Por Daniel Cruz
Muchas gentes tienen en nuestro país la costumbre de que inmediatamente suena el cañonazo con que a las 12:00 de la noche del 31 de diciembre se cierra el ciclo del año viejo y se inicia el del nuevo de esparcir humo de incienso por todos los rincones de la casa. Se trata de un ritual con el que se procura traer buena suerte. En otros países se emplean otros rituales, como el de comerse 12 uvas, una por cada mes, con la esperanza de que el nuevo año traiga prosperidad. Esas y otras son prácticas de la cultura y creencias populares de cada país.
Aleccionado por lo mal que le fue en el año 2025, cuando vio descender la imagen propia y la de su gobierno a los niveles más bajos, el presidente Luis Arruinader decidió echar manos al ritual de los cambios de funcionarios. Imbuido por la idea de que la fiebre está en la sábana, y no en el cuerpo del enfermo, cambió los titulares de Banreservas, la Consultoría Jurídica del Poder Ejecutivo, Impuestos Internos, la Dirección General de Aduanas, Supérate, del Gabinete de Políticas Sociales y del Servicio Nacional de Salud. También los de los ministerios de Industria y Comercio, Agricultura y de la Mujer.
Al hacer estos cambios el presidente Arruinader, al parecer, se cuidó de no afectar la correlación de fuerzas a lo interno del PRM. Por eso a Limber Cruz López lo sustituyó en Agricultura alguien vinculado a Hipólito Mejía. Sin embargo, los cambios de funcionarios tendrán dos efectos inmediatos. Primero, motivarán un incremento de la nómina pública. La nómina engordará porque cuando los funcionarios llegan a una institución procuran producir pocos cambios en el personal que encuentran, porque lo menos que quieren es generar ruido cancelando compañeros, y al personal que hallan se le suman las gentes que llevan, que siempre son más que los que les acompañan de la institución de la que salen debido a que se hacen acompañar de relacionados con el quehacer de la institución en la que son designados. Y algo parecido acontece con los funcionarios que se estrenan en la administración pública en este período.
Segundo, los cambios abrirán un compás de espera debido a la costumbre en nuestro país de darles un tiempito a los nuevos funcionarios para que les «cojan el piso» a las instituciones en las que han sido nombrados. Lo que pasa inadvertido para algunos es que en la práctica esto significa una pérdida de tiempo para un gobierno que ha perdido credibilidad y para un país que está al garete en un contexto internacional cargado de amenazas e incertidumbres.
Es evidente que con estos cambios el presidente Luis Arruinader procura bajar la presión de los cuestionamientos a su administración por casos de corrupción como el de Senasa, que todavía retumba en la conciencia nacional por su magnitud y los sectores a los que más ha afectado, así como la extradición por casos de drogas de funcionarios y dirigentes del PRM.
No creemos que este esfuerzo sea el único que lleven a cabo el presidente Arruinader y su partido para revertir el deterioro de su imagen. Harán otras cosas. ¿Cuáles? NO lo sabemos en este momento. De lo que sí estamos seguros es de que a ambos –el presidente y el PRM– se les pasó el tiempo para que en lo que hagan o anuncien el pueblo les dé el beneficio de la duda.
Cada quien cosecha lo que siembra, y el presidente Arruinader y el PRM están cosechando lo que han sembrado en estos 5 años. Además, nadie puede gobernar tan mal de manera impune, sin consecuencias.
danielcruzpld@gmail.com
(El autor es periodista residente en Santo Domingo, República Dominicana).







