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Dominicanos en la Florida

Máximo Caminero por Máximo Caminero
4 de diciembre de 2021
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
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De los más de dos millones de dominicanos que viven en los Estados Unidos, unos doscientos mil viven en el estado de la Florida.

La emigración dominicana hacia el estado norteamericano se remonta a los años 40. Pero no fue hasta entrados los 90 cuando esa emigración creció exponencialmente.

Un alto porcentaje de estos fueron jóvenes de clase media y con estudios universitarios. Existe un gran número de doctores, ingenieros, arquitectos, abogados entre otras profesiones, destacados por toda la geografía floridana.

Empresarios y exportadores son de los más numerosos, dado el alto nivel de negocios que se realizan entre la florida y la republica dominicana.

En los años de la dictadura Trujillista, el dominicano más destacado en visitar el estado del sol, fue Porfirio Rubirosa quien sostuvo relaciones con la clase más poderosa ubicada en la ciudad de Palm Beach.

Luego, otros dominicanos afiliados a la época de Balaguer, compraron residencias específicamente en la ciudad de Miami. Atraídos por la adquisición que Trujillo hizo en años anteriores de la mansión que hoy ocupa el consulado dominicano ubicado en la prestigiosa avenida de Brickell.

Miami siempre ha sido un lugar atractivo para la clase alta dominicana. En la pequeña isla de Brickell Key, en el mismo centro del downtowm, hay un gran número de estos de los que podría destacar empresarios y políticos que han encontrado su refugio «secreto» en esta isla.

En cuanto a la política, los dominicanos son apáticos en participar en los torneos electorales dominicanos. Solo aparecen registrados con derecho a votar desde el estado unos 60 mil y ejercen esta función menos de 17 mil…

En cambio, en las elecciones nacionales, es decir norteamericanas, este número crece a casi un 70% de los 200 mil residentes. Cuando se le pregunta a un dominicano ¿por qué no vota en las elecciones de su país? Solo atina a decir que «sería una pérdida de tiempo»…

Grupos culturales florecieron en los años 90, pero se extinguieron dada la poca simpatía que obtenían. Los actos culturales no fueron atractivos para esta comunidad que se diluye en un estado más grande en territorio que la República Dominicana.

Los hijos de esos dominicanos floridanos no son muy dados a visitar sus raíces. Aun teniendo en cuenta la cercanía que es apenas de 900 millas. Un vuelo se toma en llegar a la ciudad capital, Santo Domingo, 1 hora y 50 minutos.

No existe un club o centro cultural dominicano. Apenas unos cuantos restaurantes en donde la música popular suena de fondo. Programas radiales dirigidos por dominicanos abundaban más en los 90 y la mayoría estaba enfocada en «dilucidar» los dilemas políticos del momento.

Ni hablar de programas televisivos, a pesar de algunos intentos, no han logrado «afincar» las bases necesarias. Algunas figuras de la televisión dominicana intentaron sin suerte establecerse en este estado que parece arropar en el silencio a muchas estrellas que descollan en sus países de origen.

Algunos dominicanos han logrado asumir posiciones electivas de la política local, pero desafortunadamente, han sido removidos por razones diversas que van desde «conflictos de intereses» hasta faltas graves a la «ética»…

Con una inmigración cada vez menor desde la isla y si mayor de otros estados norteños, los dominicanos irán perdiendo más el interés por sus raíces isleñas y adaptándose a ser «gringos forzosos». De hecho, la fisonomía norteamericana ha cambiado tanto que la variedad de razas es un crisol del mundo ocupando una sola nación.

Los dominicanos de la Florida, contrario a los de New York, han perdido mucho de su identidad original. La distancia, el aislamiento, el poco contacto de unos con otros, la falta de espacios en donde se «asienta» lo criollo, la discreta difusión radial, entre otros factores, terminará por abrazar los últimos resquicios de esencia dominicana que queden.

El tiempo, que de todo se encarga, no dejará una huella de la cual podamos posar nuestra esencia. El parque y la calle denominada en honor de nuestro patricio, Juan Pablo Duarte, adquirirán otro nombre tal y como fueron despojados los anteriores. Todavía sigue siendo Rubirosa, lo más destacado que ha pasado por estos lares…todo un desatino para tanta gente talentosa. ¡Salud!.

massmaximo@hotmail.com>

(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach).

Etiquetas: DominicanosEEUUFlorida
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