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Redacción por Redacción
14 de mayo de 2026
en Opiniones
Tiempo de lectura: 4 minutos de lectura
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Deuda soberana: el costo oculto que pagan las mujeres en América Latina

Por Dr. Amín Cruz

«La deuda externa es el mecanismo más eficaz de dominación: convierte a los pueblos en esclavos de cifras y priva a las mujeres de sus derechos más básicos.» Eduardo Galeano

El peso invisible de la deuda sobre las mujeres

El informe del PNUD ¿Quién paga el precio? Desigualdad de género y deuda soberana revela un panorama alarmante: el aumento del servicio de la deuda amenaza con provocar la pérdida de 55 millones de empleos femeninos en el corto plazo y hasta 92,5 millones en el largo plazo. Además, se proyecta una caída del 17% en el ingreso per cápita de las mujeres, mientras los ingresos masculinos permanecen prácticamente inalterados. Esta disparidad amplía la brecha de género y evidencia cómo las crisis financieras golpean con mayor fuerza a las mujeres.

Como lo podemos ver en países latinoamericanos

México: El pago de deuda pública ha limitado la
inversión en servicios de cuidado infantil y salud. Esto obliga a las mujeres a
asumir más trabajo no remunerado, reduciendo su participación laboral.

Argentina: La crisis de deuda y
las políticas de austeridad han recortado programas sociales, afectando
principalmente a mujeres en sectores de educación y salud. El aumento de la
pobreza femenina es un reflejo directo de estas medidas.

Brasil: Los ajustes fiscales han debilitado el
sistema de salud pública, incrementando la mortalidad materna y reduciendo el
acceso a servicios esenciales para las mujeres.

Colombia: La reducción del gasto
social ha impactado en programas de bienestar y cuidado comunitario,
trasladando la carga nuevamente a los hogares, donde las mujeres absorben la
mayor parte.

Impactos sociales y económicos

Trabajo no remunerado: La reducción del gasto público
en salud y cuidado desplaza la responsabilidad hacia los hogares, recargando a
las mujeres con tareas de cuidado invisibles.

Mortalidad materna: El informe
estima un aumento del 32,5% en la mortalidad materna, equivalente a 67 muertes
adicionales por cada 100.000 nacimientos.

Esperanza de vida: Tanto mujeres como hombres ven
reducida su expectativa de vida, reflejo de la presión sobre los sistemas de
salud.

Retroceso en desarrollo: Estos
efectos representan una reversión de los avances en desarrollo humano, agravada
por crisis militares, energéticas e inflacionarias.

La deuda como problema humano, no matemático

Alexander De Croo, Administrador del PNUD, lo expresó con contundencia: «La deuda soberana no es un problema matemático. Es un problema humano.»

Esta afirmación sintetiza la crítica central del informe: los pagos de deuda no solo limitan el espacio fiscal de los gobiernos, sino que obligan a recortar servicios sociales vitales, con el mayor costo para las mujeres. Detrás de las cifras se esconden vidas truncadas, oportunidades perdidas y un retroceso en derechos fundamentales.

En América Latina, este problema humano se traduce en retrocesos en equidad, salud y desarrollo. La deuda, lejos de ser un cálculo financiero abstracto, se convierte en un mecanismo que profundiza desigualdades históricas y golpea de manera desproporcionada a las mujeres, quienes cargan con la mayor parte de las consecuencias de los recortes sociales.

La urgencia de un enfoque de género en la gestión de deuda

Raquel Lagunas, Directora Global de Igualdad de Género del PNUD, advierte con firmeza que cuando el gasto público se reduce para atender el pago de la deuda, «son las
mujeres quienes pierden primero: sus empleos, sus servicios, su seguridad
económica.» Esta afirmación no es solo una advertencia, sino una denuncia de cómo las políticas financieras internacionales y nacionales reproducen desigualdades estructurales.

El informe no
se limita a señalar el problema: exige transformaciones profundas en la manera
en que los Estados gestionan sus compromisos financieros. La deuda, lejos de
ser un asunto técnico, se convierte en un factor que define quién accede a
derechos y quién queda excluido.

Evaluaciones de impacto de género:
No basta con calcular cifras macroeconómicas; cada decisión de endeudamiento
debe analizar cómo afecta de manera diferenciada a mujeres y hombres. Ignorar
esta dimensión perpetúa un modelo económico ciego a la desigualdad.

Presupuestos con perspectiva de género:
El rastreo del impacto de la deuda en los ingresos, servicios y oportunidades
es indispensable para evitar que las mujeres sean las primeras en perder. Sin
este enfoque, los presupuestos se convierten en instrumentos de exclusión.

Protección de inversiones sociales:
Salvaguardar la infraestructura de cuidado y los servicios esenciales no es un
lujo, sino una condición para sostener economías resilientes. Cuando se
recortan estos servicios, la carga regresa a los hogares, y son las mujeres
quienes absorben el costo invisible.

El informe del PNUD expone con claridad que la deuda soberana no es neutral: profundiza las desigualdades de género y amenaza con revertir décadas de avances en desarrollo humano. La pregunta «¿Quién paga el precio?» tiene una respuesta inequívoca: las mujeres, quienes enfrentan empleos perdidos, ingresos reducidos y una carga creciente de cuidados no remunerados.

El PNUD lanza un llamado urgente: la deuda soberana no puede seguir tratándose como un simple cálculo financiero. Es un asunto de justicia social y de equidad de género. Las mujeres pagan el precio más alto en empleos, ingresos y vidas, mientras los sistemas de cuidado colapsan bajo el peso de los recortes.

La gestión de la deuda debe dejar de ser un ejercicio meramente técnico y convertirse en una estrategia humana que priorice la igualdad, el bienestar y la resiliencia social. Reducir la deuda a cifras invisibiliza su verdadero costo: vidas truncadas, oportunidades perdidas y retrocesos en derechos fundamentales.

La comunidad internacional enfrenta una disyuntiva crítica: abandonar las políticas de austeridad que profundizan la desigualdad o aceptar un futuro marcado por retrocesos en equidad y democracia. Apostar por estrategias de deuda que prioricen el empleo, el desarrollo humano y la igualdad de género es indispensable.

De lo contrario, América Latina y el mundo se verán atrapados en un retroceso histórico, donde los avances en derechos y desarrollo se desmoronan, y las mujeres continúan pagando el precio más alto.

«La igualdad de género no es solo un objetivo en sí mismo, es una condición previa para enfrentar los desafíos económicos y sociales.» Ban Ki-moon

(El autor es presidente, fundador del Congreso Hispanoamericano de Prensa y del Congreso Mundial de Prensa).

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