Las vibraciones andan por todas partes, así como las ondas de radio; son frecuencias que se canalizan desde un punto y se esparcen buscando un receptor.
De la misma forma, tus palabras navegan cada vez que salen de tu boca. Emites vibraciones que, como ecos, van resonando y tocando superficies y el aire que respiramos.
Ponerse en armonía contigo mismo no es algo difícil; es un asunto de fe y consciencia. Creerás lo que pienses, emitirás lo que hayas dado por sentado.
No tienes idea del poder que posees y, sin embargo, lo utilizas constante y descontroladamente, porque no estás consciente.
Estás sobreviviendo al día a día, añadiendo a tus pesares tus dramas y acertijos de cómo resolver los problemas que han llegado.
Cuando ores, pide balance. Pide armonía y desapego al porvenir de incertidumbres que nos trae el destino.
Acepta los retos y desaciertos del presente sin perder la ecuanimidad y la certeza de la fe, sin preguntar los porqués de la vida.
No podrás evitar los desencuentros asignados a ti, pero sí podrás armonizar las vibraciones que emiten y resentirás en menor grado su impacto.
Al orar, tendrás la posibilidad de cambiar de canal, o destino, a otro también asignado a ti, pero con menos turbulencias.
La oración se hace magia cuando emitimos el mensaje con una conexión limpia y sincera. No es fácil creernos capaces de actos «milagrosos», pero ahí están, esperando tus órdenes.
¿Qué estás esperando?
¡Salud! Mínimo Oranero.
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).








