martes, julio 14, 2026
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Advertisement
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Precision
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
    • Puerto Rico
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
    • Salud
    • Tecnología
  • Económicas
  • Deportes
    • Atletismo
    • Básquetbol
    • Béisbol
    • Boxeo
    • Fútbol
    • Otros
  • Revista
    • Cultura
    • Espectáculos
  • Opiniones
Sin resultados
Ver todos los resultados
Precision
Sin resultados
Ver todos los resultados
Portada Opiniones

Presidente: ¿Crecimiento? ¿Cuál crecimiento?

Redacción por Redacción
29 de julio de 2025
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
La Farsa Detrás del Pacto Ambiental de Luis Abinader
FacebookTwitterWhatsappTelegram

Por Felipe Lora Longo

Luis Abinader ha dicho lo que ya todos sabíamos: que la economía dominicana se está desacelerando. Que se siente. Que el pueblo lo percibe. Y no lo dice porque se haya levantado con remordimientos sociales, sino porque las encuestas ya le gritan que algo huele a podrido en el «paraíso neoliberal».

Pero cuidado con las palabras del presidente. Porque cuando dice «crecimiento», no habla del plato de arroz del obrero, ni de los sueldos de los trabajadores, ni del porvenir de los jóvenes que, como los casi 3 millones de exilados económicos, sueñan con emigrar en busca de lo que el país no le puede ofrecer. Non él habla del crecimiento del capital, de los dividendos del extranjero, de las estadísticas que hacen aplaudir al Fondo Monetario pero no al pulpero ni al chiripero.

Desde la década de los 90, con las reformas neoliberales y la privatización de medio Estado, la economía dominicana fue diseñada no para alimentar al pueblo, sino para atraer inversión extranjera como si fuésemos una república en venta. Hoy cosechamos lo que se sembró entonces: una nación que importa el 80% de lo que come, que vive de zonas francas sin sindicatos, de turismo sin seguridad laboral, y de 3 los millones de exiliados económicos que abandonaron el país y que ahora envían casi 11 billones de dólares para sostenerlo.

Luis Abinader es el gerente actual de ese modelo, como lo fueron Hipólito, Leonel y Danilo. Por eso, aunque cambien los nombres, el rumbo no cambia.

Y ahora, ante el primer tropiezo serio de su administración, producto sus medidas económicas y de las arancelarias de Estados Unidos, el presidente nos dice que no es culpa suya, que es un asunto «internacional».

No señor presidente. El problema no es el cambio de las reglas del imperio, sino que usted y los suyos entregaron la soberanía nacional. Si la economía dominicana se tambalea porque en Washington ajustan un arancel, es porque lo que tenemos no es una economía nacional, sino una sucursal subordinada.

El crecimiento que no llega al barrio
Habla Abinader de que la inversión extranjera creció de 2,500 millones a 4,500 millones de dólares. ¿Y? ¿Dónde están esos millones? ¿En cuál cañada o barrio marginado asfaltaron? ¿En cuál maternidad dejaron de nacer niños en el suelo? ¿En cuál comunidad llega ahora agua potable? ¿Qué pequeño agricultor recibió crédito, tierra y mercado para producir?

Dice también que bajó la informalidad laboral. Otra media verdad: la informalidad bajó porque el Estado empuja al pueblo a «emprender» en el desamparo. Porque los jóvenes ahora son repartidores, buscavida, motoconchistas digitales, taxistas de apps. Trabajan más, ganan menos y no tienen derechos.

El país ha crecido, sí. Pero ha crecido para arriba. Como una pirámide donde desde abajo, al pueblo le ha tocado sostener con sudor y su miseria a los pocos de arriba que, entre copas de vino y champaña, se reparte las ganancias producidas por los trabajadores.

¿Y si gobernara la izquierda?
Una izquierda que sienta en el cuerpo el hambre del pueblo y tenga voluntad de cortar los nudos históricos de la dependencia.

Esa izquierda, desde el poder, no se sentaría a administrar ruinas con rostro humano. Empezaría un proceso de reconstrucción nacional, con medidas de emergencia y largo plazo:

· Congelar precios de la canasta básica, eliminar el ITBIS en alimentos y medicinas, y subir salarios reales.

· Nacionalizar servicios esenciales: salud, agua, electricidad. Que no haya más apagones en los barrios para que fluya la energía en los hoteles.

· Reforma agraria profunda, para que el campesino vuelva a sembrar, y el país a comer de lo suyo.

· Revisión y cancelación de contratos lesivos con transnacionales mineras, eléctricas y bancarias.

· Impuesto a las grandes riquezas y persecución fiscal a los que han saqueado al país.

Y sobre todo: una democracia real, popular, participativa, donde el pueblo tenga la palabra en el presupuesto, en el desarrollo, y en la justicia.

El fin del engaño
Abinader representa la continuidad maquillada. Pero la máscara se cae cuando el hambre aprieta. Cuando el pasaje sube. Cuando los viejos no tienen pensiones ni encuentran medicina y los jóvenes no encuentran trabajo ni un país que los apoye.

Por eso, lo que viene no es una elección cualquiera. Es una oportunidad histórica para romper con el modelo de la exclusión elegante. Para que la izquierda, si el pueblo la empuja y la elige, no llegue a gestionar la miseria, sino a desmontarla.

Como diría Manolo, como repetiría Caamaño, y como suscribiríamos hoy muchos:

«El poder no se pide. Se conquista para servir al pueblo. No a los bancos. No al imperio. No al capital.»

felipe@lora.org

(El autor es periodista residente en Santo Domingo, República Dominicana).

