martes, julio 14, 2026
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Advertisement
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Precision
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Sin resultados
Ver todos los resultados
Portada Opiniones

Capitalismo o comunismo

Redacción por Redacción
17 de marzo de 2021
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
FacebookTwitterWhatsappTelegram

En el mundo actual, los opuestos que se debaten por imponer sus ideales o principios son; el capitalismo y el comunismo.

Ambas «filosofías» se oponen a la verdad mayor, aquella en donde estamos todos inmersos…el yo.

Si bien es cierto que «el yo» se aproxima más al capital, no deja, ese yo, de debatirse entre su carne y su alma. Como seres humanos que somos reconocemos que estamos en un estado provisional que terminara.

Cuando digo «filosofías» no dejo de reconocer que son estamentos bien pensados y estudiados dentro de la sociología humana, pero ambas han probado que no resuelven el dilema del hombre.

No proveen el beneficio al que se aspira una sociedad que pulula entre uno y el otro intentando encontrar la «ecuación adecuada» que nos permita un bienestar sin estrés, es decir…el paraíso ofrecido por Dios al hombre.

Aspiramos a encontrarlo pesimistamente en el cielo y no concretamos un paraíso terrenal en donde este mundo tan hermoso nos brinda el escenario para ello.

Una sociedad capitalista se enfoca en subsistir a como dé lugar mediante el trabajo físico o intelectual. El reto es llegar a la cima y no existen límites ni topes para acaparar fortuna.

Se tiene la libertad de hacer o no hacer, es decir, usted decide dormir en la cama… o en el concreto.

La sociedad capitalista, goza de reglas y de un entramado de leyes con el fin de «protegernos» contra los fraudes y los abusos a los que solemos acudir constantemente los hombres.

Sin embargo, estos mismos principios de orden y libertad entre comillas, realmente producen un altísimo porcentaje de esclavos dominados subliminalmente por un reducido grupo de «hombres exitosos».

La realidad del conglomerado capitalista es que la inmensa mayoría de ciudadanos tendrá que trabajar constantemente para sostener sus placeres adecuados; casa, carro, seguros, alimentación etc. Etc. Etc.

En el caso comunista, «se intenta» eximir al hombre de todas estas responsabilidades otorgándole «todas esas necesidades» sin que se «sienta» esclavo.

Es decir, trabajes o no trabajes, tendrás «asegurado» tu techo, tu cama, tu comida…etc. Etc. Etc.

Yo sé que explicar ambas teorías humanas, requeriría de muchas más que estas simples líneas. Ambas gozan de robustos manuscritos en donde se detallan los procesos y fórmulas para su exitoso funcionamiento.

Pero no, ambas teorías, ¡brillantes! No han podido ser aplicadas porque se olvidaron de un detalle sencillo…el hombre.

Se olvidaron que somos fabricados con un dispositivo llamado «ego». Que no requiere ser activado ya que está constantemente encendido.

Nos gusta más el capital porque en el podemos «intentar», una y mil veces, escalar esa montaña hasta llegar a la cima donde seremos admirados y reverenciados por todos nuestros esclavos.

El capital nos «permite» fingir «éxito» al endeudarnos en casas, carros o cualquier artículo que nos proporcione…status. Así nos esté llevando el mismo diablo.

En el comunismo, andar con una camisa andrajosa y en bicicleta no nos resalta en nada así tengamos lo básico sin el estrés agregado…pero igual, el diablo nos lleva.

Y es que no hemos podido combinar riquezas y necesidades sin que tengamos que sufrir por ello.

La fórmula mágica en donde todos seamos exitosos sin necesidad de padecer por ello tiene más un parecido a la famosa estafa de la pirámide o esquema Ponzi.

Como todos nos vamos a morir y tenemos un tiempecito aquí en la tierra, la fórmula sería que desde el nacimiento hasta los 20 años gozáramos de nuestra niñez y juventud romántica.

De los 20 a los 40 trabajaríamos como burros y de los 40 en adelante disfrutaríamos de todos los lujos habidos y por haber.

¡¡Así solo tendríamos que trabajar veinte años de esclavos sosteniéndolos a todos y el resto…a gozar!!.

Una buena casa, un buen carro, buena comida, las mejores vestimentas y así, usted pida por esa boca…

El sueño capitalista al igual que el comunista, no son más que sueños que muy pocos logran soñar y siempre son los que dirigen la orquesta.

Eliminar el ego posiblemente sea la tarea más compleja. Mientras tanto…yo seguiré filosofando y evitando el trabajo lo más que pueda. ¡salud!. Mínimo Caminero.

massmaximo@hotmail.com

(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach).

