Por Edwin De La Cruz
Hay un desorden en nuestras calles que se ha vuelto tan cotidiano que parece haber dejado de sorprendernos: la manera en que conductores de motocicletas desafían las normas de tránsito.
Sean deliveries, mensajeros, motoconchistas, trabajadores o ciudadanos que simplemente utilizan este medio para trasladarse, todos tienen la misma obligación: respetar las reglas que regulan la circulación.
Sin embargo, basta observar el tránsito para encontrar motociclistas que rebasan por la derecha, a exceso de velocidad circulan entre vehículos, se detienen delante de todos en los semáforos y, en ocasiones, arrancan antes de que la luz cambie a verde.
La propia Ley 63-17 establece que los conductores deben rebasar por la izquierda y contempla excepciones específicas para hacerlo por la derecha. Por tanto, no estamos hablando de una costumbre que deba aceptarse, sino de normas que deben cumplirse.
Lo preocupante es que estas maniobras no solo ponen en peligro al motociclista. También obligan al conductor de un automóvil o de cualquier otro vehículo a frenar, desviarse o realizar una maniobra de emergencia para evitar un accidente.
Y una maniobra de emergencia también puede terminar provocando otro accidente.
Aquí aparece una preocupación todavía mayor: ¿cómo se determina la responsabilidad cuando el motociclista es quien ha provocado el accidente?
Existe entre muchos conductores la percepción de que, cuando una motocicleta está involucrada, la responsabilidad termina inclinándose hacia quien conduce el vehículo de mayor tamaño, aun cuando las circunstancias indiquen lo contrario.
Si esa percepción es equivocada, corresponde demostrarlo aplicando la ley con el mismo rigor para todos. Y si existen vacíos o prácticas que dificultan determinar responsabilidades, corresponde corregirlos.
La propia autoridad de tránsito ha reconocido que el país no enfrenta necesariamente un problema de falta de normas, sino de cumplimiento efectivo de las existentes.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿dónde está el control?
Porque el problema tampoco termina en las maniobras peligrosas. Basta observar la cantidad de motocicletas que circulan sin la debida identificación, la placa, para preguntarnos qué está fallando en el registro, la fiscalización y el control de estos vehículos.
No se trata de perseguir a los motociclistas ni de cuestionar una actividad de la que dependen miles de familias. Se trata de algo mucho más sencillo: que la ley sea igual para todos.
Y ahora que comienza un nuevo año escolar, la situación merece todavía más atención, ya que hay mayor circulación, más congestionamiento y más presencia de niños y adolescentes en las calles.
En esas circunstancias, una maniobra imprudente puede ser suficiente para cambiar la vida de una familia.
Las normas existen. Lo que hace falta es que se respeten y que quienes tienen la responsabilidad de hacerlas cumplir actúen.
Porque cuando una infracción se repite todos los días y nadie la corrige, deja de parecer una infracción y termina convirtiéndose en costumbre.
edwindelacruzr@gmail.com
(El autor es periodista y abogado residente en Santo Domingo, República Dominicana).







