La Policía Nacional de República Dominicana no es una Policía civil, sino militar…desde su origen hasta hoy.
No son directores, son jefes.
Cambiar los jefes ahí, no cambia nada.
El despotismo trujillista-balaguerista impera.
Salvo casos excepcionales, para llegar a general y optar por la jefatura en ese cuerpo, hay que cometer muchas diabluras y demasiadas fechorías.
Veinte o treinta años en la PN, pasando por varios escalones de oficiales superiores, es como cursar estudios en una universidad del crimen.
La extorsión, el robo y el enriquecimiento ilegal es una de las especialidades a nivel de alta oficialidad.
El machismo y el racismo son concepciones dominantes en la sociedad y en la institución policial.
Los viejos oficiales abusadores, criminales y ladrones contaminan a los nuevos. Pocos se salvan de la infección.
Las ejecuciones extrajudiciales son costumbre y tradición… van jefes y vienen jefes, y la cacería humana prosigue.
Miren el informe de la CNDH…todos los jefes compiten y hay campeones que dominan en cadena la institución y manipulan su oficialidad subalterna y sus bases empobrecidas.
El 80 % no son intercambios de disparos, sino homicidios voluntarios, celadas fríamente calculadas.
La reforma policial es una farsa. Abinader lo sabe y la abraza como disfraz.
El nuevo jefe de la PN “se tiró” 25 jóvenes en sus primeros 11 días, y 38 el primer mes
Y si acaso él no las ordenó, la estructura especializada las ejecutó, en tanto el cambio en la jefatura tuvo por motivo aparente el alto número de ejecuciones y el auge de la delincuencia. Esa es una manera de reafirmar convicciones y propósitos.
Pero, además, el nuevo jefe alardea de su vocación contra la delincuencia, lo que indica que la nueva cacería está bajo su mando.
La alta oficialidad de la PN es socia de la delincuencia mayor y menor mediante múltiples vericuetos y no pocos de esos crímenes responden al interés de cortar la cadena de investigación bajo el temor de confesiones que comprometan la alta jerarquía.
Esos crímenes policiales, eso de “darle para abajo” a delincuentes y no delincuentes en nombre del combate al crimen organizado, no detiene el crecimiento de la mafia civil y sus delitos.
La inseguridad ciudadana crece al ritmo de los fusilamientos policiales, muchas de ellos motivados por el interés de “cerrar casos” y “cortar los vínculos” con estructuras del cuerpo policial.
La PN es irreformable y es parte de un Estado dirigido por no pocos políticos y empresarios delincuentes.
La clase dominante del sistema imperialista occidental y del capitalismo dominicano se han gansterizado.
Donald Trump y Marco Rubio, tremendos genocidas, son los tutores de un poder con apellido dominicano.
Este es, además, el Estado de las estafas en SENASA, ANTENA LATINA, SANSOUCI, SUN LAND, FONPER-ITABO, de los Pulpos, Calamares, la narco-política, los delitos ambientales, la destrucción impune de las Cuevas del Pomier y el generalato delincuente.
Todo esto explica lo que ha pasado con la designación del nuevo jefe de la PN, quien al compás de más ejecuciones extrajudiciales más orgulloso se siente de la cacería
Explica que Abinader insta a delincuentes comunes a entregarse “para que no le pase algo peor”. Está ordenándole a la PN matar. Está autorizando las ejecuciones extrajudiciales y la pena de muerte.
Pero es que eso no es nada, eso “le resbala”, a un presidente que protegió la estafa genocida de SENASA, que permite que aquí mande el Comando Sur, la CIA, el FMI…que apoya el holocausto sionista contra el pueblo palestino, que llama y colabora con las invasiones militares a países hermano (casos Haití y Venezuela, amenazando a Cuba, México, Nicaragua…) y que incorpora al país a la COALICIÓN militar de 18 países del Continente, tutelada por el Comando Sur.
No hay moral para contener fechoría.
Hay poses, bultos, simulaciones…
De los 25 crímenes en once días, pasaremos a muchos más y con mucha más delincuencia militar y civil.
El mal es estructural, sistémico, ideológico-cultural.
Un mal que emana del poder del gran capital y de las corrompidas cúpulas de la partidocracia y el generalato mafioso, bendecidos por ciertas cúpulas eclesiales.
El remedio no tiene otro nombre que no sea revolución popular, política, social y cultural. Difícil, pero absolutamente necesaria.
narcisoisa@gmail.com
(El autor es dirigente político residente en Santo Domingo, República Dominicana).









