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Sin Juan Bosch, 24 años después

Redacción por Redacción
2 de noviembre de 2025
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
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Por Daniel Cruz

Parece que fue ayer, pero ya hace 24 años de la partida física de Juan Bosch. Casi cinco lustros, tiempo que para algunos representa el que ocupa la existencia de una generación. En otras palabras: una generación de dominicanos y de dominicanas ha agotado su vida, desde el día de su nacimiento hasta el de hoy, sin el magisterio directo, sin las enseñanzas y orientaciones de Juan Bosch.

Es cierto, esa generación ha podido tener algún tipo de contacto con don Juan a través de sus libros o de actividades organizadas para la difusión oportuna de algún aspecto de su vida, y ya eso es importante, sin embargo no ha tenido la oportunidad de recibirlas acompañadas del ejemplo de vida de su propiciador. Esto significa que los integrantes de esa generación han recibido el contenido sin ningún tipo de contacto, ya sea directo o indirecto, con el continente, privilegio que sí tuvieron otras generaciones.

Lo que acabamos de decir podría considerarse un mero ejercicio retórico de ociosos, pero no es así. Y nos podrá entender el lector que repare en las siguientes dos cosas.

1) Por definición cada generación está marcada por sus propias preocupaciones, las cuales tienen su origen en las condiciones materiales en que han desenvuelto su existencia y los eventos que han vivido en común. En ese sentido, la generación que va del 2001 hasta este momento (noviembre de 2024) ha conocido de manera directa el afianzamiento de las redes sociales. Esta generación nació en tiempo de la tecnología y del auge de los «influencers» y la música urbana, lo que los ha expuesto a valores y preocupaciones particulares, por ejemplo a figuras exitosas de ese mundo, a las que asumen no solo como entretenimiento sino como modelos de éxito, de movilidad social. Alofoke y cualquier cantante urbano exitoso podría ser un buen ejemplo de esto.

Esta generación ha vivido la experiencia de la crisis de Baninter y sus prolongados efectos, así sea a través de sus padres, porque estaban muy pequeños cuando aquella ocurrió. Lo mismo podría decirse de la crisis inmobiliaria 2008-2009.

Esta generación también vivió la experiencia de la caída de las Torres Gemelas (2001) y las restricciones, así como sus consecuencias políticas disfrazadas de guerra contra el terrorismo, que se han prolongado hasta nuestros días.

Otra experiencia común, y esta nos marcó a todos, lo fue el Covi (2020-2022).

En el aspecto político, lo más destacado que ha vivido la generación a la que nos venimos referiendo es un significativo afianzamiento de las libertades públicas (políticas y civiles), acompañadas de un sostenido crecimiento de la economía, lo que a su vez se expresó en una ampliación significativa de la clase media, con todo lo que esto representó como una elevada capacidad de consumo y de expectativas. Es probable que al encontrarse con todo eso este sector social no lo haya valorado en su justa dimensión porque lo ha asumido como que ha existido desde siempre, y por ello lo considera tan naturales y común como se asume la existencia del oxígeno.

En este fenómeno se obvia como su causa principal la estabilidad económica vivida desde los años ’90, afianzada de manera especial a partir del año 2004 con la llegada al gobierno del Partido de la Liberación Dominicana y su ejercicio durante 16 años seguidos, de los 24 del período generacional que comentamos.

Así las cosas, como esta generación ha disfrutado de una situación política y social para cuya consecución no ha tenido que mover un dedo, es entendible su apatía política. Además es víctima de una política de neutralización en su contra que ha embotado el espíritu crítico y beligerante (rebelde) propio de los jóvenes, canalizando sus inquietudes en otra dirección, ayudada por su dependencia de las redes sociales. Por eso usted no ve desde hace años que un 28 de abril se le prenda fuego a una bandera gringa. Por el contrario, es probable que uno de esos días un grupo de universitarios se halle en la embajada o el consulado norteamericano en el país en gestiones para viajar a Estados Unidos como parte de unos programas temporales de trabajo y de estudio del idioma inglés. En esto ha habido una cooptación política.

Esto se nos ha hecho muy largo, por lo que veremos el segundo aspecto en otra ocasión. Hasta entonces.

danielcruzpld@gmail.com

(El autor es periodista residente en Santo Domingo, República Dominicana).

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