Algunas veces me pregunto por ese afán que llevamos todos por ser «reconocidos». Levantamos la mano, nos colocamos donde «nos vean» o hacemos cualquier tipo de «moriqueta» con tal de que sé «nos tomen en cuenta»…
La adulación la aplicamos constantemente cuando deseamos obtener un propósito específico. Así vemos que los presidentes o dictadores o cualquier otra persona de fama o fortuna estará siempre rodeado de «estos expertos en alabanzas» que suelen tener un corazón frío e indiferente.
¡Aquí estoy! ¡No se olviden de mí, oye! ¡Mira pa’ ca! ¿Viste lo que hice? Qué tal cante, recite, pinte, juegue y siga usted agregando al listado de «méritos» que buscamos.
¿Cuál es el afán ¿Qué ganamos con la fama? ¿Qué sentimos al ser «queridos»?
Sentirnos admirados podría darnos cierto aire de seguridad y «alguna» cosquillita a nuestro ego, pero la verdad es que muchas veces el precio a pagar es bien alto.
La ansiedad que esto provoca por una «vanidad» tan vana, valga la redundancia, muchas veces nos lleva a tener una vida afanada y absolutamente vacía que termina con minar nuestra salud y, en consecuencia, la vida.
Afectamos nuestro cuerpo al enviarles esas energías eufóricas que se clavan como cuchillo en cada una de nuestras células, activándolas a vibrar en frecuencia negativa.
Si supiéramos que «la clandestinidad» es más saludable que la fama, posiblemente el promedio de vida sería sobre los 120 años y en mejores condiciones físicas que los actuales convocados al paredón del infinito.
¡Mírenmeee! A muchos se les olvida que estamos aquí de forma tan breve y sencilla, que cuando vienen a darse cuenta, están de frente a la tumba arrepentidos de haber perdido tanto tiempo «en algo» carente de los sentimientos que sí tenían importancia y que nunca supo ver.
El simple silencio de su habitación recostado con un libro de compañía, el café y la brisa que compartió en la casa del campo con la abuela. Caminar entre la gente sin ser reconocido.
La libertad no es fama o prestigio, aunque algunos lo puedan entender así; creo que mientras menos nos noten o determinen, más libres y seguros estaremos de vivir una vida con consciencia en donde nos percatemos de que el cielo es azul y el mar también. ¡Salud!. Mínimo Afanero.
massmaximo@hotmail.com
(El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach, EEUU).