Etiquetas: CapitalismoO comunismo
Entrada anterior

Diez años de prisión a hombre que violó a una anciana en Tenares

Siguiente entrada

Liderazgo de Yadier a otro nivel en San Luis

Redacción

Redacción

Relacionado...Entradas

Mi carro Frankenstein Por Edwin DeLaCruz Hay experiencias que, aunque en su momento duelen, terminan convirtiéndose en las mejores lecciones de vida. La mía tuvo como protagonista un automóvil al que, con una mezcla de humor y resignación, bauticé como **mi carro Frankenstein**. Lo llamaba así porque parecía ensamblado con piezas de diferentes vehículos. No era precisamente un automóvil que despertara admiración. Sin embargo, llegó a mis manos en el momento en que más lo necesitaba. Después de la ruptura de mi primer matrimonio perdí mucho más que una relación. También perdí estabilidad económica, el vehículo que utilizaba para trabajar como vendedor y, poco tiempo después, el empleo. De un día para otro tuve que comenzar prácticamente desde cero. Fue entonces cuando mi hermano mayor me ofreció un automóvil viejo que tenía en Santiago. Lo acepté sin pensarlo. No era el carro de mis sueños, pero sí el que me permitiría salir nuevamente a buscar oportunidades. Con ese vehículo recorrí calles, asistí a entrevistas de trabajo y visité empresas con la esperanza de encontrar una nueva oportunidad. Nunca olvidaré una de esas entrevistas. Todo marchaba bien hasta que el entrevistador me preguntó qué vehículo conducía. Al responder con sinceridad, su actitud cambió por completo. Sin preguntar por mi historia ni interesarse por las circunstancias que me habían llevado hasta allí, decidió que aquel automóvil hablaba más de mí que mi experiencia, mi preparación y mis deseos de trabajar. Salí de aquella oficina con una profunda sensación de frustración. Comprendí que muchas personas juzgan la vida de los demás por lo que ven en un instante, sin detenerse a conocer el camino recorrido para llegar hasta ese momento. Tiempo después, un amigo me hizo otro comentario que también me marcó. Al verme en aquel vehículo, me dijo que no entendía cómo podía soportar andar en un carro así después de haber tenido uno mucho mejor. Tal vez no quiso herirme, pero sus palabras confirmaron que vivimos en una sociedad que suele valorar más las apariencias que las circunstancias. Afortunadamente, decidí no quedarme atrapado en esas opiniones. Continué buscando oportunidades, conseguí empleo, volví a ahorrar y, con el paso del tiempo, pude cambiar aquel viejo automóvil por otros en mejores condiciones. Hoy, cuando recuerdo mi carro Frankenstein, ya no siento vergüenza. Siento gratitud. Aquel vehículo, que muchos habrían despreciado, fue el puente que me permitió reconstruir mi vida. Me enseñó que ninguna crisis es permanente y que el verdadero valor de una persona no puede medirse por el automóvil que conduce, la ropa que viste o los bienes que posee. Desde entonces procuro no juzgar a nadie por las apariencias. Detrás de cada rostro, de cada vehículo y de cada realidad hay una historia que desconocemos. Hay batallas silenciosas, pérdidas que no se cuentan y esfuerzos que no siempre son visibles. Todos podemos atravesar momentos difíciles. Lo importante no es el lugar desde donde comenzamos de nuevo, sino la determinación de seguir avanzando. Mi carro Frankenstein nunca fue un símbolo de derrota. Fue el recordatorio de que, aun cuando la vida parece desarmarse en mil pedazos, siempre existe la posibilidad de reconstruirla y volver a ponerse en marcha. edwindelacruzr@gmail.com (El autor es periodista y abogado residente en Santo Domingo).

14 de julio de 2026
¿Quién asesinó a Paula?

Los terremotos más asesinos

14 de julio de 2026
Nicolás Maduro desinstaló WhatsApp: ¿Por qué no hacemos lo mismo?

15,000 becas: 15,000 vidas que pueden cambiar

14 de julio de 2026
Cuando el dinero no sirve para nada

No existe tiempo perdido

14 de julio de 2026

El referéndum: una institución en espera de su materialización democrática

12 de julio de 2026
Siguiente entrada

Liderazgo de Yadier a otro nivel en San Luis

Comentarios sobre post

Publicidad
Publicidad

(+) VISTAS

Maravillas de la Web: Déficits de atención

20 de mayo de 2020
Accidente de tránsito deja cuatro fallecidos en la carretera La Otra Banda-Venda

Accidente de tránsito deja cuatro fallecidos en la carretera La Otra Banda-Venda

4 de febrero de 2025
Somos más ricos desde 2020

La criminalidad y nuestro entorno

17 de abril de 2024
ProDominicana busca nuevas inversiones turísticas para República Dominicana en FITUR 2025

ProDominicana busca nuevas inversiones turísticas para República Dominicana en FITUR 2025

20 de enero de 2025

Junta Central Electoral busca mejorar el resguardo de documentos

12 de enero de 2021
Publicidad
Precision

Con la información precisa

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
  • Económicas
  • Deportes
  • Revista
  • Opiniones

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus