A rajatabla
Ningún gobierno de América Latina, con excepción de Brasil y México, estaría hoy en capacidad de contradecir a Estados Unidos en su vertiginosa readaptación de la Doctrina Monroe, de «América para los americanos», con la que la administración del presidente Donald Trump recupera el control de la región.
República Dominicana se ha alineado en todos los aspectos de esa estrategia impulsada por la Casa Blanca, secretarias de Guerra, Comercio y Departamento de Estado, que incluye la membresía del país entre los 19 estados que participan en la coalición jurídico militar para combatir redes del narcotráfico y terrorismo.
Ningún gobernante de países altamente dependientes de Washington se saldría de la fila de fieles aliados que ha reagrupado esa potencia económica y militar, desde el sur del Rio Bravo hasta la Patagonia, menos aún una nación como la dominicana, cuya economía depende en más de un 80% a la estadounidense.
Candidatos y partidos que procuran desplazar del Poder a la actual administración en las elecciones de 2028 tampoco se atreverían a prometer romper ese cordón umbilical porque esa sola promesa haría casi imposible la tarea de la oposición de intentar retornar al Palacio Nacional.
En el marco de esa extrema dependencia, la Cancillería dominicana debería sugerir al hermano mayor asumir una justa política de reciprocidad frente a un gobierno que nunca dice que no, ni aun cuando contraviene cuestiones de principio relacionadas con la soberanía y la autodeterminación.
República Dominicana ha roto su tradicional perfil de neutralidad en el ámbito regional para apoyar activamente posiciones e iniciativas de Estados Unidos en conflictos con Venezuela, Colombia, Nicaragua y Cuba, además de integrar bloques de países para impulsar estrategias de control geopolítico, como la del Escudo de las Américas.
La altísima dependencia de la economía dominicana frente a la estadounidense se expresa en que el 51.5% de las divisas que ingresaron al país en 2025, lo mismo que el 84% de las remesas, el 46.8% del turismo y el 28.5% de la Inversión Extranjera Directa provienen de esa nación, a cuyo destino llega el 54% de las exportaciones nacionales.
A pesar esa incondicional adhesión, la administración del presidente Trump, ha impuesto un arancel adicional del 12.5% a las exportaciones dominicanas, bajo el argumento de que aquí se adquieren productos desde países donde se ejerce trabajo forzoso, prohibió el ingreso de mangos dominicanos y acusó al país de participar en una triangulación para enviar productos chinos a Estados Unidos.
El Servicio de Inmigración de Estados Unidos inicio el proceso de repatriación de decenas de miles de inmigrantes haitianos a quienes se les suspendió el programa de protección que los amparaba, lo que significa mayor riesgo de desborde migratorio hacia República Dominicana. Lo mucho hasta Dios lo ve.
orion_mejia@hotmail.com
(El autor es abogado y periodista residente en Santo Domingo, República Dominicana).








