matrimonio perdí mucho más que una relación. También perdí estabilidad económica, el vehículo que utilizaba para trabajar como vendedor y, poco tiempo después, el empleo. De un día para otro tuve que comenzar prácticamente desde cero. Fue entonces cuando mi hermano mayor me ofreció un automóvil viejo que tenía en Santiago. Lo acepté sin pensarlo. No era el carro de mis sueños, pero sí el que me permitiría salir nuevamente a buscar oportunidades. Con ese vehículo recorrí calles, asistí a entrevistas de trabajo y visité empresas con la esperanza de encontrar una nueva oportunidad. Nunca olvidaré una de esas entrevistas. Todo marchaba bien hasta que el entrevistador me preguntó qué vehículo conducía. Al responder con sinceridad, su actitud cambió por completo. Sin preguntar por mi historia ni interesarse por las circunstancias que me habían llevado hasta allí, decidió que aquel automóvil hablaba más de mí que mi experiencia, mi preparación y mis deseos de trabajar. Salí de aquella oficina con una profunda sensación de frustración. Comprendí que muchas personas juzgan la vida de los demás por lo que ven en un instante, sin detenerse a conocer el camino recorrido para llegar hasta ese momento. Tiempo después, un amigo me hizo otro comentario que también me marcó. Al verme en aquel vehículo, me dijo que no entendía cómo podía soportar andar en un carro así después de haber tenido uno mucho mejor. Tal vez no quiso herirme, pero sus palabras confirmaron que vivimos en una sociedad que suele valorar más las apariencias que las circunstancias. Afortunadamente, decidí no quedarme atrapado en esas opiniones. Continué buscando oportunidades, conseguí empleo, volví a ahorrar y, con el paso del tiempo, pude cambiar aquel viejo automóvil por otros en mejores condiciones. Hoy, cuando recuerdo mi carro Frankenstein, ya no siento vergüenza. Siento gratitud. Aquel vehículo, que muchos habrían despreciado, fue el puente que me permitió reconstruir mi vida. Me enseñó que ninguna crisis es permanente y que el verdadero valor de una persona no puede medirse por el automóvil que conduce, la ropa que viste o los bienes que posee. Desde entonces procuro no juzgar a nadie por las apariencias. Detrás de cada rostro, de cada vehículo y de cada realidad hay una historia que desconocemos. Hay batallas silenciosas, pérdidas que no se cuentan y esfuerzos que no siempre son visibles. Todos podemos atravesar momentos difíciles. Lo importante no es el lugar desde donde comenzamos de nuevo, sino la determinación de seguir avanzando. Mi carro Frankenstein nunca fue un símbolo de derrota. Fue el recordatorio de que, aun cuando la vida parece desarmarse en mil pedazos, siempre existe la posibilidad de reconstruirla y volver a ponerse en marcha. edwindelacruzr@gmail.com (El autor es periodista y abogado residente en Santo Domingo).

14 de julio de 2026
¿Quién asesinó a Paula?

Los terremotos más asesinos

14 de julio de 2026
Nicolás Maduro desinstaló WhatsApp: ¿Por qué no hacemos lo mismo?

15,000 becas: 15,000 vidas que pueden cambiar

14 de julio de 2026
Cuando el dinero no sirve para nada

No existe tiempo perdido

14 de julio de 2026

El referéndum: una institución en espera de su materialización democrática

12 de julio de 2026
Siguiente entrada
Medio Ambiente rescata siete flamencos en alojamiento turístico de Puerto Plata

El Senpa arrestó en enero a 350 personas en 953 operativos contra delitos ambientales

Publicidad
Publicidad

(+) VISTAS

Seis personas fueron asesinadas en un tiroteo en Sacramento

3 de abril de 2022
P. Rico-Destapa Carlos Díaz violaciones ambientales de Pierluisi en dos propiedades de Air B&B en la Bahía de Guánica

P. Rico-Destapa Carlos Díaz violaciones ambientales de Pierluisi en dos propiedades de Air B&B en la Bahía de Guánica

8 de abril de 2024

Condenan a 10 años de prisión a un hombre que hirió a machetazos a expareja y a una hija de esta menor de edad en Villa Tapia

4 de mayo de 2023
FEMA asigna fondos para conservación y recreación en Cabo Rojo

FEMA asigna fondos para conservación y recreación en Cabo Rojo

27 de junio de 2024

Dirigente del PLD define a Domínguez Brito como el mejor candidato de ese partido

4 de febrero de 2022
Publicidad
Precision

Con la información precisa

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
  • Económicas
  • Deportes
  • Revista
  • Opiniones

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus