Existen tantas teorías y «afirmaciones» sobre la vida, la muerte y sus «propósitos», que uno las escucha como quien toma un vaso de agua o mueve sus articulaciones sin necesidad de darles órdenes.
Dejamos pasar la mayoría de ellas porque, en verdad, no sabemos nada. Suelo rememorar, de vez en cuando, aquellas ocasiones en las que estuve a punto de morir y «razono»: ¿cuántas veces me han matado?
Me ahogué unas tres veces; tuve accidentes motorizados en dos ocasiones, en las que salí volando como una pluma; me electrocuté; me pasó por encima un camión; me atropellaron en bicicleta varias veces.
Me acuchillaron por cuernero tres veces; me partieron la cabeza con peñones unos campesinos; me intoxiqué más de diez veces con alcohol; estuve en coma en siete ocasiones por drogarme demasiado; unos hongos me llevaron a recorrer el universo y conocí al infinito…
En más de cinco momentos he dejado de caminar por un segundo, viendo cómo un árbol, un tractor, dos rayos y un avión me pasaban rozando el cuerpo. Uno de esos rayos fue el culpable de mi calvicie.
Me lancé de un quinto piso para no quedar aplastado junto al edificio. Salí achicharrado de varios incendios, donde apenas pudieron reconocer mis cenizas mientras «tentaba» comerme a mí mismo, al confundir mi carne con la de un «suculento chicharrón».
Me volaron la cabeza varias veces en distintas guerras y fui «cocinado» por una tribu caníbal por andarme metiendo a buscar «El Dorado».
Una sola vez se cayó mi avión y, otra, se hundió mi barco. Terminé, en ambas ocasiones, como Robinson Crusoe, aislado en una isla llena de serpientes, donde me envenenaron en más de cincuenta ocasiones.
En cada una de estas ocasiones, mi cuerpo se quedó «viviendo otras vidas», que, a la vez, es la misma que tengo ahora. No sé cómo se lidia con convivir en diversos paralelos, en donde «puedo ser y no ser».
Ustedes pensarán que estoy relajando, pero «la realidad es que la realidad no existe»; es decir, no existe exclusividad de la consciencia, porque esta «se desdobla» y se esparce por diversos portales sin perder «una esencia», que no sé qué nombre le irán a dar algún día a «eso»…
En casi todas esas ocasiones «me morí», pero aquí estoy escribiendo, y ya no sé si soy un fantasma o una falsa copia de mí mismo. Una copia «requeteusada», que se «reinventa» para seguir navegando en diversas latitudes y universos paralelos.
En algunas ocasiones suelo «despojarme» de este cuerpo y me veo en «otras vidas», con distintos nombres y cuerpos, pero «algo me reconoce» y me hace parte de ellos. ¡Una vaina loquísima!
¿Cuántas veces me han matado? ¿Cuántas veces me morí, como canta Mercedes Sosa? No lo sé, ni tampoco me interesa, ya que estoy viviendo la vida «que creo que es la que es»… Una raya más para el tigre, que seguramente anda cometiendo desastres a diestra y siniestra.
Aunque yo, en esta ocasión, me esté portando bien… ¡Salud, Mínimo Matanero!.
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).







