Tiene sentido el simulacro que promueve el Gobierno dominicano, a través del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), para probar el funcionamiento de los sistemas de alarmas, las rutas de evaluación, puntos de encuentro y medir los tiempos de reacción, comunicación, coordinación y atención a personas, en caso de ocurrir un terremoto.
También, ejercitar la toma de decisiones ante réplicas, daños críticos y una eventual alerta de tsunami para validar los procedimientos de evaluación inicial de daños y el manejo de escombros. Hay que hacerlo siempre.
La idea es concienciar a la población cómo responder a los fenómenos catastróficos, especialmente en las zonas urbanas donde proliferan edificaciones modernas, habitadas por humanos y en las provincias de la zonas costeras que podrían ser víctimas de tsunami, si surge un temblor.
Corremos el riesgo de perecer bajo los escombros de las grandes torres de apartamentos, túneles, elevados, puentes, porque en la mayoría de los casos no son infraestructuras anti sísmicas y construidas sin supervisión, según han advertido algunos expertos urbanistas. La iniciativa gubernamental amerita el involucramiento de nuestra activa clase política y demás estamentos sociales en razón de que se trata de un asunto de emergencia nacional, por lo que es prudente echar a un lado las erráticas posiciones partidarias radicales y unirse a esa causa.
Países como Japón, Estados Unidos, Chile, México, Taiwán, Turquía, Rumania, Perú, Nueva Zelanda Italia y China, realizan simulacros. Han implementado sistemas de alerta temprana y acciones de evacuación para prepararse ante desastres sísmicos.
Japón emite alertas públicas a celulares, TV y radio desde 2007, tras el terremoto de Kobe de 1995. Chile, después del sismo de 2010, obligó a realizar al menos tres simulacros de evacuación al año en todos los colegios. México, tras la devastadora sacudida de 1985, institucionalizó los simulacros sísmicos y los realiza de forma regular.
¿Cuántos dominicanos están capacitados para responder ante un terremoto, huracanes o inundaciones severas? Me atrevo a asegurar que no estamos preparados y eso no es bueno.
Esos fenómenos naturales son impredecibles y ahora más frecuentes debido al cambio climático, que es provocado por la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, resultado de actividades humanas como la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la agricultura intensiva.
Ese tema ha sido debatido en algunas sesiones de la ONU, pero los líderes de las grandes naciones donde funcionan las industrias contaminadoras del medio ambiente, no hacen nada para evitarlo, poniendo así al mundo en peligro con su indiferencia e irresponsabilidad.
Se ha pronosticado que el cambio climático sería una de las causas que acabaría con el planeta Tierra. El fenómeno El Niño, las tormentas tropicales a destiempo, los sismos, tsunamis y las inundaciones, las altas temperaturas, son muestras de esa realidad.
Hay que prestar interés a los simulacros porque es una manera previsora de salvar vidas. Google tiene una aplicación que alerta cuando un sismo está a punto de ocurrir. La tengo instalada en mi celular y asumo que por igual deben tenerlas los dominicanos.
Ocurre que una gran parte de la población pasa horas prolongadas conectados a los celulares y otras herramientas informáticas, como las redes sociales, consumiendo contenidos basuras, chismes de políticos y de artistas, vídeos triviales, que en nada ayudan a desarrollar el intelecto.
Deberíamos aprovechar ese momento para administrar la parte positiva de la Inteligencia Artificial e indagar cosas relevantes sobre ciencia, historia, cultura, religión, orientarnos acerca de cuál es el real origen del universo, de los humanos y los demás seres vivos, del agua, el viento y los terremotos.
Lamentablemente, las cosas insignificantes y alienantes son las que nos están seduciendo. ¡Qué lástima!
mvolquez@gmail.com
(El autor es periodista residente en Santo Domingo, República Dominicana).






