Por Waleska D’Amario
Usted habla de superar el extractivismo desde Madrid, pero permítame recordarle algo: los países más ricos del mundo — Arabia Saudita, Noruega, Emiratos Árabes — construyeron su riqueza precisamente sobre sus recursos naturales. La diferencia no fue abandonar el petróleo, sino administrarlo bien y reinvertir sus ganancias en educación, infraestructura y futuro. Algo que usted tuvo 12 años para hacer y no hizo.
Usted mismo dijo que la brecha digital es el nuevo analfabetismo. Pues bien, doctor — permítame recordarle que cuando usted gobernó, la República Dominicana participó por primera vez en las pruebas PISA en 2015 — y quedó en el último lugar absoluto entre todos los países evaluados en el mundo. Ese es su legado educativo. Fue el gobierno de Luis Abinader el que logró sacar al país de ese último lugar, siendo uno de solo 11 naciones en el mundo que mejoró sus resultados en PISA 2022 — la primera evaluación aplicada íntegramente bajo su administración — y eso a pesar de una pandemia global. Todavía hay mucho por hacer — pero la dirección cambió, y cambió con Abinader.
¿Con qué capital humano pensaba usted construir esa economía del conocimiento que predica desde un paraninfo en España, si dejó el sistema educativo en el sótano?
Usted propone saltar de la carreta al cohete. Pero un país que no ha resuelto el abecedario no puede liderar la revolución digital.
Y mientras tanto, doctor, tenemos oro, cobre, petróleo y tierras raras bajo nuestros pies, playas que el mundo envidia, zonas francas que mueven miles de millones — recursos naturales y ventajas comparativas que bien gestionados, con transparencia y reinversión social, podrían financiar precisamente esa transformación que usted sueña desde Europa.
La pregunta no es extractivismo sí o no. La pregunta es: ¿quién se ha beneficiado de todos esos recursos, y por qué no ha sido el pueblo dominicano?
Y esa respuesta, doctor, la tiene usted mejor que nadie. Porque durante sus 12 años de gobierno, los contratos se firmaron, las concesiones se otorgaron y las riquezas salieron del país — mientras los dominicanos seguían entre los más pobres y menos educados de la región. Y la prueba más dolorosa está en Pueblo Viejo — una de las minas de oro más grandes y valiosas del mundo, firmada bajo su gobierno en 2009, con condiciones tan favorables a la empresa canadiense Barrick Gold que ni siquiera incluyeron regalías sobre el cobre y el zinc extraídos de suelo dominicano. Recursos nuestros, ganancias de ellos, pueblo sin ver el beneficio proporcional.
Pero hay algo aún más revelador que todo lo anterior. Este discurso que usted pronunció ayer en Madrid — sobre tecnología, conocimiento, transformación digital e inteligencia artificial — no es nuevo. Es el mismo discurso que vendió en 1996. El mismo de 2004. El mismo de 2020. El mismo de 2024. Treinta años repitiendo el mismo libreto electoral, con distintas palabras pero idéntica promesa — y el país sigue esperando los resultados.
Eso, doctor, no es visión. Eso no es liderazgo. Eso tiene un nombre preciso en política: demagogia.
Prometer lo grandioso que nunca se ejecuta, cada cuatro años, con la misma elocuencia y el mismo olvido posterior.
Usted critica hoy el extractivismo desde Madrid. Pero doctor — usted fue su principal arquitecto en la República Dominicana. Y la transformación digital, su eterno cheque sin fondos.
(La autora es politóloga, residente en Santo Domingo, República Dominicana).





