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Portada Opiniones

Ecocidio en Laguna Cabral

Narciso Isa Conde por Narciso Isa Conde
2 de noviembre de 2025
en Opiniones
Tiempo de lectura: 2 minutos de lectura
El avión
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La Laguna Rincón o de Cabral -el re­fugio de vida silvestre y cuerpo de agua dulce “más importante del país”- está “en peligro crítico”, según considera­ciones del Resumen Ejecutivo del In­forme de las Comisiones Ambientales de la UASD y la Academia de Ciencias.

Su desecación “no es un fenómeno natural cíclico, sino el resultado pre­decible de una crisis de gobernan­za hídrica y un colapso de la institu­cionalidad ambiental del Estado.” Está confirmado científicamente que la causa determinante de esa crisis “es la derivación de entre el 80% y el 90% del caudal del río Yaque del Sur en el dique de Santana, para el uso exclusivo del Consor­cio Azucarero Central de Barahona(CAC)”.

Su sobreexplotación “se ve agravada por la obstrucción total y el abandono de­liberado del Canal Trujillo, la princi­pal arteria de alimentación de la lagu­na, cuyo estado de ruina contrasta con el mantenimiento óptimo de la infraestruc­tura que sirve a los intereses del consorcio.”

La principal responsabilidad de esta ca­tástrofe “recae en el Instituto Nacio­nal de Recursos Hidráulicos (INDR­HI)”, entidad que “ha incumplido de manera flagrante su obligación legal”. La deforestación y prácticas agrícolas in­sostenibles, han “reducido la capacidad natural de regulación hídrica del siste­ma, disminuyendo la oferta de agua y au­mentando la carga de sedimentos que afectan las presas y la propia laguna”. Y una nueva amenaza se cierne sobre la región: “la proliferación de conce­siones mineras en las zonas de su cabe­cera, destacando el proyecto Romero de Gold Quest.

La potencial introduc­ción de la minería de oro y cobre a gran es­cala en esta cuenca, ya críticamente estresa­da, representa un riesgo inaceptable que po­dría comprometer de manera irreversible la calidad y cantidad del agua para toda la re­gión Suroeste…constituyendo un ecocidio”.

Ese informe propone un “plan de acción por fases” que incluye medidas de emergen­cia como “la liberación de pulsos de agua para reanimar la laguna, el establecimien­to de un caudal ecológico permanente y la reapertura inmediata del Canal Trujillo.”

@narcisoisaconde

(El autor es dirigente político residente en Santo Domingo, República Dominicana).

Etiquetas: Ecocidio en Laguna Cabral
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Mi carro Frankenstein Por Edwin DeLaCruz Hay experiencias que, aunque en su momento duelen, terminan convirtiéndose en las mejores lecciones de vida. La mía tuvo como protagonista un automóvil al que, con una mezcla de humor y resignación, bauticé como **mi carro Frankenstein**. Lo llamaba así porque parecía ensamblado con piezas de diferentes vehículos. No era precisamente un automóvil que despertara admiración. Sin embargo, llegó a mis manos en el momento en que más lo necesitaba. Después de la ruptura de mi primer matrimonio perdí mucho más que una relación. También perdí estabilidad económica, el vehículo que utilizaba para trabajar como vendedor y, poco tiempo después, el empleo. De un día para otro tuve que comenzar prácticamente desde cero. Fue entonces cuando mi hermano mayor me ofreció un automóvil viejo que tenía en Santiago. Lo acepté sin pensarlo. No era el carro de mis sueños, pero sí el que me permitiría salir nuevamente a buscar oportunidades. Con ese vehículo recorrí calles, asistí a entrevistas de trabajo y visité empresas con la esperanza de encontrar una nueva oportunidad. Nunca olvidaré una de esas entrevistas. Todo marchaba bien hasta que el entrevistador me preguntó qué vehículo conducía. Al responder con sinceridad, su actitud cambió por completo. Sin preguntar por mi historia ni interesarse por las circunstancias que me habían llevado hasta allí, decidió que aquel automóvil hablaba más de mí que mi experiencia, mi preparación y mis deseos de trabajar. Salí de aquella oficina con una profunda sensación de frustración. Comprendí que muchas personas juzgan la vida de los demás por lo que ven en un instante, sin detenerse a conocer el camino recorrido para llegar hasta ese momento. Tiempo después, un amigo me hizo otro comentario que también me marcó. Al verme en aquel vehículo, me dijo que no entendía cómo podía soportar andar en un carro así después de haber tenido uno mucho mejor. Tal vez no quiso herirme, pero sus palabras confirmaron que vivimos en una sociedad que suele valorar más las apariencias que las circunstancias. Afortunadamente, decidí no quedarme atrapado en esas opiniones. Continué buscando oportunidades, conseguí empleo, volví a ahorrar y, con el paso del tiempo, pude cambiar aquel viejo automóvil por otros en mejores condiciones. Hoy, cuando recuerdo mi carro Frankenstein, ya no siento vergüenza. Siento gratitud. Aquel vehículo, que muchos habrían despreciado, fue el puente que me permitió reconstruir mi vida. Me enseñó que ninguna crisis es permanente y que el verdadero valor de una persona no puede medirse por el automóvil que conduce, la ropa que viste o los bienes que posee. Desde entonces procuro no juzgar a nadie por las apariencias. Detrás de cada rostro, de cada vehículo y de cada realidad hay una historia que desconocemos. Hay batallas silenciosas, pérdidas que no se cuentan y esfuerzos que no siempre son visibles. Todos podemos atravesar momentos difíciles. Lo importante no es el lugar desde donde comenzamos de nuevo, sino la determinación de seguir avanzando. Mi carro Frankenstein nunca fue un símbolo de derrota. Fue el recordatorio de que, aun cuando la vida parece desarmarse en mil pedazos, siempre existe la posibilidad de reconstruirla y volver a ponerse en marcha. edwindelacruzr@gmail.com (El autor es periodista y abogado residente en Santo Domingo).

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