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Portada Opiniones

A propósito de Monte Cristi

Máximo Caminero por Máximo Caminero
25 de noviembre de 2020
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
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Cuando José martí arribó a la ciudad de San Fernando de Monte Cristi, hoy a secas Monte Cristi, en marzo del 1895. Jamás se imaginó que “la ingratitud de los hombres” permanecería “intacta” un siglo y tanto después.

Aquella visita al General Máximo Gómez fue quizás la carta maestra que desembocaría en la independencia de Cuba unos años después.

Al senador actual de esta provincia, ubicada en la esquina norte-oeste de la República Dominicana. Se le subió el “ego” en estos días en pro de un “supuesto delincuente” con varios cargos en su contra.

El caso es que, en tono imperativo y hasta despectivo, este senador llego hasta la comisaria en donde estaba el “supuesto delincuente” exigiendo su liberación a costa de que “él” era el mayimbe.

Gracias a que sus palabras fueron grabadas, el acto se hizo viral y el senador tuvo que recular con su rabo entre las piernas.

El punto aquí es que esto no es algo ajeno y lejano en toda la geografía nacional. Ni siquiera podemos afirmar que el “insensato” senador sea culpable de su accionar.

Esto me remonta al libro de Cesar Nicolás Penson “cosas añejas” escrito en el año de 1891. En el capítulo “la muerte del padre Canales” donde Juan Rincón, autor del crimen, desafía a la justicia de Santo Domingo y hasta la acusa de ser ellos los “responsables” del crimen por; haberlo absuelto de un crimen anterior…

La similitud del senador “montecristeño”, con este relato de Nicolás, es fácil deducirla si nos remontamos al origen.

La democracia, y ya estoy cansado de repetir el tema, solo funciona en pueblos “medianamente cultos” por lo demás solo sería un mamotreto de manipulaciones.

La responsabilidad de todos los candidatos presentados por cualquier partido político es única y exclusiva de sus dirigentes.

Si estos no tienen un mecanismo de “filtrar” “limpiar” “investigar” quien carajo es el candidato que le están presentando al pueblo, entonces, nos tomamos el riesgo de elegir a cualquier patán que nos “represente”.

No es un asunto de ser popular y de caer bien. Ni que “tenga” mucha gente que lo sigue. Porque aquí hay que estar consiente de ¿cuál es la gente? De qué materia prima estamos formados.

La democracia solo funciona en pueblos cultos y cuando no es el caso entonces los partidos políticos que van al ruedo tienen que sacar lo mejor de lo mejor que tengan para brindárnoslos a nosotros.

En este país estamos acostumbrados a que una mala res…no dañe al ganado, pero va siendo hora de que pensemos en el bienestar de todos y no una garata con puños.

Alguien tiene que arreglar esta vaina y adecentar la política criolla. Tenemos que sacrificarnos en algún momento para exterminar la plaga que por siglos nos abate.

No podemos seguir dándole a nuestro pueblo candidatos mediocres y vividores buscando lo suyo.

José Martí, sabía que la naturaleza humana guarda en sus adentros un ego inmortal. Que nada podría contra ese flagelo sino se asomaba el alma un tanto por alguna hendija.

Sin embargo, si sabía este hombre predestinado poner las palabras mágicas que tocaran al alma de los hombres.

Aquella tarde lejana en Monte Cristi, entro a la desvencijada casa del General Gómez quien al verlo sonrió como aquel que ve a un ángel caído del cielo.

Martí, risueño también por conocer la nobleza de los hombres, solo alcanzó a desnudar su espíritu diciéndole: “sin temor de negativa, vine hoy a pedir a usted, asuma el trabajo de encargado de la revolución. Hoy que no tengo más remuneración que brindarle que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”.

No debemos seguir escuchando el eco de Juan Rincón reclamarnos constantemente que la culpa es nuestra por nuestra indiferencia.

La ingratitud podrá ser inmortal, pero siempre habrá hombres dispuestos a sacrificarse sin esperar ser gratificados con tal de alcanzar el alma de todos. ¡Salud! mínimo caminero.

massmaximo@hotmail.com

(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach).

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