Por Sandra Rodríguez Cotto
Hay algo profundamente hipócrita en la manera en que esta sociedad habla de las mujeres y de la maternidad.
Cuando una mujer decide tener hijos, le preguntan si podrá combinar la maternidad con su carrera. Cuando decide esperar unos años y dedicarlos a mejorar profesionalmente, le dicen que se le está pasando el tiempo. Que se pone vieja y cuando quiera tenerlos, se le hará difícil. Cuando decide no tenerlos, la llaman egoísta. Y cuando decide congelar sus óvulos para conservar una posibilidad futura, también aparecen los jueces, los moralistas y los jueces de turno. Eso acaba de pasarle a Alexandria Ocasio-Cortez.
La congresista estadounidense de origen boricua, de 36 años, decidió congelar sus óvulos y tuvo «la babilla» – por no decir los ovarios en su sitio, — de contar públicamente el proceso. Dijo que llevaba tiempo considerándolo y que tomó esa decisión para sentir que tenía mayor control sobre su vida. Y entonces apareció la jauría.
Desde sectores conservadores y del movimiento MAGA llegaron las críticas habituales: que está desafiando la naturaleza, que está promoviendo una falsa idea de que las mujeres pueden posponer indefinidamente la maternidad, que está poniendo la carrera por encima de la familia.
Qué curioso. Cuando un hombre dedica décadas a construir una carrera política, empresarial o profesional antes de pensar en tener hijos, nadie se escandaliza. Se le llama visionario. A una mujer ambiciosa, en cambio, se le exige que rinda cuentas sobre su matriz. Se le pregunta: «¿Y los hijos?».Ahí está la trampa.
Vivimos en una sociedad que todavía pretende que las mujeres sean madres, pero que al mismo tiempo organiza la economía, el trabajo y la política como si la maternidad fuera un inconveniente privado que cada mujer debe resolver por su cuenta. Y después nos preguntamos por qué tantas mujeres retrasan la maternidad.
AOC está haciendo algo mucho más importante que congelar unos óvulos. Está poniendo sobre la mesa una conversación que incomoda: ¿por qué una mujer tiene que escoger entre su proyecto de vida y su posibilidad de ser madre? Porque esa es la verdadera cuestión.
Congelar óvulos no garantiza un embarazo futuro. No es una póliza de seguro reproductivo. Los especialistas advierten que la edad sigue siendo un factor importante y que las probabilidades de éxito no son absolutas. Pero también coinciden en que a los 36 años sigue siendo una opción razonable para preservar posibilidades reproductivas.
Lo verdaderamente escandaloso no debería ser que AOC tomó esa decisión. Lo escandaloso es que no todas las mujeres puedan tomarla.
La propia AOC tuvo que ahorrar durante mucho tiempo para pagar el procedimiento. Y ahí aparece otra capa de esta hipocresía: hablamos de libertad reproductiva, pero muchas veces esa libertad está disponible solamente para quien puede pagarla.
Una mujer con dinero puede congelar sus óvulos. Una mujer pobre quizás ni siquiera puede pagar una consulta de fertilidad. Una profesional puede intentar comprar tiempo. Una trabajadora que vive de cheque en cheque apenas puede comprar el presente.
Entonces, ¿de qué libertad reproductiva estamos hablando?
Y aquí está mi mayor problema con quienes atacan a AOC: parecen mucho más preocupados como si fueran jueces de la moralidad con derecho a decir cuándo una mujer tendrá hijos que a preguntarse por qué la sociedad no hace posible que pueda tenerlos cuando ella quiera.
¿Dónde está la licencia parental digna? ¿Dónde están los servicios de cuido accesibles? ¿Dónde está la seguridad económica? ¿Dónde están los salarios que permitan criar? ¿Dónde está la atención médica reproductiva accesible? ¿Dónde está la responsabilidad de los hombres?
Porque resulta muy cómodo decirle a una mujer que tenga hijos mientras se construye un sistema que le hace pagar a ella prácticamente todo el costo profesional, económico y físico de tenerlos.
Y hay otra ironía todavía mayor. Los mismos sectores que atacan a una mujer por decidir sobre sus óvulos suelen ser los mismos que defienden que el Estado tenga cada vez más poder sobre las decisiones reproductivas de las mujeres. Quieren controlar el embarazo. Quieren controlar el aborto. Quieren decidir qué tratamientos son aceptables. Y ahora también quieren opinar sobre cuándo una mujer debería congelar sus óvulos. ¿No les parece demasiado control para una sola vida?
AOC no está obligando a ninguna mujer a congelar sus óvulos. No está diciendo que todas debamos hacerlo. Está diciendo: esta es una decisión que tomé sobre mi cuerpo y sobre mi futuro. Y eso debería ser suficiente.
Podemos discutir los costos, la ciencia, las posibilidades reales de éxito y los límites de la tecnología. Podemos hablar de la presión que existe sobre las mujeres profesionales para posponer la maternidad. Podemos incluso, cuestionar la cultura laboral que hace que una mujer sienta que necesita congelar sus óvulos para poder seguir adelante con su carrera. Pero convertir su decisión personal en un juicio moral es otra cosa.
Porque al final, el asunto no son los óvulos de Alexandria Ocasio-Cortez. El asunto es que todavía vivimos en un mundo que exige que las mujeres tengan hijos, pero quiere decidir cuándo, cómo y en qué condiciones deben tenerlos.
Y quizás por eso la decisión de AOC ha provocado tanta reacción. Porque una mujer que decide sobre su propio tiempo, su propio cuerpo y futuro sigue siendo, para demasiada gente, una mujer peligrosa. Aunque lo único que esté haciendo sea guardar una posibilidad. Una posibilidad que, por cierto, le pertenece a ella.
El año pasado tuve la oportunidad de conversar extensamente con AOC. Fue en un evento de Casa Pueblo al que me invitó Arturo Massol Deyá, en las afueras del Choliseo, en medio de la histórica residencia de Bad Bunny. Me encantó la conversación.
Hablando con ella me di cuenta de que es una mujer decidida y que está clara con lo que quiere en su vida. Yo llevo más de 30 años entrevistando políticos y no siempre me dan esa sensación. Por eso no me sorprende la decisión que tomó en cuanto a la maternidad. Es valiente asumirlo. Esa decisión es muy individual, y eso hay que respetarlo.
Alexandria es una mujer que conoce de cerca el peso de la misoginia y del racismo, como demostró al sobrevivir tanto a traumas del pasado como al ataque del 6 de enero de 2021 en el Congreso, cuando turbas MAGA invadieron y hasta mataron gente. A AOC la persiguieron. Ella se escondió de un virtual ataque, en parte por su experiencia como superviviente de una agresión sexual. Ocasio-Cortez dijo entonces a la cadena CNN que los traumas del pasado pesaban en su mente mientras se escondía de las turbas racistas.
«La supremacía blanca y el patriarcado están muy vinculados de muchas maneras», dijo Ocasio-Cortez en ese momento. «Hay mucha sexualización de esa violencia».
Pienso que AOC es valiente, porque sabe a las críticas que siempre se expone por ser mujer, latina, joven e inteligente. En esta sociedad hipócrita en que vivimos, todavía es la hora de que esas cosas no se le perdonan a una mujer.
Por eso pienso que, en este momento de su vida, ella sabe los pasos que está tomando. Su misión es continuar sirviendo al pueblo como congresista, y en su momento, decidirá si se convierte o no madre. Yo solo le digo, Alexandria, cógelo con calma. Take your time. No te dejes.
sandrarodriguezcotto+el-intringulis@substack.com
(La autora es periodista residente en San Juan, Puerto Rico).








