No son fortuitos los ataques al Gobierno procedentes de grupos de la oposición en presunta defensa de la vida de individuos que han reñido con la ley y son perseguidos por la Policía Nacional. Por igual, las querellas contra el director de esa institución, general Ernesto Rafael Rodríguez, obedecen a un interés político. Todo aparenta que es producto de estrategias creadas en cuartos fríos por expertos en propaganda.
Las estrategias implican acciones y sujetos que cumplan tareas. De esas reuniones ha salido que ciertas personas deben enfrentar a las autoridades por las operaciones de la PN en la persecución de delincuentes. De ahí que unos abogados se querellen contra el director de la Policía, en protesta por liquidar malhechores en “presuntos intercambios de disparos”.
En la misma reunión se habría trazado otra línea de acción: criticar los actos de violencia (robos, violaciones sexuales, tráfico de drogas y de personas…) realizados por individuos que a la vez tienen expedientes por otros hechos nefastos. Esto incluye exagerar los temores que infunde la delincuencia en la ciudadanía, en espera de réditos políticos.
Medios de prensa insisten en utilizar los adjetivos presunto y supuesto, para referirse a los acusados de hechos delictivos perseguidos por la PN, como las circunstancias en que han muerto algunos cuando la institución del orden dice que ocurrió en intercambio de disparos. Se pretende crear una atmósfera de santificación de sujetos cuyo oficio es delinquir.
Leí un artículo en el que se llamaba dichoso al hombre que entró a robar en la casa del actor Kenny Grullón. La dicha consiste en haber quedado vivo por entregarse a las autoridades. Kenny Grullón también sobrevivió, pero no lo destacaron. Su suerte difiere de la corrida por la señora Zeneida Castillo, esposa del cantante Julián Oro Duro, asesinada en su casa el 20 de septiembre pasado.
Hay un plan para estimular la delincuencia aupado por políticos de oposición que buscan crecer a costa de desacreditar al Gobierno. Dos partidos políticos, a través de sus diputados, proponen interpelar al general Ernesto Rafael Rodríguez, lo cual puede asumirse como un apoyo implícito por parte de esas fuerzas políticas a los actos delictivos de los que se queja la población.
Se sabe que la Policía no está para matar gente, pero su deber es proteger a la ciudadanía de “la peste que avanza en tinieblas y del azote que devasta al mediodía”, como reza el salmo 91. Los delincuentes son pestes y son peligros. Quienes buscan desmoralizar a la Policía quieren dejar a la población desprotegida, como a un niño ante un león hambriento en lugar solitario.
Un león es un carnicero voraz e insaciable, porta dientes afilados y colmillos fuertes. Resulta una buena figura para representar a los bandoleros.
El PLD condena las acciones en las que han perecido “jóvenes señalados por su presunta vinculación con hechos delictivos”. Se refiere cariñosamente a los muertos como “jóvenes”, y en verdad lo son. Los mellicitos de Mendoza, por ejemplo, solo tenían dieciséis años. Quizá por tan jóvenes no oyeron este llamado: “Entréguense ahora que les damos la oportunidad”.
Censurar a la Policía por perseguir delincuentes es hacerse cómplice de estos. La institución los llama a entregarse cuando los declara prófugos y todos los capturados guardan prisión preventiva. La campaña de hostigamiento a las autoridades es contraria al bien común. ¿Qué es lo que se persigue? Que nos coma el león, ¿verdad?
rafaelperaltar@gmail.com
(El autor es periodista y escritor residente en Santo Domingo, República Dominicana).








