El martes pasado (día 14) fue inaugurada en la Biblioteca Nacional la Trigésimo Séptima Asamblea de la Asociación de Estados Iberoamericanos para el Desarrollo de las Bibliotecas Nacionales de los Países de América, ABINIA. Al pronunciar el discurso de orden, se me ocurrió recordar al auditorio que otro catorce de octubre, fue también el día en el que un hombre se levantó para hablar en el salón de conferencias de una universidad suramericana y comenzó diciendo:
“No vengo a hablaros en nombre de la Universidad de México, no sólo porque no me ha conferido ella su representación para actos públicos, sino porque no me atrevería a hacerla responsable de las ideas que expondré. Y sin embargo, debo comenzar hablando largamente de México porque aquel país, que conozco tanto como mi Santo Domingo, me servirá como caso ejemplar para mi tesis”.
Ocurrió en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, y el hombre se llamaba -y se llama- Pedro Henríquez Ureña. Era 14 de octubre de 1922 y la tesis que desarrolló allí se tituló -y se titula- “Utopía de América”. Que nadie piense que pretendo parangonarme con ese sabio imperecedero, pues tendría que arrojarme a sollozar ante un imaginario muro de las lamentaciones.
Aquella vez, don Pedro ejemplificó suficientemente con México, y se refirió a su cultura, a su acentuado nacionalismo y el apego a lo autóctono. Sin embargo, la esencia de la exposición era la unidad de los pueblos americanos y aseguró que “La unidad de su historia, la unidad de propósito en la vida política y en la intelectual, hacen de nuestra América una entidad, una magna patria, una agrupación de pueblos destinados a unirse cada día más y más”
La reunión de ABINIA, realizada en Santo Domingo, constituye una expresión de los vaticinios de Henríquez Ureña, quien reclamara para América la unidad espiritual que él veía en pueblos de la Antigua Grecia y la Italia del Renacimiento y podamos compararnos con ellos para que aprendamos, de su ejemplo, que la desunión es el desastre.
ABINIA representa la mejor parte en la intención de mantener vínculos espirituales entre los pueblos de cultura latina en América. Los objetivos de esta organización, como su misión y su visión son pruebas evidentes de esta apreciación. Las bibliotecas son fuentes materiales de conocimiento y el bibliotecario un servidor abnegado de la difusión de ese conocimiento. Sin embargo, los signos de los tiempos inducen a creer, y algunos ya lo afirman, que la preservación de libros es una utopía, pero no en el sentido en el que la enfocó don Pedro.
Lo deseable de esta reunión de ABINIA es que emanen acuerdos y decisiones que faciliten el fortalecimiento y aplicación de las líneas contenidas en el Plan Estratégico 2023-2028, el cual es rico en planteamientos en líneas de acción para una efectiva gestión del conocimiento por parte de nuestras instituciones.
Solicité a los directores de bibliotecas nacionales, para que nuestra labor en las bibliotecas resulte más oportuna y fructífera, aceptar este consejo del más ilustre pensador dominicanos, don Pedro Henríquez Ureña: “Ensanchemos el campo espiritual: demos el alfabeto a todos los hombres; demos a cada uno de los instrumentos mejores para trabajar en bien de todos; esforcémonos por acercarnos a la justicia social y a la libertad verdadera; avancemos, en fin, hacia nuestra utopía”.
Son ideas de Pedro Henríquez Ureña, siempre vigentes.
rafaelperaltar@gmail.com
(El autor es periodista y escritor residente en Santo Domingo, República Dominicana).







