Shinya Yamanaka, científico y médico japonés, además de premio Nobel 2012, descubrió cuatro genes, que pueden «reprogramar» células maduras y hacerlas retroceder a su estado inicial, es decir, «volver el tiempo atrás»…
En estos días se aprobó por primera vez la implementación de estos estudios en humanos, específicamente en personas con degeneración del nervio óptico.
Apenas estamos en pañales, pero una vez resueltos los inconvenientes de la investigación, podríamos alcanzar, fácilmente, unos doscientos años, mínimo, de vida…
Y no es que a Borges le agrade la idea de vivir eternamente, pero seguro sí la de volver a ver, ya que vivió décadas en ese estado.
Lo más interesante de este acontecimiento es que somos «reprogramables»; los experimentos del doctor Yamanaka así lo demuestran, ya que tomó una célula programada para actuar, de pulmón, digamos, y la reprogramó para que funcionara de corazón, por solo dar un ejemplo.
Esto nos indica que la individualidad y propósito de ser de cada una de las células de nuestro cuerpo, es decir, su destino, fue «desviado» a voluntad desde una «consciencia exterior»…
Aquí me recuerda a Patricio, todas las puertas, el libro que escribí hace unos años y donde, sin dar muchos detalles para los que aún no lo leen, Patricio sufre de cierta manera una reprogramación de sí mismo…
Si logramos detener el camino y llevarnos al mismo origen y principio en el que nacemos, vaya usted a saber qué «personaje» encarnaríamos, por haber nacido en día distinto. Aquí ya entra el misticismo zodiacal y lo cabalístico planetario: lugar, hora, ubicación, etc.
Lo que debemos tener claro es que conciencia y cuerpo no son instrumentos de iguales características. Programar una célula específica para que sea cerebro no significa que lo que «traiga» ese cerebro sea lo mismo que tuvo el que tenía… No se me pierda.
Además de «esa complicación» inicial en la que nos tomamos el riesgo de cambiar de personalidad y de repente vernos en una vida hecha, pero sin reconocer a nadie como suyo, existe la otra y es la de «interferir» en el destino asignado antes de llegar a esta dimensión.
A menos que «los programadores iniciales» se hayan saltado que la HI (human intelligence) los iba a «superar» de cierta forma, o por lo menos a interferir en el destino o programa asignado a «Juan de los palotes», por no mencionar a todos y cada uno de ustedes.
El laberinto de la vida eterna que planteó Borges, donde nunca se dicen «adiós», ya que la posibilidad de volverse a ver es posible, parece más cercano que lo que se hubiera imaginado.
La idea de la eternidad forma parte de la búsqueda humana desde siempre; si no, que le pregunten a Juan Ponce de León. De lo que sí estaremos pendientes es de observar si, al programar las células cerebrales, usted seguirá siendo usted o yo seguiré siendo el Mínimo Perrero que siempre «he creído»; ahí está el detalle… ¡Salud!. Mínimo Progranero.
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).










