Ese afán por ser lo que el otro es. Así pudiésemos definir lo que tanto criticamos de «esos señores» embaucados en el afán de ser «los mandamases».
Cada uno de nosotros guarda un dictador bajo la manga. Y no se trata solo de alcanzar el sitial más alto de una nación, sino del diario vivir en el que convivimos.
Una conversación de grupo, una reunión, un acto, una multitud. Allí estamos levantando la mano, queriendo destacarnos ante los demás.
Me desagradan esas personas que, en el medio de una conversación, suelen interrumpirme solo para que «las salude» o «por joder», queriendo mostrar «algo» de poder ante el que me ocupa.
Esos pequeños detalles nos delatan constantemente, ya que «necesitamos» que se nos tome en cuenta.
El instinto natural del ego lo hemos distorsionado. No entendemos que este es parte fundamental de la supervivencia individual, solo que lo hemos asociado al lujo y la fama.
Vivimos mostrando nuestras joyas o propiedades como si eso «nos asegurara» un espacio de seguridad, poder e influencia ante los demás.
El dictador suele tener estos atributos, solo que en escala mayor. Se hace dueño y señor de la vida de los demás. Lo mismo que usted busca «inconscientemente» al «echarnos vainas con su fortuna».
Si pensábamos que el dictador era solo aquel que dirige la nación antojadizamente, ahora podemos ver que todos somos unos envidiosos silenciosos.
Lógicamente, no quiero meterlos a todos en este paquete, porque, sinceramente, a mí no me atrae para nada ese papelón y estoy seguro de que a muchos de ustedes tampoco.
Prefiero caminar sin ser reconocido, pasar desapercibido libremente, sin fama ni gloria, por cualquier callejón escondido, incipiente y ajeno a las envidias.
Esto lo han aprendido los grandes capos italianos. Entendieron que «se puede dictar» desde las sombras y continuar una vida «tranquila» dentro de sus tenebrosas ambiciones.
Tenga cuidado si algún día le toca. Recuérdese que cuando estuvo abajo, solía criticar al dictador, pero le cogemos tanto el gusto al poder que terminamos olvidando y actuando igual o peor que el «desgraciado caído».
La dictadura no es más que la sombra siniestra que todos llevamos dentro. ¡Salud!. Mínimo Dictero.
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).








