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Portada Opiniones

El enemigo

Máximo Caminero por Máximo Caminero
30 de junio de 2025
en Opiniones
Tiempo de lectura: 2 minutos de lectura
El poder de la oración
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Todas las mañanas me miraba en el espejo del baño, pero ya tengo dos semanas sin hacerlo y apenas recuerdo mi rostro. He decidido no volver a verme, no porque note el paso del tiempo por él, sino más bien porque ya no le tengo confianza.

Cada vez desconfío más de mí mismo, es decir, «de aquel» que sé que no soy. Un intruso disfrazado de mí, aunque debo decir que «ese», que toda la vida he creído ser, no lo soy.

Todo me llegó como una revelación «anónima»; «algo» dentro de mí surgió y me posó al oído que todo era una falsa…

Aunque intenté que esa misma voz me dijera «¿Por qué?», no hubo manera de que respondiera. Se esfumó en el mismo humo que llegó. Cierto olor extraño percibí, pero no alcancé a «descifrar» de qué era.

Lo cierto es que, desde ese día, no he vuelto a verme, por no decir y para que ustedes me entiendan: «no he vuelto a ver a ese».

Sí lo recuerdo con sospecha, ya que he meditado mucho en estas dos semanas que no sé de mí, que «ese» era el enemigo que tanto me jodió en la vida. Constantemente se metía en un lío y me tenía la vida colgando entre ansiedades y desenfrenos.

Un enemigo que me poseyó y vivió todos estos años fingiendo ser yo y encima me ha dejado una deuda impagable, además de más de quince hijos que ni recuerdo de dónde salieron.

Tengo miedo de salir a la calle, por temor a «ser reconocido» y que me sigan acusando de cosas que «ese hijo de puta» hizo en mi nombre. Se me cae la cara de la vergüenza, aunque no estaría mal que se cayera literalmente y así me libraría de él, pero no sé cómo se producen los milagros que tanto le achacan a Jesús…

No se imaginan ustedes lo difícil que es vivir con el enemigo encima de uno. He intentado cambiar la apariencia, dejándome crecer la barba, los bigotes, raspándome todo el pelo, lo poco que quedaba, tiñéndome de todos los colores, hasta rosado, pero «el maldito» no deja de ser «quien es».

Aunque la última vez que lo vi, lucía demacrado y pálido. Tenía un rostro de muerte en la cara y lo sé, porque he visto muchos amigos morirse con esa apariencia «grisosa»…

Pienso que sería lo ideal si se muriera, aunque no sé qué me pasaría a mí, pues una vez intenté ahorcarlo y noté que a mí también me dolía la lengua, y los ojos me brotaban como si quisieran salirse.

Es por esto que he optado por no verlo más y dejar de pensar en él, ya que me siento acosado por su presencia, como si sus energías me arroparan y se apoderaran de mí.

La verdad es que me siento mejor desde que dejé de verlo. Como si volviese a recuperar las ganas de vivir, aunque solo sea desde esta habitación oscura, desde donde puedo ver por la ventana toda la gente que, sin saberlo, anda con el enemigo dentro. ¡Salud!. Mínimo Eneminero.

massmaximo@hotmail.com

(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).

Etiquetas: El enemigo
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