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El último instante

Máximo Caminero por Máximo Caminero
17 de marzo de 2025
en Opiniones
Tiempo de lectura: 3 minutos de lectura
El poder de la oración
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Ya me prestaba a irme de regreso a mi casa, después de un arduo día de incertidumbres, cuando aquel hombre harapiento, de edad avanzada y cabellos ruinosos, me abordó, desde la nada, con una pregunta: ¿Qué harías, ahora, si supieras que estás en el último instante de tu vida?.

No solo su aspecto inquietante me turbó, sino «aquella» pregunta amenazadora, la cual me indicaba que me encontraba en peligro ante este desconocido, pero algo en su mirada me transmitió sosiego.

¿Qué se supone que debería hacer?. Se me ocurrió preguntarle, como si buscara una luz ante semejante momento. ¡El hombre, simplemente se esfumó ante mis ojos! Un olor de aroma desconocido emitió «aquel polvo» que aún flotaba impregnándose en mí.

Yo, que algo de loco tengo, y más que se los cuento a ustedes, pensé que esta era la confirmación de que efectivamente estaba loco y ahora que lo sabía. ¿Qué iba a hacer con mi locura?. Miré a mi alrededor por si «otra persona» se hubiera percatado de lo acontecido, pero nada, el mundo continuaba «normal» en una calle atestada de gente.

¡Estoy en el último instante de mi vida! Grité llamando la atención de algunos. Pero ya me era indiferente lo que pensaran. Ahora estaba invadido de vida, la que nunca había sentido como en este instante. ¡Imagínense que le digan que están a punto de «partir»!.

Sali corriendo, como el loco convencido que ya era, buscando un lugar solitario donde pudiera «digerir» lo insólito del momento. Alcancé a sentarme en un banco aislado frente al mar y, desde allí, marqué a un amigo para contarle. Su voz me llegaba con una claridad exquisita, como si estuviera hablándome desde «otra dimensión».

Me dijo, hermano, que gran oportunidad te han dado; ya quisiera yo saber cuando será el último instante de mi vida. Me deja perplejo su quietud. No sabía si estaba ironizando o me hablaba en serio.

Anda corriendo a despedirte de todos, aun de los que nunca te gustaron, continuo diciendo; toma los mejores bocados y embriágate del más fino vino. No mires precios porque ya no tendrás que pagar más nada después de este día.

Terminé cerrándole el teléfono y llamé a otro amigo que también sonaba a «ultratumba» ¡Que bien! Me dijo, aprovecha y gózatelo todo, total, te vas a morir en cualquier instante, así que, si yo fuera tú, tomaría el primer avión y me iría a donde vaya, no importa donde porque no tendría sentido escoger…

También le cerré aterrado de «este complot» de todos, aunque sus últimas palabras se quedaron resonando en mi cabeza. «No tendría sentido escoger». ¿Acaso todo lo que hice en mi vida lo escogí con sentido?.

¿Realmente mi vida fue la consecuencia de mis elecciones o causas del azar o el destino?. Sentía que tenía muy «poco tiempo» para llegar a conclusiones filosóficas, sin embargo, me había pasado toda mi vida sin hacerme «esta pregunta».

Mi consciencia se había difuminado como aquel viejo ante mis ojos y ahora toda mi vida me pasaba, como comparsas en carnaval, una a una flotaban frente al mar, mostrándome «los instantes» ya vividos…

Sudaba por los dolores, lloraba por las tristezas, reía por las alegrías y cantaba por las victorias. Las derrotas se mostraban dignas, y entendí que fueron lecciones de sabiduría.

Terminaba el desfile con una ínfima barcaza remada por un solo hombre. Me vi a mí mismo solitario y entendí que aquel hombre era yo. Se llamaba humildad la última lección aprendida, su carga era ligera y navegaba ágil y libre, como si apagara los tormentos.

Luego el mar quedó vacío y el espejo que guardaba me enrostró brindándome el regalo de verme por un último instante ¿Qué hablaría yo conmigo? Pensé, e inmediatamente deduje, que nunca lo había hecho.

Nunca conversé conmigo mismo, perdiéndome de mí. Siempre estuve ausente en otra parte, siendo marioneta de imprevistos y actuaciones que no eran mías.

Ahora, en el último instante de mi vida, me descubro, tarde. Quizás, donde sea que vaya, tendré más tiempo para estar conmigo. El último instante me ha brindado un regalo que quizás no merecía antes, o tal vez estamos vedados a vivir como lo que realmente somos… ¡Salud!. Mínimo Instantero.

massmaximo@hotmail.com>

(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).

Etiquetas: El último instante
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