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Portada Opiniones

Muerte sin dignidad en la pandemia

Nelson Encarnación por Nelson Encarnación
30 de diciembre de 2020
en Opiniones
Tiempo de lectura: 2 minutos de lectura
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Visión Global

Ben-Hur es una de las películas que está considerada entre las obras maestras del cine mundial, en la que el gran actor Charlton Heston interpreta al personaje central de un hombre que sabe que su madre y su hermana enfermaron de lepra y las condenaron a vivir en una gruta inmunda junto a otros leprosos.

Ambientada en los primeros 30 años nuestra era, el film, adaptado de la novela del mismo nombre escrita a finales del siglo XIX por el estadounidense Lewis Wallace, tiene un desarrollo impresionante a lo largo de sus más de tres horas y media de duración, dado su sentido dramático, su contenido épico y la fuerza interpretativa de Heston.

Sin embargo, lo que me hace recrear parte de su argumento es el carácter trágico que supone para la humanidad una enfermedad determinada, en ese caso la lepra.

Sabemos que padecer de lepra en aquellos tiempos era condenar al enfermo, no solo a una muerte espantosa por falta de tratamiento, sino a un ostracismo aberrante e inhumano, tal como sucedió a la madre y a la hermana de Judá Ben-Hur, arrojadas al Valle de los Leprosos sin la posibilidad de contactarse con nadie más que con los compañeros de infortunio.

Comparar aquellos episodios con la realidad que le plantea a la humanidad la pandemia de covid-19 no es científicamente correcto ni intelectualmente aceptable, pero nos permite calibrar similitudes en cuanto a medidas que se deben tomar, tanto en el mantenimiento de los enfermos como a la hora de separarnos para siempre de un ser que en vida formó parte esencial de nuestro amor y que sólo nos vamos a conformar con saber que su cuerpo yace en un sitio conocido.

Ahora bien, en primer lugar, los enfermos de covid-19 cuya salud se agrava y les llega el final en un hospital, fallecen solos, sin la posibilidad de que sus parientes puedan siquiera verle en los minutos finales de su existencia. Y esto es desgarrador.

Y luego viene el otro drama: no pueden ser velados y despedidos con la dignidad que nos enseña la milenaria tradición en todas las culturas. Ni siquiera se permite abrir el ataúd para ver por última vez la cara de un ser querido que en vida mostraba una sonrisa de satisfacción cada vez que se encontraba con un familiar o un amigo. Es como remontarnos a la dramática realidad del Valle de los Leprosos.

Pero no sólo sucede con las personas que fallecen de covid-19 en estos tiempos desgarradoramente trágicos se ha transformado la tradición.

Es que incluso para despedir a los fallecidos por otras causas se han cambiado las reglas del funeral, ya que los protocolos sanitarios han impuesto a las funerarias unas restricciones que obligan a la realización de velatorios casi en solitario y sepelios con escasos dolientes.

Estas situaciones horrorizan aún más el tránsito doloroso de despedir a un ser querido en medio de estas precariedades que limitan el acompañamiento de parientes y amigos que quisieran ser solidarios en los momentos duros, como es tradicional, al menos en nuestra cultura, pero que se asume es un comportamiento generalizado en la humanidad. ¿Hasta cuándo durará este drama? Nadie lo sabe con algún nivel de certeza.

Nelsonencar10@gmail.com

Etiquetas: dignidadMuertepandemia
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