El Banco Mundial, en su reciente reporte “Panorama Económico de América Latina y el Caribe-octubre 2026”, detalla algunas proyecciones de las economías de países de la región y para ese organismo el fenómeno sigue siendo modesto, un término que para algunos expertos luce muy consolador.
Para esa institución, los países que han adoptado decisiones de política acertadas y duraderas están logrando resultados más sólidos, reflejado en un mayor crecimiento, más inversión y superior confianza de los mercados. El estudio dice que el crecimiento actual refleja un equilibrio político de la región, aunque no el potencial máximo.
En efecto, los países que adopten reformas productivas y políticas industriales bien diseñadas, pueden superarse y aprovechar la transición tecnológica para impulsar un crecimiento más sostenido.
Llama la atención en ese informe la versión de los técnicos del Banco Mundial en el sentido de que la región necesita con urgencia nuevos motores de productividad y destaca que la rápida difusión mundial de la inteligencia artificial (IA) ofrece un catalizador potencial, pero aclara que debe hacerse una distinción en virtud de que “el acceso digital no garantiza un uso productivo, y los algoritmos no generan automáticamente productividad agregada”.
El Capítulo 2 analiza los impactos del auge de la IA, destacando que a medida que esa tecnología se difunde por Latinoamérica, ofrece una oportunidad para impulsar el crecimiento económico, resolver desafíos locales y ayudar a la región a alcanzar la frontera tecnológica.
Esa es la misma posición adoptada por gobiernos de 36 países que están impulsando esa herramienta tecnológica, entre estos Estados Unidos, China, India, Francia, Israel, Alemania, Brasil, Noruega, Países Bajos, Australia, Rusia, México, Turquía, Polonia, y otros.
Para entender si la IA impulsará el crecimiento de la región o consolidará su exclusión, el Banco Mundial cita tres situaciones que amerita mucha atención: los cuellos de botella laborales, empresariales y gubernamentales.
Lo que el informe alerta, (y República Dominicana no es la excepción), es que, aunque la inteligencia artificial se expande rápidamente en la región, las empresas aún no logran traducir ese tecnicismo en verdaderas mejoras de producción debido a deficiencias organizativas y de capacitación. En buen lenguaje coloquial, aclara que tener acceso a herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot no garantiza que una empresa produzca más, reduzca sus costos o mejore su competitividad.
Plantea que la verdadera transformación comienza cuando esas tecnologías se integran a los procesos de producción, administración y prestación de servicios. Es evidente que la inteligencia artificial está impactando en el trabajo humano, arrastrando la incertidumbre e impotencia en personas que perderán sus empleos y no podrán continuar alimentando a la familia.
Mientras se apuesta con ínfulas a la productividad mediante la IA sobre la base de obtener un óptimo crecimiento y mayor confianza de los mercados, ¿qué harán los gobiernos mundiales con los millones de humanos que serán desplazados por los robots y otros recursos aportados por esa tecnología?.
La interrogante sigue abierta y espera respuestas porque se trata de un asunto muy complicado que, no hay dudas, en un futuro cercano generaría estallidos políticos y sociales.
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(El autor es periodista residente en Santo Domingo, República Dominicana).








