martes, julio 14, 2026
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Advertisement
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Precision
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Sin resultados
Ver todos los resultados
Portada Opiniones

Antecedentes históricos del debido proceso

Redacción por Redacción
15 de febrero de 2026
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
Las medidas de coerción y los principios que rigen su aplicación
FacebookTwitterWhatsappTelegram

Por José Alejandro Vargas

El Tribunal Constitucional de la República Dominicana ha sostenido que el debido proceso, previsto en el artículo 69 de la Constitución, está conformado por un conjunto de garantías mínimas cuya puerta de entrada es el derecho a una justicia accesible, oportuna y gratuita.

Aunque su formulación moderna es relativamente reciente, pueden encontrarse referencias remotas en el derecho romano, donde ya se reconocía la necesidad de una autoridad previamente designada para impartir justicia y la posibilidad de recurrir decisiones consideradas injustas. La idea de justicia oportuna, incluso, aparece vinculada a la codificación de Justiniano I.

Un antecedente más concreto se encuentra en la Carta aragonesa de 1134, que preveía el juzgamiento en directa iustitia: sin intermediarios entre el justiciable y el rey, y dentro del propio territorio, evitando cargas económicas excesivas. Ya se perfilaba así una preocupación por el acceso efectivo a la justicia.

Sin embargo, la formulación emblemática surge con la Carta Magna inglesa de 1215. Su artículo 39 estableció que ningún hombre libre podría ser privado de sus derechos sino “por el juicio legal de sus pares o por la ley del país”. Se consagra así una garantía esencial: la afectación de derechos solo puede producirse mediante una decisión dictada conforme a la ley y a través de un juicio.

La decisión deja de depender del arbitrio del monarca y pasa a someterse a la ley, cuyo origen ya no radica exclusivamente en la voluntad real, sino en el Parlamento. Se traza, en consecuencia, una primera frontera entre poder y legalidad. El artículo 40 refuerza esta idea al disponer que no se venderá, denegará ni retrasará la justicia, anticipando la noción contemporánea de tutela judicial efectiva.

Con el tiempo, estas garantías se consolidan. La Petition of Right de 1628 reafirma que nadie puede ser encarcelado sin proceso legal; el Habeas Corpus Act 1679 establece plazos y controles frente a detenciones arbitrarias; y el Bill of Rights de 1689 prohíbe fianzas excesivas, multas desproporcionadas y penas crueles. Cada uno de estos hitos responde a abusos concretos del poder, pero juntos configuran la arquitectura básica del debido proceso.

Ya en el siglo XX, la noción adquiere un carácter abiertamente garantista. Como reseña Vincenzo Vigoriti, el debido proceso pasa a convertirse en un principio integrador: en él convergen tanto el interés de la víctima por obtener tutela judicial, como el del acusado por evitar condenas arbitrarias o procedimientos injustos.

Surge entonces la transición del Estado legal de derecho al Estado constitucional de derecho. La ley deja de ser suficiente por sí sola: se requiere control de constitucionalidad, aplicación interna del derecho internacional y un juez activo en la protección de los derechos fundamentales. El proceso ya no es mera ritualidad; es instrumento de justicia.

Así las cosas, el debido proceso no se viola únicamente cuando se incumple una formalidad, también se vulnera cuando la decisión es arbitraria o desproporcionada. La razonabilidad y la proporcionalidad se convierten en estándares mínimos de justicia aceptable.

Tras las grandes guerras del siglo XX, los tratados internacionales de derechos humanos amplían su alcance y consolidan una interpretación armonizada a través de tribunales supranacionales. El debido proceso deja de ser una garantía local y se transforma en un estándar universal.

En definitiva, el debido proceso no es una fórmula histórica decorativa, sino la expresión de una lucha por domesticar el poder mediante la ley y someter la ley a la justicia, de modo que todo órgano del Estado sepa que su autoridad está constitucionalmente limitada y que, al cruzar esa frontera, el poder deja de ser legítimo y se convierte en arbitrariedad que erosiona la democracia.

vargasjuez@hotmail.com

(El autor es juez del Tribunal Constitucional, residente en Santo Domingo, República Dominicana).