Etiquetas: Presidente: ¿Crecimiento? ¿Cuál crecimiento?
Entrada anterior

Pronostica el INDOMET chubascos locales con tronadas aisladas en varios lugares del país

Siguiente entrada

Un error grave puede afectar tu salud al consumir un plátano

Redacción

Redacción

Relacionado...Entradas

Mi carro Frankenstein Por Edwin DeLaCruz Hay experiencias que, aunque en su momento duelen, terminan convirtiéndose en las mejores lecciones de vida. La mía tuvo como protagonista un automóvil al que, con una mezcla de humor y resignación, bauticé como **mi carro Frankenstein**. Lo llamaba así porque parecía ensamblado con piezas de diferentes vehículos. No era precisamente un automóvil que despertara admiración. Sin embargo, llegó a mis manos en el momento en que más lo necesitaba. Después de la ruptura de mi primer matrimonio perdí mucho más que una relación. También perdí estabilidad económica, el vehículo que utilizaba para trabajar como vendedor y, poco tiempo después, el empleo. De un día para otro tuve que comenzar prácticamente desde cero. Fue entonces cuando mi hermano mayor me ofreció un automóvil viejo que tenía en Santiago. Lo acepté sin pensarlo. No era el carro de mis sueños, pero sí el que me permitiría salir nuevamente a buscar oportunidades. Con ese vehículo recorrí calles, asistí a entrevistas de trabajo y visité empresas con la esperanza de encontrar una nueva oportunidad. Nunca olvidaré una de esas entrevistas. Todo marchaba bien hasta que el entrevistador me preguntó qué vehículo conducía. Al responder con sinceridad, su actitud cambió por completo. Sin preguntar por mi historia ni interesarse por las circunstancias que me habían llevado hasta allí, decidió que aquel automóvil hablaba más de mí que mi experiencia, mi preparación y mis deseos de trabajar. Salí de aquella oficina con una profunda sensación de frustración. Comprendí que muchas personas juzgan la vida de los demás por lo que ven en un instante, sin detenerse a conocer el camino recorrido para llegar hasta ese momento. Tiempo después, un amigo me hizo otro comentario que también me marcó. Al verme en aquel vehículo, me dijo que no entendía cómo podía soportar andar en un carro así después de haber tenido uno mucho mejor. Tal vez no quiso herirme, pero sus palabras confirmaron que vivimos en una sociedad que suele valorar más las apariencias que las circunstancias. Afortunadamente, decidí no quedarme atrapado en esas opiniones. Continué buscando oportunidades, conseguí empleo, volví a ahorrar y, con el paso del tiempo, pude cambiar aquel viejo automóvil por otros en mejores condiciones. Hoy, cuando recuerdo mi carro Frankenstein, ya no siento vergüenza. Siento gratitud. Aquel vehículo, que muchos habrían despreciado, fue el puente que me permitió reconstruir mi vida. Me enseñó que ninguna crisis es permanente y que el verdadero valor de una persona no puede medirse por el automóvil que conduce, la ropa que viste o los bienes que posee. Desde entonces procuro no juzgar a nadie por las apariencias. Detrás de cada rostro, de cada vehículo y de cada realidad hay una historia que desconocemos. Hay batallas silenciosas, pérdidas que no se cuentan y esfuerzos que no siempre son visibles. Todos podemos atravesar momentos difíciles. Lo importante no es el lugar desde donde comenzamos de nuevo, sino la determinación de seguir avanzando. Mi carro Frankenstein nunca fue un símbolo de derrota. Fue el recordatorio de que, aun cuando la vida parece desarmarse en mil pedazos, siempre existe la posibilidad de reconstruirla y volver a ponerse en marcha. edwindelacruzr@gmail.com (El autor es periodista y abogado residente en Santo Domingo).

14 de julio de 2026
¿Quién asesinó a Paula?

Los terremotos más asesinos

14 de julio de 2026
Nicolás Maduro desinstaló WhatsApp: ¿Por qué no hacemos lo mismo?

15,000 becas: 15,000 vidas que pueden cambiar

14 de julio de 2026
Cuando el dinero no sirve para nada

No existe tiempo perdido

14 de julio de 2026

El referéndum: una institución en espera de su materialización democrática

12 de julio de 2026
Siguiente entrada
Un error grave puede afectar tu salud al consumir un plátano

Un error grave puede afectar tu salud al consumir un plátano

Publicidad
Publicidad

(+) VISTAS

Policía captura hombre buscado por la muerte de dos personas en Villa Mella

La Policía condena agresión de un agente a un reportero gráfico 

1 de agosto de 2024

Piden considerar a Kiro Fabián como gobernadora Monte Plata

14 de julio de 2020

CEA inicia zafra 2021-2022 con un estimado de 331 mil toneladas de caña

1 de febrero de 2022

Junto en la distancia la cuarentena ha despertado nuestra dulzura y creatividad

17 de abril de 2020

Casi 800 desplazados y más de 11,000 clientes sin luz en República Dominicana por Fiona

19 de septiembre de 2022
Publicidad
Precision

Con la información precisa

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Portada
  • Nacionales
  • Internacionales
  • Medio Ambiente
  • Ciencia
  • Económicas
  • Deportes
  • Revista
  • Opiniones

Copyright © 2013 - 2023 Precisión - Con la información precisa. Todos los derechos reservados. By HPMediaPlus