Por Julio Muriente Pérez/Especial Inter News Service
Cuando despertaron los venezolanos el último día de 2025, el dinosaurio todavía estaba allí. El dinosaurio de esta pesadilla –que quisiéramos convertir en fábula– es Nicolás Maduro, quien continúa aferrado a la presidencia de Venezuela.
Boris Muñoz
Periódico El País
31 de diciembre de 2025
San Juan, 1 ene (INS).- Los dueños del periódico El País, de España no pueden dormir tranquilos. Los fantasmas aparecen todas las noches y les hacen perder la calma. Están obsesionados; irrefrenablemente obsesionados.
No lo pueden ocultar, los muy cultos e ilustrados señores quienes, tras la fachada iluminadora de tanto conocimiento y tantas ideas democráticas, encubren el nada sofisticado monstruo del neofascismo y la intolerancia neofranquista del siglo veintiuno. Y el más visceral de los anticomunismos, que les consume.
Es lo que se desprende, sin demasiado esfuerzo, de los cientos de artículos, reseñas, ensayos, opiniones, editoriales, columnas y noticias que publican en su periódico —un día sí y otro también— contra la Revolución Bolivariana de Venezuela (RBV), Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y otros dirigentes principales y, como contraparte infaltable, sobre la grandeza de su heroína indispensable, María Corina Machado, la Premio Nobel de la Guerra.
Cada letra que publica ese periódico —con ínfulas evidentes de ser referente planetario— es un ataque contra Venezuela; un dardo cargado, prejuiciado, tendencioso, beligerante, manipulador, mala leche, perverso, enfermizo. Siempre en portada. Siempre en un lugar prominente. Siempre dirigido a predisponer y generar odio. Porque cada letra de El País contra la República Bolivariana de Venezuela nace del odio.
Cuentan con un ejército de incondicionales quienes, a título de periodistas, disfrutan de lo lindo volcando ataque tras ataque, difamación tras difamación, mentira tras mentira en sus largas peroratas, con la seguridad anticipada y bien paga de que sus nombres fulgurantes aparecerán de vez en cuando en la primera plana de un periódico tan prestigioso e influyente.
Le han vendido el alma al diablo, esos francotiradores del oscurantismo y el caos: Alonso Moreiro, Florantonia Singer, Naiara Galarrago Cortázar, Luz Mely Rey, Juan Arias, Leonardo Fernández Viloria, Santiago Torrado, Lucía Abellán, Miguel González, Álvaro González, Claudio Álvarez, Quique García, Camilo S. Baquero, Matías Delacroix, Juan Diego Quesada, Macarena Vidal Liy, Boris Muñoz y otros tantos.
Algo tenían allá los señores dueños de El País que han perdido. Algo poseían que ya no poseen. Algunos intereses económicos y políticos han de haberles sido afectados para que —más allá de su ideología retrógrada— no por filantropía ni humanismo vuelquen tanta ira, tanta bilis contra ese país latinoamericano y particularmente contra el proceso transformador que se inició allí hace más de un cuarto de siglo.
Es una muestra elocuente de la injerencia trasnochada de la madrastra patria en Nuestra América, en su expresión más vulgar y a la vez más peligrosa e indeseable.
Si leo lo que publican, es precisamente porque siento que es importante conocer las opiniones —y las intenciones— del enemigo. Y en lo que respecta a Venezuela y su revolución, como sobre Cuba y otros asuntos, El País es indiscutiblemente el enemigo. No sólo sus opiniones quiero conocer, sino además sus sentimientos malvados.
No sólo sus sentimientos, sino la manera incondicional y entusiasta como la hacen de cómplices de los grandes poderes que arrasan el planeta impunemente mientras desde periódicos como ese se celebra, se anima, se promueve y se legitima cada grosería imperial. Intento de esa manera conocerles mejor, para poder combatirles más efectivamente.
El artículo del tal Boris Muñoz, publicado justo el 31 de diciembre –en portada, no faltaba más, para completar por todo lo alto un año de agresiones– termina siendo, aunque lejos está de habérselo propuesto, una admisión transparente e irremediable, expresada con las muelas de atrás, de lo que no pueden disimular ni ocultar. Luego de tantos ataques y amenazas y difamaciones y agresiones de todo tipo, ahí está la Revolución Bolivariana de Venezuela, de pie y de frente. Ahí están Nicolás Maduro y la dirección Bolivariana, defendiendo con firmeza y valentía junto al pueblo Chavista el proceso revolucionario iniciado en 1998. Ahí está la solidaridad internacional con el gobierno y el pueblo venezolanos. Es lo que no perdonan. Es lo que se resisten a admitir. Es lo que les revuelca las entrañas.
Bien sé que, entre sus resoluciones de año nuevo, contribuir a la destrucción de la República Bolivariana de Venezuela encabeza la lista de los señores dueños de El País.
Que se vistan de paciencia. Que tengan presente que una poca de decencia nunca está de más. Aunque sea pura apariencia.
Tanta mentira publicada, tantos malos deseos y sentimientos, tanta hijadelagranputería después, no han podido con el dinosaurio, que sigue espantándoles el sueño.INS
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