Etiquetas: Antecedentes históricos del debido proceso
Entrada anterior

EE.UU. incauta un petrolero que intentó «desafiar» el bloqueo de Trump a Venezuela

Siguiente entrada

Se reducirán las precipitaciones este domingo

Redacción

Redacción

Relacionado...Entradas

Mi carro Frankenstein Por Edwin DeLaCruz Hay experiencias que, aunque en su momento duelen, terminan convirtiéndose en las mejores lecciones de vida. La mía tuvo como protagonista un automóvil al que, con una mezcla de humor y resignación, bauticé como **mi carro Frankenstein**. Lo llamaba así porque parecía ensamblado con piezas de diferentes vehículos. No era precisamente un automóvil que despertara admiración. Sin embargo, llegó a mis manos en el momento en que más lo necesitaba. Después de la ruptura de mi primer matrimonio perdí mucho más que una relación. También perdí estabilidad económica, el vehículo que utilizaba para trabajar como vendedor y, poco tiempo después, el empleo. De un día para otro tuve que comenzar prácticamente desde cero. Fue entonces cuando mi hermano mayor me ofreció un automóvil viejo que tenía en Santiago. Lo acepté sin pensarlo. No era el carro de mis sueños, pero sí el que me permitiría salir nuevamente a buscar oportunidades. Con ese vehículo recorrí calles, asistí a entrevistas de trabajo y visité empresas con la esperanza de encontrar una nueva oportunidad. Nunca olvidaré una de esas entrevistas. Todo marchaba bien hasta que el entrevistador me preguntó qué vehículo conducía. Al responder con sinceridad, su actitud cambió por completo. Sin preguntar por mi historia ni interesarse por las circunstancias que me habían llevado hasta allí, decidió que aquel automóvil hablaba más de mí que mi experiencia, mi preparación y mis deseos de trabajar. Salí de aquella oficina con una profunda sensación de frustración. Comprendí que muchas personas juzgan la vida de los demás por lo que ven en un instante, sin detenerse a conocer el camino recorrido para llegar hasta ese momento. Tiempo después, un amigo me hizo otro comentario que también me marcó. Al verme en aquel vehículo, me dijo que no entendía cómo podía soportar andar en un carro así después de haber tenido uno mucho mejor. Tal vez no quiso herirme, pero sus palabras confirmaron que vivimos en una sociedad que suele valorar más las apariencias que las circunstancias. Afortunadamente, decidí no quedarme atrapado en esas opiniones. Continué buscando oportunidades, conseguí empleo, volví a ahorrar y, con el paso del tiempo, pude cambiar aquel viejo automóvil por otros en mejores condiciones. Hoy, cuando recuerdo mi carro Frankenstein, ya no siento vergüenza. Siento gratitud. Aquel vehículo, que muchos habrían despreciado, fue el puente que me permitió reconstruir mi vida. Me enseñó que ninguna crisis es permanente y que el verdadero valor de una persona no puede medirse por el automóvil que conduce, la ropa que viste o los bienes que posee. Desde entonces procuro no juzgar a nadie por las apariencias. Detrás de cada rostro, de cada vehículo y de cada realidad hay una historia que desconocemos. Hay batallas silenciosas, pérdidas que no se cuentan y esfuerzos que no siempre son visibles. Todos podemos atravesar momentos difíciles. Lo importante no es el lugar desde donde comenzamos de nuevo, sino la determinación de seguir avanzando. Mi carro Frankenstein nunca fue un símbolo de derrota. Fue el recordatorio de que, aun cuando la vida parece desarmarse en mil pedazos, siempre existe la posibilidad de reconstruirla y volver a ponerse en marcha. edwindelacruzr@gmail.com (El autor es periodista y abogado residente en Santo Domingo).

14 de julio de 2026
¿Quién asesinó a Paula?

Los terremotos más asesinos

14 de julio de 2026
Nicolás Maduro desinstaló WhatsApp: ¿Por qué no hacemos lo mismo?

15,000 becas: 15,000 vidas que pueden cambiar

14 de julio de 2026
Cuando el dinero no sirve para nada

No existe tiempo perdido

14 de julio de 2026

El referéndum: una institución en espera de su materialización democrática

12 de julio de 2026
Siguiente entrada
Vaguada incrementará las precipitaciones durante las próximas 24 a 72 horas en diferentes provincias

Se reducirán las precipitaciones este domingo

Publicidad
Publicidad

(+) VISTAS

Ministerio de Salud reporta dos muertes por Covid-19 y aumento en contagios

17 de diciembre de 2021
¿Quién asesinó a Paula?

Nuestra precaria calidad de vida

6 de julio de 2026

Primera Dama inaugura sala mamografía en el Hospital Doctora Evangelina Rodríguez

18 de febrero de 2021

Diputados opositores impiden aprobación de proyecto que autorizaría al Poder Ejecutivo la emisión de deuda por 6.605 millones

28 de diciembre de 2022

El grave incendio industrial de Cuba prosigue tras la gran explosión nocturna

8 de agosto de 2022
Publicidad
Precision

Con la información precisa

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
  • Económicas
  • Deportes
  • Revista
  • Opiniones

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus